Capítulo 32 Infiltración de sangre

La calma rota

El amanecer parecía traer una tregua al Castillo Montenegro, pero Valeria lo percibía distinto. El aire en la suite principal se sentía denso, cargado de una electricidad estática que le erizaba la piel. Cada destello en las pantallas de vigilancia, cada registro de acceso y cada señal...

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