Capítulo 4 El trato
Valeria casi no durmió esa noche.
Las palabras de Adrián Montenegro seguían girando en su mente como un eco imposible de apagar.
“Cásate conmigo por un año.”
Miró el reloj.
9:32 de la mañana.
Había pasado toda la madrugada leyendo el contrato una y otra vez. Cada cláusula parecía confirmar que aquello no era una broma.
Era real.
Terriblemente real.
El apartamento pequeño donde vivía se sentía más silencioso que nunca. Después del escándalo en el hotel, ninguno de sus padres había intentado llamarla.
Ni siquiera para preguntar si estaba bien.
Valeria dejó el contrato sobre la mesa.
Una parte de ella quería romperlo.
Otra parte… recordaba la mirada de Camila cuando anunció que se casaría con Daniel.
Aquella sonrisa triunfante.
Aquella certeza de haber ganado.
Valeria respiró hondo.
—No.
No iba a permitirlo.
Tomó su bolso y salió del apartamento.
Treinta minutos después, el taxi se detenía frente a uno de los edificios más imponentes del centro financiero de la ciudad.
Una torre de vidrio y acero que parecía tocar el cielo.
En la entrada, el nombre estaba grabado en letras metálicas.
GRUPO MONTENEGRO
Valeria tragó saliva.
Ahora entendía por qué Adrián Montenegro tenía tanta influencia.
Entró al edificio.
El vestíbulo era enorme, con mármol blanco y una enorme lámpara de cristal colgando del techo.
Una recepcionista elegante levantó la mirada.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Valeria—. Tengo una cita con el señor Montenegro.
La mujer tecleó algo en su computadora.
—¿Su nombre?
—Valeria Castillo.
La reacción fue inmediata.
La recepcionista levantó las cejas con sorpresa.
—El señor Montenegro la está esperando.
Tomó el teléfono.
—Señor Montenegro, la señorita Castillo ha llegado.
Escuchó unos segundos.
Luego colgó.
—Puede subir al último piso. El ascensor privado está al fondo.
Valeria caminó hacia los ascensores.
El ascensor privado era completamente de vidrio.
Cuando las puertas se cerraron, la ciudad comenzó a elevarse frente a sus ojos.
El corazón le latía rápido.
¿De verdad iba a hacer esto?
El ascensor se detuvo.
Las puertas se abrieron.
La oficina de Adrián Montenegro ocupaba todo el piso.
Amplia.
Elegante.
Imponente.
Un enorme ventanal mostraba la ciudad extendiéndose hasta el horizonte.
Adrián estaba de pie junto a una mesa de reuniones.
Traje oscuro.
Corbata perfectamente ajustada.
Como si hubiera salido de la portada de una revista de negocios.
Cuando la vio entrar, levantó la mirada.
—Llegaste temprano.
Valeria cerró la puerta detrás de ella.
—Quería resolver esto cuanto antes.
Adrián la observó con atención.
—Eso significa que tomaste una decisión.
Valeria caminó hacia la mesa.
Colocó el contrato frente a él.
—Tengo algunas preguntas.
Adrián tomó asiento.
—Adelante.
Valeria cruzó los brazos.
—¿Por qué yo?
—Porque eres la hija de los Castillo.
—Hay muchas personas en esa familia.
Adrián negó con la cabeza.
—Pero tú eres la única que no es como ellos.
La respuesta la tomó por sorpresa.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque llevas años trabajando en una fundación mientras tu familia solo piensa en negocios.
Valeria no respondió.
Adrián continuó.
—Porque nunca usaste el apellido Castillo para obtener ventajas.
—Eso no significa que quiera vengarme de ellos.
Adrián se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Tal vez no.
Hizo una pausa.
—Pero ellos sí se vengaron de ti.
El silencio se volvió pesado.
Valeria cambió de tema.
—En el contrato dice que debo vivir en su casa.
—Sí.
—Eso no me gusta.
Adrián arqueó una ceja.
—¿Por qué?
—Porque no confío en usted.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Adrián.
—Eso es bueno.
Valeria frunció el ceño.
—¿Bueno?
—Significa que eres inteligente.
Ella tomó aire.
—También dice que debemos aparentar un matrimonio real.
—Para el público.
—¿Y en privado?
Adrián la miró directamente a los ojos.
—En privado, respetaré los límites que establezcamos.
Valeria sintió un pequeño alivio.
—Entonces esto es solo un acuerdo estratégico.
—Exacto.
Ella tomó el contrato otra vez.
—Un año.
—Un año.
—Después divorcio.
—Después divorcio.
Valeria lo observó en silencio durante unos segundos.
—¿Qué pasará cuando mi familia descubra esto?
Adrián sonrió ligeramente.
—Eso es exactamente lo que estoy esperando.
—Van a enloquecer.
—Ese es el punto.
Valeria cerró los ojos un momento.
La decisión estaba frente a ella.
Si firmaba ese contrato…
Su vida cambiaría por completo.
Pero también sería la primera vez que dejaba de ser la víctima.
Abrió los ojos.
—Quiero agregar una condición.
Adrián parecía interesado.
—Te escucho.
—Si en algún momento este acuerdo se vuelve peligroso para mí… puedo irme.
Adrián no dudó.
—Acepto.
Valeria tomó la pluma que estaba sobre la mesa.
Sus dedos temblaban ligeramente.
—Una última pregunta.
Adrián la observó.
—¿Sí?
—¿Por qué está tan seguro de que este plan funcionará?
La respuesta llegó sin titubeos.
—Porque tu familia nunca imaginó que podrías volverte más poderosa que ellos.
El corazón de Valeria se aceleró.
Miró el contrato una última vez.
Luego firmó.
La tinta negra quedó marcada sobre el papel.
Valeria Castillo.
Cuando terminó, Adrián tomó la pluma y firmó también.
Adrián Montenegro.
El contrato quedó sellado.
Adrián cerró la carpeta con calma.
—Bienvenida al juego.
Valeria levantó la mirada.
—¿Qué juego?
Adrián se levantó.
Caminó hacia el ventanal que daba a la ciudad.
—El juego del poder.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Y ahora qué?
Adrián volvió a mirarla.
—Ahora empieza la parte divertida.
—¿Cuál?
Adrián tomó su teléfono.
—Vamos a anunciar nuestro compromiso.
Valeria parpadeó.
—¿Hoy?
—Hoy.
—¿No cree que es demasiado rápido?
Adrián sonrió.
Una sonrisa fría.
—Las sorpresas funcionan mejor cuando nadie las espera.
En ese momento el teléfono de Valeria vibró.
Era un mensaje.
Lo abrió.
Era una noticia publicada en internet.
“Daniel Rivas y Camila Castillo anuncian su compromiso oficial.”
La foto mostraba a su hermana y a su ex prometido abrazados frente a los invitados del hotel.
Valeria apretó el teléfono.
Adrián observó la pantalla.
—Perfecto.
—¿Perfecto?
—Sí.
Tomó su teléfono y comenzó a escribir algo.
—Porque dentro de una hora…
Valeria lo miró con desconfianza.
—¿Dentro de una hora qué?
Adrián levantó la mirada.
Y dijo algo que hizo que el corazón de Valeria se detuviera.
—Toda la ciudad sabrá que la nueva prometida de Adrián Montenegro eres tú.
El teléfono de Valeria vibró otra vez.
Otro mensaje.
Era de su madre.
Solo decía tres palabras.
“¿Qué hiciste?”
