
Contrato con el Monstruo del pabellón 13
Angel Summer · En curso · 283.6k Palabras
Introducción
En el siquiátrico asustada conoce a Demian, el monstruo del pabellón 13, todos los internos le temen, cuando él se da cuenta que Aria está en ese lugar, la protege de todos, y planea sacarla de ahí.
Lo que Aria no sabe es que Demian es un famoso y cruel mafioso que fue traicionado y metido en ese siquiátrico para desaparecerlo. Demian al ver a Aria en ese lugar le da fuerzas para luchar, mientras su amigo, fuera de esas paredes hace todo por liberarlo hasta que lo consigue.
Ahora Aria firmará un contrato con el monstruo del pabellón 13 para vengarse, pero en ese contrato su corazón se verá involucrado, enamorándose del monstruo sin remedio, mientras el monstruo pone el mundo a sus pies.
Capítulo 1
Aria casi iba corriendo por la vereda.
La tarde tenía ese tono dorado que parecía abrazarlo todo, y el viento movía su cabello mientras ella apretaba contra su pecho la carpeta con los resultados impresos. No podía dejar de sonreír.
Lo había logrado.
Después de meses de investigación, de noches sin dormir, de reuniones interminables, su proyecto finalmente había sido aprobado. La expansión de la empresa estaba asegurada. Inversionistas internacionales. Un contrato firmado esa misma mañana.
Su sueño, su esfuerzo, su futuro.
Y quería compartirlo con las dos personas que más amaba en el mundo.
Alejandro y Sofía.
Sonrió al imaginar la cara de su novio cuando le contara. Seguramente la levantaría en brazos, como siempre hacía cuando estaba orgulloso de ella. La besaría en la frente y diría que sabía que era la mujer más brillante que conocía.
Y Sofía… su hermanastra pequeña, su confidente, su consentida. Seguro gritaría emocionada y pediría un viaje para celebrar. Aria siempre decía que cuando ganaba uno, ganaban todos.
Porque eso era lo que hacía una familia.
Llegó a la puerta de su departamento y buscó las llaves en su bolso, pero recordó que Alejandro tenía copia. Quizás ya había llegado. Quizás Sofía estaba con él viendo alguna película.
Su sonrisa se ensanchó. Entró sin hacer ruido, imaginando la sorpresa.
—¿Ale? ¿Sofi? —canturreó mientras dejaba el bolso sobre la mesa.
Entonces lo escuchó.
Una risa.
No era una risa cualquiera, era íntima, ahogada, cómplice.
Y luego un murmullo… una voz masculina que ella conocía demasiado bien.
Su sonrisa se congeló.
El corazón le dio un golpe seco en el pecho.
Las risas venían de la habitación, su habitación.
Caminó despacio por el pasillo. Cada paso más pesado que el anterior. Como si el aire se hubiera vuelto espeso.
La puerta estaba entreabierta.
Y lo vio.
Alejandro.
Sobre la cama.
Desnudo.
Moviéndose con urgencia.
Y debajo de él… Sofía.
El cabello oscuro extendido sobre las sábanas que Aria había elegido. Sus manos recorriendo la espalda del hombre que Aria amaba. Sus risas mezcladas con susurros.
—¿Te imaginas su cara si nos viera? —murmuró Sofía, divertida.
Alejandro soltó una carcajada baja.
—Sería trágico… pero necesario.
El mundo se detuvo, Aria sintió que su corazón se caía a pedazos.
La carpeta cayó de sus manos. Los papeles se esparcieron por el pasillo.
El ruido los hizo girar la cabeza.
Silencio.
Nadie gritó, nadie se cubrió, nadie mostró vergüenza.
Alejandro solo la miró.
Frío, sin culpa.
Sofía ladeó la cabeza, como si la escena fuera incómoda, pero no dramática.
—Oh… —murmuró ella—. Llegaste temprano.
Aria abrió la boca, pero no salió sonido, las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
No entendía, su cerebro se negaba a procesarlo.
—¿Qué…? —susurró finalmente—. ¿Qué es esto?
Alejandro se separó con calma irritante, tomó una sábana y se la colocó alrededor de la cintura.
—Lo que parece, Aria.
—No… —negó ella, dando un paso atrás—. No, no… esto es una broma… Sofía, dime que es una broma…
Sofía se incorporó, sin prisa, sin vergüenza.
—No es una broma, hermanita.
Ese tono dulce que siempre usaba para pedirle favores. El mismo con el que le pedía dinero, viajes, regalos.
Pero ahora había algo más. Algo afilado.
—¿Desde cuándo…? —la voz de Aria se quebró—. ¿¡¡Desde cuándo!!?
Alejandro suspiró, como si estuviera cansado de fingir.
—Desde siempre.
Esas dos palabras le perforaron el pecho.
—Siempre fue Sofía —continuó él, mirándola con una frialdad que jamás le había mostrado—. Yo nunca estuve enamorado de ti.
Aria sintió que el aire le faltaba.
—No… tú me dijiste que querías casarte conmigo… que yo era tu vida…
Él sonrió. No con ternura. Con condescendencia.
—Era necesario.
—¿Necesario para qué?
Sofía bajó de la cama y caminó hacia ella, descalza, envuelta apenas en una sábana.
—Para acceder a tu empresa, mi amor. —Sus ojos brillaban con una mezcla de triunfo y crueldad—. ¿De verdad creíste que alguien como él estaría contigo por amor?
El golpe fue más fuerte que cualquier objeto, Aria miró a Alejandro, esperando que negara. Que dijera que Sofía mentía. Que esto era un mal sueño.
Pero él solo cruzó los brazos.
—Tú eras el puente. Nada más, tu madre te dejó la empresa y tu padre jamás le dejó alguna herencia a Sofía, teníamos que resguardarnos.
Las piernas de Aria temblaron.
—Yo te di todo… —susurró—. Sofía, yo te amaba como una hermana… te llevé de viaje, pagué tus estudios… ¡¡Te pagué cada maldito capricho y así me pagas!!
—Y yo acepté todo encantada —respondió Sofía, sin una pizca de remordimiento—. Gracias por eso.
Aria retrocedió, chocando contra la pared.
El dolor no era físico, era más profundo, las dos personas que más amaba, la habían usado, engañado, mentido.
La habían ridiculizado.
—Ustedes están enfermos… —murmuró, con lágrimas desbordándose sin control.— Los sacaré de aquí, no volverán a pisar mi casa nunca más.
Alejandro caminó hacia ella con lentitud.
—No, Aria. Enferma eres tú. —Su voz bajó un tono—. Tú gritabas hace un momento, ¿recuerdas? Siempre tan intensa. Tan dramática.
Ella negó con la cabeza, confundida.
—¿Qué estás diciendo?
Sintió una mano sujetarle el brazo.
—Esto no tenía que ser así —dijo él, casi con falsa compasión—. Si hubieras firmado sin preguntar, todo habría sido más fácil.
—¿Firmar qué?
Sofía sonrió.
—Los poderes de la empresa. Pero no importa. Ahora tampoco podrás oponerte.
Aria intentó soltarse.
—Están locos… voy a denunciar esto… ¡voy a ir a la policía!
Alejandro la tomó con más fuerza y entonces sintió el pinchazo.
Una aguja directo en el cuello.
—¿Qué…? —balbuceó.
El mundo empezó a inclinarse.
—Lo siento, Aria —susurró él, pero no había culpa en su voz—. Esto es lo mejor para todos.
La vista se le nubló, Sofía la observaba con una sonrisa helada.
—Descansa, hermanita, pronto irás a tu nuevo hogar.
Las piernas dejaron de sostenerla.
Cayó.
La última imagen que vio fue a los dos mirándola desde arriba.
Unidos, cómplices, mientras la oscuridad la envolvía como una noche sin estrellas.
Y su mundo… se apagaba.
Últimos capítulos
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Última actualización: 10/14/2026
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Lo.
Escuchó.
Todo.












