
Contratada y obligada a no amarte.
Dayi Pérez · En curso · 84.8k Palabras
Introducción
Me equivoqué.
Lo que encontré fue un hombre capaz de volver adictiva mi peor decisión.
Mientras todos lo ven como un empresario brillante y el hijo problemático de una familia multimillonaria, yo descubro la verdad que nadie conoce: Adriano esconde una doble vida tan oscura como peligrosa.
Mi misión era acercarme a él, ganar su confianza, descubrir sus secretos y desaparecer.
Pero los planes se complican cuando el hombre al que debía investigar se convierte en el único capaz de hacerme sentir segura.
Ahora estoy atrapada entre dos mundos: el deber y el deseo, la verdad y la mentira, la misión y el amor. Porque Adriano Alcázar puede ser mi objetivo, mi ruina. O el hombre al que jamás debí amar.
Capítulo 1
Alma
Entro al despacho sin pedir permiso porque no estoy en condiciones de mostrar mis inseguridades, y mucho menos frente a un hombre como Adriano Alcázar, que claramente está acostumbrado a que todos a su alrededor se comporten como si le debieran la respiración. Patético.
Camino hasta el escritorio con la intención de mantenerme tal cual me propuse antes de abrir de un golpe la puerta, ignorando los reclamos de la secretaria amenazándome con llamar a seguridad. Bah, que llame al presidente si le da la gana.
—¡Señor Alcázar! —irrumpo en la tranquilidad de su oficina, safándome del agarre de la estirada esa—. Me dijeron que tenía una propuesta para mí—, digo de una, porque no tengo paciencia para juegos y la entrada épica que tanto ensayé en casa tuvo que servir para algo.
Él tarda unos segundos en levantar la mirada, evaluando si realmente vale la pena prestarme atención, y cuando finalmente lo hace, entiendo de inmediato por qué tiene la fama que tiene. Y bueno, entiendo también otras cosas, en especial lo que se dice sobre su físico, de más está decir lo que transmite ese rostro.
—No me gusta que me interrumpan cuando estoy trabajando —responde con extraña despreocupación, sí, porque generalmente las personas o están molestas o les importa una mierda las actitudes de los demás. Pero él, sin embargo, es una mezcla de ambas cosas.
—Entonces debería ser más claro cuando cita a alguien —le contesto.
—Señor intenté detenerla...
—¡Qué pésima eres para tu trabajo! No necesito cita, el señor me envió una carta esta mañana y te la restregué en la cara ¿qué más querías?
—¡Debía esperar a que yo lo consultara con mi jefe antes de dejarla pasar, ni siquiera me dejó informar su llegada, señorita...?
—Alma, no soy millonaria como para que me llamen por mi apellido —recalco, cruzada de brazos, mientras el imponente dueño de todo esto nos observa con desgano.
—Es suficiente, Emily regresa a tu puesto y tú, Alma, siéntate por favor. Ah, y no voy a permitir que me levantes la voz como a mi empleada, ¿entendido?
—Sí señor.
Ojalá haya sonado actuado, lo dije con toda la intención.
La secretaria asiente y se va, no sin antes recorrerme con la mirada y hacer una mueca de quién quiere llamarme estúpida.
No me siento, y no hago nada que pueda interpretarse como debilidad, porque si algo tengo claro es que en este tipo de situaciones la forma en que uno se presenta define lo que el otro cree que puede hacer contigo.
Él cierra el documento que estaba revisando y se toma un momento para observarme con detenimiento, analizando si encajo o no en lo que necesita.
—Necesito una esposa. Mi familia me presiona demasiado y solo así lograré engañarlos un tiempo para que me dejen en paz —dice finalmente.
Perfecto, eso quería. Ahora toca hacerme de rogar si quiero que se crea mi papel en todo esto.
—No soy la persona indicada para eso —respondo, girándome ligeramente con la idea de terminar la conversación—. Pensé que me había citado para prestarme el dinero, no para un intercambio de favores tan fuera de lo común.
—Puedo pagar todo el tratamiento de tu madre.
Me detengo de inmediato, porque sé que no está lanzando esa frase al azar y porque en este momento ese es el único punto débil que cree que tengo, el único lugar donde alguien puede presionarme.
Vuelvo a mirarlo con más cuidado, intentando entender hasta qué punto ha investigado sobre mi vida. Aunque me esperaba eso, Carlos me había alertado de que este hombre era muy astuto, y que tenía que ir un paso por delante de él, así que me aseguré de que solo viera lo que yo quiero de mi pasado, y una que otra mentirilla que agregué por ahí.
—Explíquese bien —le digo, regresando al frente del escritorio.
—Es un matrimonio por contrato —responde—. Necesito cumplir con ciertos requisitos personales y familiares, y tú necesitas dinero. El acuerdo sería por un año, durante ese tiempo vivirías conmigo, cumplirías el papel de esposa y todos felices. Luego nos divorciamos por... No lo sé, puedes serme infiel y lo filtramos por la prensa.
—¿Y quedar yo como la mala de la historia?
—Esa es la idea, demostrar que por algo no creía en las relaciones serias.
—Como sea, en caso de que yo acepte, veremos luego el motivo del divorcio.
—Si te preocupan las reglas, no hay problema con eso, he creado unas cláusulas que te protegen y aseguran privacidad, no haremos nada que el otro no quiera.
Escucho cada palabra con atención, tratando de no reaccionar de inmediato porque sé que cualquier decisión que tome aquí va a afectar todo lo que viene después.
—¿Y cuando termine ese año? —pregunto.
—Cada uno sigue con su vida.
Su forma de decirlo es tan básica que resulta casi irritante, como si las personas pudieran entrar y salir de algo así sin consecuencias. Pero a mí eso me da igual, si todo sale como lo planeado en tres meses ya estaría fuera de esto.
—Quiero saber exactamente qué gano y qué se espera de mí.
—Ganas estabilidad económica y la solución a tu problema actual —responde—. A cambio, necesito discreción, compromiso con el acuerdo y que mantengas una imagen adecuada, no te será difícil fingir que me amas, estoy acostumbrado a causar ese efecto en la mayoría de las mujeres que conozco y tú no serás la excepción.
Asiento lentamente mientras organizo mis ideas, porque aunque no me guste admitirlo, esta puede ser la única oportunidad real que tengo para cumplirle a Carlos. Es lo que pasa cuando debes favores.
De la actitud prepotente y narcisista de este hombre hablamos luego, haré como que no interpreté su estupidez.
—Si voy a hacer esto, necesito condiciones claras —aclaro, chocando la uña acrílica de mi dedo índice contra la mesa.
—No estás en posición de exigir porque quien pagará tus problemas soy yo, tú solo firma.
Que hijo de su madre...
—Siempre estoy en posición de exigir cuando se trata de mi vida —contesto, sin dudar, porque ¿quién se cree para tratarme así? Con ese tamaño dudo que un puñetazo mío le haga mucho daño, pero me atrevería...
Nos quedamos en silencio unos segundos, y al final es él quien decide ceder lo suficiente para que la conversación avance.
—Está bien, dime.
—Quiero el dinero completo por adelantado, sin retrasos ni condiciones, y quiero mantener cierto nivel de independencia dentro de este acuerdo, porque esto es un contrato, no una relación real.
Él me observa con más atención ahora.
—Eso se puede negociar —propone.
—No, eso se establece desde el inicio —aclaro—. Si no le parece, podemos terminar aquí.
Vuelve el silencio, pero esta vez es más corto.
—De acuerdo —dice finalmente.
—Hay algo más —añado.
—Habla.
—No me voy a involucrar emocionalmente en esto —digo—. No vamos a confundir las cosas ni a actuar como si esto fuera algo que no es.
Él asiente con una tranquilidad que me resulta extraña. Solo lo molesto un poco, obviamente los sentimientos son algo que aquí no tienen cabida, ni por su parte ni por la mía.
—Eso no será un problema —se jacta—. Yo tampoco tengo interés en mezclar sentimientos con este acuerdo, y mucho menos si se trata de usted, no es el tipo de mujeres que frecuento, no se ofenda.
Por supuesto, yo no parezco una modelo de esas que salen con famosos ni mucho menos. Sin embargo, voy a darle el beneficio de la duda porque si me lo propongo soy capaz de volverlo loco por mí. Pero eso sería demasiado arriesgado ahora, mi objetivo es la supuesta enfermedad de una madre que no existe, lo demás puede esperar.
Extiendo la mano para cerrar el trato, consciente de que no hay forma de salir completamente intacta de algo así.
—Entonces tenemos un acuerdo.
Adriano mira mi mano por un instante antes de tomarla, y cuando lo hace,
su firmeza deja claro que está completamente seguro de lo que está haciendo.
—Tenemos un acuerdo, Alma Ferrer.
Últimos capítulos
#71 Capítulo 71 Alma Rivera
Última actualización: 10/20/2026#70 Capítulo 70 Compromiso
Última actualización: 10/20/2026#69 Capítulo 69 Conpromiso
Última actualización: 10/20/2026#68 Capítulo 68 Nadie se interpondrá
Última actualización: 10/20/2026#67 Capítulo 67 La paz
Última actualización: 10/20/2026#66 Capítulo 66 Más cerca
Última actualización: 10/20/2026#65 Capítulo 65 Sin noticias
Última actualización: 10/20/2026#64 Capítulo 64 Una coincidencia
Última actualización: 10/20/2026#63 Capítulo 63 No hay respuesta
Última actualización: 10/20/2026#62 Capítulo 62 Mensaje
Última actualización: 10/15/2026
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