Capítulo 5 No se puede repetir.

Alma

Vamos a necesitar dejar claras algunas cositas si queremos que esto funcione. Primero porque me está exigiendo comportarme para hacerlo más creíble frente a su familia, y segundo porque es una total falta de respeto meter mujeres en su casa bajo la amenaza de que su madre llegue de imprevisto.

No quiero aguarle la fiesta, eso sí lo juro, pero si quiero que me respete a mí y respete nuestro acuerdo, voy a tener que recurrir a la bajeza, sí, no tiene otro nombre esto que voy a hacer ahora.

Salgo al pasillo, y me aseguro de que mi camisón esté entre abierto y se muestre el buen busto que tengo. Por nada en el mundo pienso quedar como la novia fea traicionada. Cuernuda sí, fea jamás.

Ni siquiera toco la puerta, la derribo de una patada.

—¡Adriano! ¡No puedo creerlo! ¿Por una estúpida discusión anoche, me fui a otro cuarto y ya traes a otra?

Escandalizo porque si algo debo ser para todas las misiones a las que he asistido, es buena actriz.

La "otra" está en cuatro puntos sobre la cama y logro verle el rostro de inmediato cuando escucha mi voz y cuela la cabeza por un extremo de él.

—¡No es lo...! ¡Sal de aquí! —me grita él de vuelta y en su lugar voy hacia ellos (simulando que los voy a golpear a los dos), ignorando que le he visto el culo mientras se meneaba con esa rubia.

—¡Yo no sabía! ¡Suéltame, sinvergüenza!

Oh Pero la rubia tiene actitud.

Lo que sigue a continuación es un auténtico caos y no quiero entrar en detalles.

—Hablaremos de esto en la cocina, vete y espérame diez minutos —me exige una vez la otra se ha ido, y accedo porque quizá me pasé un poco. Pero sí, esta conversación hay que tenerla de inmediato y que conste que no pienso disculparme.


—Eso que hiciste, no se puede repetir —es lo primero que declara una vez estamos frente a frente en la mesa comedor de la cocina.

—Por supuesto que no va a repetirse, ¿sabes por qué? —él niega con la cabeza—, porque no traerás más mujeres aquí mientras esté en vigencia nuestro contrato. Es imprudente y de muy mal gusto, principalmente porque yo estoy en la habitación de al lado y se escucha todo.

—Tú estuviste teniendo sexting en mí sala anoche y no creo que te haya parecido imprudente, casi te desnudas.

Es increíble, y me tengo que reír por esto.

—¿Lo hiciste por eso? ¿En serio esto es una competencia para tí o qué? —lo confronto y creo que es un total inmaduro.

—Lo hice porque esta es mi casa y es lo que acostumbro hacer siempre, no puedes simplemente llegar a imponerme cosas que son una rutina para mí —se explica y me parece asqueroso ese detalle que no le pedí. ¿En serio traer mujeres cada madrugada y meterlas en su cama es su rutina? Válgame Dios.

—Mira tú puedes tener todo el sexo que te dé la gana, pero respeta nuestro acuerdo y ten un poco de conciencia. Si tu madre toca tu puerta una mañana y abre ¿qué crees que pensará de ti? Que tienes una prometida en la habitación de al lado mientras te follas a otra.

—Mi madre no vendría tan temprano jamás, y tampoco puede abrir una puerta con seguro puesto... Espera, ¿cómo abriste?

—Estaba abierta.

—No, no lo estaba, nunca olvido ponerle seguro.

—Pues lo olvidaste —me hago la loca porque vamos, no puede saber que la derribé de una patada.

—No...

—¡Ese no es el punto! —exclamo, y bajo el volumen para terminar con mi desayuno—, mira, no voy a disculparme por joderte el polvo, pero piénsalo un poco y trata de tomarte lo nuestro con más seriedad. Fuera de esta casa haces lo que quieras, y trata de esconderte bien porque si tu familia se entera...

—Eso aplica para ambos entonces, perfecto, así quedamos —dice finalmente y se gira para irse.

Entonces lo detengo: —¿No vas a desayunar?

—No tengo hambre —contesta y parece recordar algo—, el jueves en la mañana seguro viene mi madre a conocerte. Y el sábado en la noche iremos a una gala benefica. Tienes que estar lista para ambas cosas.

—Sí señor —lo saludo con la mano en la frente aunque no pueda verme, y se va.

Termino de desayunar y adelanto la fregada en lo que llega Vaio. Recibo a la lavandera, le entrego las cosas sucias y cuando me doy cuenta de que no tengo nada que hacer por fin reviso el móvil. He optado por tenerlo apagado en las mañanas para no distraerme de las cosas que hay que hacer aquí, como ayudar en los quehaceres. Ya me esperaba la cantidad de mensajes de Carlos, así que no me sorprendo. Según voy leyendo los elimino, no puedo dejar cabos sueltos por si algún día mi celular cae en manos equivocadas.

Mensaje #5

Carlos

Belmonte estará en la gala benéfica a la que de seguro te lleva Adriano Alcazar, maquíllate lo suficiente

para que no te reconozca.

Ese gilipollas otra vez, genial.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo