Capítulo 5 La noticia que sacudió la ciudad
El teléfono de Valeria seguía vibrando en su mano.
El mensaje de su madre permanecía en la pantalla.
“¿Qué hiciste?”
Valeria levantó la mirada hacia Adrián.
—¿Ya lo hiciste?
Adrián apoyó tranquilamente su teléfono sobre la mesa.
—Sí.
Valeria sintió un pequeño nudo en el estómago.
—¿Qué exactamente publicaste?
Adrián giró el monitor de su computadora hacia ella.
—Esto.
En la pantalla había una noticia que acababa de aparecer en varios portales de negocios y espectáculos.
“El empresario Adrián Montenegro anuncia su compromiso con Valeria Castillo.”
Debajo del titular había una fotografía.
Una imagen tomada la noche anterior frente al hotel.
La foto mostraba a Adrián de pie bajo la lluvia… frente a ella.
Valeria abrió los ojos con sorpresa.
—¿Quién tomó esa foto?
—Mis guardaespaldas siempre están atentos.
—Esto es una locura.
Adrián parecía completamente tranquilo.
—Es estrategia.
Valeria bajó la mirada hacia la pantalla.
La noticia ya tenía cientos de comentarios.
Algunos sorprendidos.
Otros incrédulos.
Pero todos hablaban de lo mismo.
El apellido Castillo ahora estaba ligado al hombre más poderoso de la ciudad.
El teléfono de Valeria volvió a vibrar.
Otro mensaje.
Esta vez de su padre.
“Ven a casa ahora mismo.”
Valeria soltó una pequeña risa amarga.
—Increíble.
Adrián arqueó una ceja.
—¿Qué sucede?
—Mi padre quiere hablar conmigo.
—Eso era inevitable.
Valeria guardó el teléfono en su bolso.
—No parece sorprendido.
Adrián se recostó ligeramente en su silla.
—Los Castillo llevan años intentando acercarse a mi empresa.
—Sí, lo sé.
—Ahora la situación cambió.
Valeria lo miró.
—¿Por mí?
—Por tu apellido.
La respuesta fue directa.
Valeria respiró hondo.
—Esto va a provocar un escándalo.
Adrián sonrió ligeramente.
—Exactamente.
El silencio duró unos segundos.
Valeria miró el contrato nuevamente.
—Entonces… ahora soy oficialmente su prometida.
—Así es.
—¿Y qué sigue?
Adrián tomó su chaqueta.
—Vamos a tu casa.
Valeria parpadeó.
—¿A mi casa?
—A la casa de tus padres.
El corazón de Valeria se aceleró.
—¿Está loco?
Adrián caminó hacia la puerta.
—No.
—Mi familia está furiosa.
—Lo sé.
—¿Y aun así quiere ir?
Adrián se detuvo frente a ella.
—Es la forma más rápida de establecer las reglas del juego.
Valeria dudó.
La idea de volver a esa casa… después de lo que ocurrió la noche anterior… le revolvía el estómago.
Pero Adrián tenía razón.
Tarde o temprano tendría que enfrentarlos.
—De acuerdo.
Adrián abrió la puerta de la oficina.
—Entonces vamos.
Treinta minutos después, el automóvil negro se detenía frente a la casa de los Castillo.
Era una mansión elegante en una de las zonas más exclusivas de la ciudad.
Valeria había crecido allí.
Pero en ese momento se sentía como si estuviera llegando a un lugar extraño.
El chofer abrió la puerta.
Valeria bajó primero.
Adrián salió después.
Los dos caminaron hacia la entrada.
Antes de que tocaran el timbre, la puerta se abrió.
Su madre estaba de pie allí.
El rostro tenso.
Los ojos llenos de preocupación.
—Valeria… ¿qué significa esto?
Valeria respiró profundo.
—Significa que estoy comprometida.
Su madre miró a Adrián con evidente nerviosismo.
—Señor Montenegro…
Adrián inclinó ligeramente la cabeza.
—Señora Castillo.
En ese momento apareció su padre detrás de ella.
Su expresión era mucho más dura.
—Entren.
El tono no era amable.
Pero tampoco podían rechazar a Adrián Montenegro.
Entraron al salón principal.
El ambiente estaba cargado de tensión.
Y entonces apareció Camila.
Bajaba las escaleras lentamente.
Con Daniel detrás de ella.
Cuando vio a Valeria… sonrió.
Pero la sonrisa desapareció en cuanto notó quién estaba a su lado.
—¿Adrián Montenegro?
Daniel también parecía sorprendido.
Valeria se cruzó de brazos.
—Hola, Camila.
Camila bajó el último escalón.
—¿Qué está pasando aquí?
Valeria miró a Adrián.
Él dio un paso adelante.
—Creo que la noticia ya debería haber llegado a ustedes.
El padre de Valeria habló primero.
—¿Es cierto lo que dice internet?
Adrián respondió con calma.
—Completamente cierto.
El silencio cayó sobre la habitación.
Camila fue la primera en reaccionar.
—Eso es imposible.
Valeria levantó la barbilla.
—¿Por qué?
—Porque Adrián Montenegro jamás se casaría con alguien como tú.
La frase fue venenosa.
Pero Valeria ya no era la misma mujer de la noche anterior.
—Pues parece que sí.
Camila soltó una risa incrédula.
—Esto es ridículo.
Daniel frunció el ceño.
—Valeria… ¿esto es algún tipo de broma?
Adrián habló antes de que ella respondiera.
—No hago bromas.
La habitación volvió a quedarse en silencio.
El padre de Valeria se acercó lentamente.
—Señor Montenegro… si esto es algún tipo de malentendido podemos aclararlo.
Adrián lo miró con frialdad.
—No hay ningún malentendido.
—Entonces explíqueme por qué quiere casarse con mi hija.
Adrián respondió con absoluta tranquilidad.
—Porque la amo.
La frase cayó como una bomba.
Valeria casi se atraganta con el aire.
Camila abrió los ojos con incredulidad.
Daniel parecía completamente confundido.
—Eso no puede ser cierto —dijo Camila.
Adrián sonrió ligeramente.
—¿Por qué no?
Camila miró a Valeria con odio.
—Porque ella no es nada especial.
Valeria sintió la rabia subirle al pecho.
Pero antes de que pudiera responder, Adrián hizo algo inesperado.
La tomó suavemente de la mano.
—Para mí lo es.
El gesto fue tan natural que todos quedaron en silencio.
Valeria sintió el calor de su mano.
Y por un segundo olvidó que todo aquello era un contrato.
El padre de Valeria carraspeó.
—Esto cambia muchas cosas.
Adrián lo miró fijamente.
—Lo sé.
Camila cruzó los brazos.
—No durará.
Valeria la miró.
—¿Perdón?
Camila sonrió con arrogancia.
—Hombres como él no se quedan con mujeres como tú.
El silencio volvió a caer.
Adrián inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Quieres apostar?
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quiere decir?
Adrián respondió con calma.
—Que la boda será dentro de dos semanas.
Valeria abrió los ojos con sorpresa.
Eso no estaba en el plan.
Camila se quedó sin palabras.
Daniel apretó los puños.
El padre de Valeria parecía completamente desconcertado.
Adrián miró a todos con absoluta seguridad.
—Y toda la ciudad estará invitada.
Camila apretó los labios.
—Esto es una locura.
Adrián se inclinó ligeramente hacia ella.
Y dijo con una tranquilidad que heló la habitación.
—No.
Hizo una pausa.
Luego añadió:
—Esto recién comienza.
En ese momento el teléfono de Valeria vibró otra vez.
Un mensaje nuevo.
De un número desconocido.
Lo abrió.
El texto era corto.
Pero suficiente para hacer que el corazón le diera un vuelco.
“Si te casas con Adrián Montenegro… alguien va a salir muy lastimado.”
