Capítulo 8 Estaré listo
El patio estaba más silencioso esa tarde, Aria aprendió a moverse como sombra.
Esperó a que los enfermeros se distrajeran con una pelea al fondo, y se escabulló hasta el rincón donde Demian fingía balancearse, murmurando incoherencias.
Se sentó cerca de él, imitando su postura.
Hundió el rostro entre sus rodillas.
—Te encuentro diferente a cuando llegué… —susurró.
Demian no la miró.
—No estoy dejando que me droguen. Pronto toda esa basura saldrá de mi sistema… y podré luchar para que salgamos de aquí.
Su voz era baja, firme. No era una promesa vacía, Demian sabía de lo que era capaz.
En ese momento, un escándalo estalló en la entrada del patio.
Gritos, cadenas, pasos forzados, Demian levantó la vista apenas para ver que arrastraban a un nuevo interno.
Grande. Fuerte. Mirada salvaje.
Pero cuando sus ojos se cruzaron…
Hubo reconocimiento.
Solo fue una fracción de segundo.
El hombre sonrió apenas. Una curva mínima en la comisura de sus labios.
Y luego volvió a gritar como un demente.
Demian sintió algo que no sentía hacía cinco años.
Esperanza.
—Gastón… —susurró.
—¿Mmm? —preguntó Aria sin levantar la cabeza.
—Vamos a salir de aquí más pronto de lo que crees. Gastón movió sus piezas… sabía que no me defraudaría, sabía que me buscaría.
Aria no entendía del todo, pero la seguridad en su voz le dio calor en el pecho.
Pasaron los días, Demian había logrado sacar toda la droga de sus sistema, sus sentidos estaban más agudos.
El nuevo interno, Mateo, actuaba perfectamente, golpeaba paredes. Se reía solo. Provocaba a otros internos.
Pero siempre observaba, contaba cámaras, ubicaba guardias, esperaba el momento que finalmente ocurrió.
En el patio, Mateo caminó lento hacia Demian.
De repente se lanzó sobre él, como si fuera a golpearlo.
Los internos gritaron pero sabía que los enfermeros tardarían segundos en reaccionar.
Era el único margen.
Rodaron por el suelo, Mateo fingía intentar estrangularlo, pero su voz fue apenas un soplo junto a su oído.
—Te encontré.
Demian no reaccionó más allá del forcejeo.
—Saldré de aquí en una semana. Justo tres días después vendremos con Gastón. De noche. Quemaremos este lugar… pero te sacaremos primero.
Demian lo empujó como si se defendiera.
—Estate listo.
—Siempre lo estás viejo amigo.
Los enfermeros llegaron y le dieron descargas, golpes.
El mismo método brutal. Ambos fueron reducidos y arrastrados.
Aria observaba con el corazón latiendo con fuerza, pero esta vez no había miedo.
Sentía que Demian tenía un plan.
Más tarde, caminó hacia la celda 13 con cuidado, Demian estaba golpeado otra vez.
Ella se arrodilló junto a él tratando de aliviar sus golpes.
Un enfermero la vio y sonrió con burla.
—¿Te encariñaste con el monstruo, loquita?
Aria levantó la mirada sin temblar.
—Él me mantiene viva.
El enfermero soltó una risa baja.
—Inteligente jugada… —murmuró antes de irse.
Cuando quedaron solos, Aria se acercó más.
—¿Estás bien? Demian… ¿me escuchas?
Él abrió los ojos lentamente, pero esta vez no estaban nublados.
—Sí, chiquitita. El hombre de hoy es uno de los míos. En una semana saldremos de aquí. Princesa… te sacaré de este infierno. Y la venganza será tuya.
Aria sonrió por primera vez desde que la encerraron.
Se inclinó y besó su frente, un gesto suave, pero humano.
—Gracias, Demian… por todo lo que haces por mí.
Él la miró fijamente, con algo más que protección.
—Tú lo hiciste por mí hace mucho.
Aria parpadeó confundida.
—¿Yo?
Demian levantó una mano y rozó su mejilla con los dedos.
—Hace muchos años atrás, pero te lo diré cuando salgamos de aquí.
La respiración de Aria se detuvo.
—Confío en ti Demian, sé que me sacarás de acá.
El mundo pareció detenerse cuando él le sonrió de esa manera tan dulce que jamás había visto.
—Sin saberlo… me salvaste primero, ahora es mi turno princesa.
Las lágrimas llenaron los ojos de Aria.
—Entonces… ahora estamos a mano —susurró ella.
Demian negó suavemente.
—Por favor, trata de que no vuelvan a golpearte por mi culpa, pueden hacerte mucho daño.
— No puedo dejar que nada te pase, tú eres mi princesa.
Demian cerró los ojos y Aria acarició su cabello, sentía la necesidad de cuidarlo en esa soledad de la celda. Él había cuidado de ella desde que había llegado y quería por lo menos reconfortarlo con su tacto.
En el pasillo se escucharon pasos. La semana había comenzado.
Y cuando la ayuda llegara… No solo ardería el psiquiátrico.
James no estaría preparado para lo que estaba por despertar. El monstruo del pabellón 13 volvería a las calles y con más sed de venganza que nunca.
