Capítulo 1 La traicion
El salón del hotel brillaba con luces doradas y música suave. Todo estaba preparado para celebrar el compromiso de Valeria Castillo con Daniel Rivas.
Mesas elegantes, copas de champaña, invitados importantes… y sonrisas que parecían demasiado perfectas.
Valeria observaba la escena desde la puerta del balcón. La brisa de la noche movía suavemente su vestido blanco mientras intentaba controlar los nervios.
Era el día que había esperado durante años.
—Estás hermosa —dijo su amiga Laura acercándose con una copa—. Daniel debe estar muriéndose de orgullo.
Valeria sonrió, aunque en el fondo sentía algo extraño. Un presentimiento que no lograba explicar.
—¿Lo has visto? —preguntó.
Laura negó.
—Seguro está con tu padre o con los invitados importantes.
Valeria asintió, pero la inquietud seguía ahí.
Daniel nunca desaparecía en momentos importantes.
—Voy a buscarlo —dijo finalmente.
Caminó por el salón entre los invitados que la felicitaban. Algunos sonreían demasiado, otros evitaban mirarla directamente.
Eso la confundió aún más.
—¿Han visto a Daniel? —preguntó a uno de los empleados del hotel.
—Creo que subió al segundo piso hace unos minutos, señorita.
Valeria frunció ligeramente el ceño.
El segundo piso estaba reservado para habitaciones privadas.
Subió las escaleras lentamente. El ruido de la fiesta se fue apagando hasta convertirse en un eco lejano.
El pasillo estaba casi vacío.
Solo una puerta al final estaba entreabierta.
Y entonces lo escuchó.
Una risa femenina.
Una voz que conocía demasiado bien.
Valeria se quedó paralizada.
—Daniel… alguien podría entrar —dijo la voz.
Valeria sintió un frío recorrerle la espalda.
No.
No podía ser.
Se acercó lentamente a la puerta. Cada paso se sentía como si caminara hacia algo que no quería ver.
Pero necesitaba saber la verdad.
Empujó la puerta.
Y el mundo se detuvo.
Daniel estaba sobre la cama.
Y debajo de él… estaba Camila.
Su hermana.
El silencio duró apenas un segundo.
Luego Daniel levantó la cabeza.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Valeria…
Camila también giró la mirada, pero en lugar de avergonzarse… sonrió.
Una sonrisa lenta, venenosa.
—Oh… parece que llegaste antes de lo esperado.
Valeria no podía respirar.
Su corazón golpeaba tan fuerte que parecía romperle el pecho.
—¿Qué… qué están haciendo? —logró decir.
Daniel se levantó rápidamente, intentando cubrirse.
—Valeria, no es lo que parece.
Camila soltó una pequeña carcajada.
—¿En serio vas a usar esa frase tan cliché?
Valeria miró a su hermana como si fuera una desconocida.
—Camila… eres mi hermana.
Camila se levantó de la cama con absoluta tranquilidad.
—Sí, lo soy.
Se acomodó el vestido lentamente.
—Pero también soy alguien que no soporta vivir siempre en tu sombra.
Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Tú sabías que Daniel y yo…
—Claro que lo sabía —interrumpió Camila—. Pero también sabía algo más.
Se acercó unos pasos.
—Daniel nunca estuvo realmente enamorado de ti.
Valeria giró hacia Daniel.
Esperando que dijera algo.
Que negara.
Pero él solo evitó su mirada.
Ese silencio fue peor que cualquier palabra.
—Dime que no es verdad —susurró Valeria.
Daniel pasó una mano por su cabello, nervioso.
—Valeria… las cosas se complicaron.
—¿Complicaron?
La voz de Valeria tembló.
—¡Estábamos comprometidos!
Camila cruzó los brazos.
—Sí, pero eso no significa que él te amara.
Valeria sintió que algo dentro de ella se rompía.
—¿Desde cuándo?
Daniel guardó silencio.
Camila respondió por él.
—Desde hace meses.
Las palabras golpearon como una bofetada.
Valeria dio un paso atrás.
Todo su futuro, sus sueños… todo parecía derrumbarse en ese momento.
—¿Por qué? —preguntó.
Daniel finalmente habló.
—Porque Camila entiende mejor el mundo en el que vivimos.
Valeria lo miró sin comprender.
—¿Qué significa eso?
Camila suspiró.
—Significa que Daniel necesita una mujer que esté a su altura.
La frase cayó como una sentencia.
Valeria sintió la humillación quemarle el pecho.
—Entonces… todo este compromiso… ¿era una mentira?
Daniel no respondió.
Pero Camila sí.
—Más o menos.
Valeria cerró los ojos un segundo.
Cuando los abrió, las lágrimas amenazaban con caer, pero se negó a llorar frente a ellos.
—Gracias por decirme la verdad —dijo con voz temblorosa.
Se giró para salir de la habitación.
Pero antes de que llegara a la puerta, Camila añadió:
—Ah, y Valeria…
Ella se detuvo.
—La familia ya sabe.
Valeria giró lentamente.
—¿Qué?
Camila sonrió.
—Todos sabían que Daniel y yo estábamos juntos.
El mundo volvió a detenerse.
—Eso es mentira.
—Pregúntales cuando regreses a la fiesta.
Valeria salió de la habitación casi sin sentir sus pasos.
El pasillo parecía más largo que antes.
Bajó las escaleras rápidamente.
Cuando regresó al salón… algo era diferente.
Las conversaciones se detuvieron.
Las miradas se clavaron en ella.
Sus padres estaban de pie cerca del escenario.
Su madre evitaba mirarla.
Su padre tenía el rostro tenso.
Valeria caminó hacia ellos.
—Papá… dime que no sabías nada.
El silencio fue devastador.
—Valeria —dijo finalmente su padre—. Este no es el lugar para hacer un escándalo.
La frase la golpeó con más fuerza que cualquier insulto.
—¿Escándalo?
Valeria soltó una risa amarga.
—¿Sabías que Daniel estaba con Camila?
Su padre suspiró.
—Las cosas a veces cambian.
Las lágrimas finalmente cayeron.
—Entonces todos lo sabían… menos yo.
Nadie respondió.
Valeria sintió que el aire se volvía demasiado pesado.
No podía quedarse ahí.
No podía respirar.
Salió del salón bajo las miradas de todos.
Afuera, la noche estaba fría.
La lluvia comenzaba a caer.
Valeria caminó sin dirección por la entrada del hotel.
Cada paso se sentía vacío.
Había perdido todo en una sola noche.
Su prometido.
Su familia.
Su dignidad.
—Vaya noche difícil.
La voz masculina apareció detrás de ella.
Profunda. Calmadamente poderosa.
Valeria se giró.
Un hombre alto estaba de pie bajo la luz de la entrada del hotel.
Traje oscuro.
Mirada fría.
Un rostro que imponía respeto.
—¿Quién es usted? —preguntó Valeria.
El hombre la observó durante unos segundos.
Como si ya la conociera.
—Adrián Montenegro.
El nombre le resultó familiar.
Uno de los empresarios más poderosos del país.
—¿Y por qué me habla?
Adrián dio un paso hacia ella.
—Porque creo que acabas de descubrir algo muy doloroso.
Valeria frunció el ceño.
—Eso no es asunto suyo.
Adrián sonrió ligeramente.
—Tal vez no.
Luego dijo algo que hizo que el corazón de Valeria se detuviera.
—Pero sí podría ser el comienzo de una oportunidad.
—¿Qué quiere decir?
Adrián la miró fijamente.
—Quiero decir que puedo ayudarte a vengarte de todos los que te humillaron esta noche.
Valeria se quedó inmóvil.
—¿Por qué haría eso?
Adrián respondió con una calma inquietante.
—Porque tu familia también es mi enemigo.
El silencio volvió a caer entre ellos.
La lluvia empezó a caer con más fuerza.
Adrián sacó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó.
—Si decides que quieres recuperar todo lo que te quitaron… llámame.
Valeria miró la tarjeta sin entender.
—¿Y qué obtendría usted?
Adrián sonrió por primera vez.
Una sonrisa peligrosa.
—Algo mucho más valioso que una venganza.
Valeria levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
Adrián respondió con una frase que cambió el rumbo de su vida.
—Una esposa.
Y en ese momento Valeria comprendió que aquel hombre no estaba bromeando.
