Capítulo 6 La primera advertencia

Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras leía el mensaje otra vez.

“Si te casas con Adrián Montenegro… alguien va a salir muy lastimado.”

Levantó la mirada instintivamente.

Nadie en la sala parecía haber notado nada.

Su padre seguía observando a Adrián con cautela.

Camila estaba claramente furiosa.

Daniel permanecía en silencio, con los puños tensos.

Valeria guardó el teléfono lentamente en su bolso.

No era el momento de decir nada.

Adrián todavía sostenía su mano.

Cuando notó el pequeño cambio en su expresión, inclinó ligeramente la cabeza hacia ella.

—¿Todo bien?

La pregunta fue casi un susurro.

Valeria dudó un segundo.

—Sí.

Pero Adrián no parecía convencido.

Sus ojos grises la observaron con atención durante unos segundos más.

Luego volvió a dirigir su atención a la familia Castillo.

—Entiendo que esta noticia puede resultar inesperada —dijo con calma—, pero la decisión está tomada.

El padre de Valeria cruzó los brazos.

—Esto afectará a muchas personas.

Adrián respondió sin dudar.

—Las decisiones importantes siempre lo hacen.

Camila dio un paso adelante.

—Esto no tiene sentido.

—¿Por qué? —preguntó Adrián.

—Porque Valeria jamás ha estado en su mundo.

Valeria habló antes de que Adrián respondiera.

—Tal vez ya era hora.

Camila la miró con desprecio.

—Siempre fuiste demasiado ingenua para entender cómo funcionan las cosas.

Valeria sostuvo su mirada.

—Y aun así, soy yo quien se casa con él.

Camila se quedó sin palabras por un momento.

Daniel finalmente habló.

—Valeria, esto no es necesario.

Ella lo miró con frialdad.

—¿Qué cosa?

—Este matrimonio.

—Tienes razón.

Daniel frunció el ceño.

—¿Entonces por qué lo haces?

Valeria respondió con absoluta calma.

—Porque puedo.

El silencio cayó otra vez.

Adrián observó la escena con evidente interés.

—Creo que ya hemos causado suficiente sorpresa por hoy —dijo finalmente.

Miró a Valeria.

—Deberíamos irnos.

El padre de Valeria levantó la voz.

—Un momento.

Adrián se detuvo.

—¿Sí?

—Esto no termina aquí.

Adrián inclinó ligeramente la cabeza.

—Nunca dije que terminaría.

Valeria caminó hacia la puerta junto a él.

Podía sentir la mirada de Camila clavada en su espalda.

Antes de salir, su hermana habló otra vez.

—Valeria.

Ella se detuvo.

—¿Qué?

Camila sonrió con frialdad.

—Espero que sepas en qué te estás metiendo.

Valeria sostuvo su mirada.

—Yo podría decir lo mismo.

Luego salió de la casa.

El automóvil avanzaba por la avenida principal de la ciudad.

Valeria miraba por la ventana, todavía pensando en el mensaje.

Adrián rompió el silencio.

—¿Quién te escribió?

Valeria giró la cabeza.

—¿Cómo sabes que alguien me escribió?

Adrián se recostó ligeramente en el asiento.

—Noté tu reacción.

Ella suspiró.

No tenía sentido mentirle.

Sacó el teléfono y le mostró el mensaje.

Adrián lo leyó con calma.

Su expresión no cambió.

—¿Qué piensas? —preguntó Valeria.

Adrián devolvió el teléfono.

—Que alguien está nervioso.

—¿Mi familia?

—Tal vez.

Valeria frunció el ceño.

—No creo que ellos harían algo así.

Adrián no parecía tan seguro.

—El poder cambia a las personas.

Valeria miró el mensaje otra vez.

—¿Crees que debería preocuparme?

Adrián respondió con absoluta tranquilidad.

—No mientras estés conmigo.

La respuesta la tomó por sorpresa.

—Eso suena muy seguro.

—Lo es.

El automóvil se detuvo frente a una enorme residencia rodeada de jardines perfectamente cuidados.

Valeria miró la casa con asombro.

—¿Aquí vives?

—Sí.

La mansión era moderna, elegante y enorme.

—Esto parece un hotel.

Adrián sonrió ligeramente.

—Ahora también es tu casa.

Valeria bajó del automóvil.

La puerta principal se abrió antes de que llegaran.

Un hombre mayor, de traje impecable, los recibió.

—Señor Montenegro.

—Buenas tardes, Ernesto.

El hombre miró a Valeria con curiosidad.

—¿Y esta debe ser la señorita Castillo?

Adrián respondió con calma.

—Mi prometida.

Ernesto sonrió.

—Bienvenida a casa, señorita.

Valeria no supo qué decir.

Entró al enorme vestíbulo.

Todo era silencioso.

Elegante.

Casi intimidante.

Adrián caminó hacia la escalera principal.

—Te mostraré tu habitación.

Valeria lo siguió.

Mientras subían, volvió a pensar en el mensaje.

—Adrián.

Él se detuvo.

—¿Sí?

—¿Crees que esto es una mala idea?

Adrián la miró fijamente.

—Probablemente.

Valeria parpadeó.

—Eso no suena muy alentador.

—Pero también es la única forma de cambiar las reglas del juego.

Valeria suspiró.

—Nunca pensé que terminaría viviendo con un hombre que conocí ayer.

Adrián abrió la puerta de una enorme habitación.

—Yo tampoco.

Valeria entró.

La habitación era tan grande como su antiguo apartamento.

Ventanas enormes.

Muebles elegantes.

—Esto es demasiado.

Adrián apoyó una mano en el marco de la puerta.

—Acostúmbrate.

Valeria se giró hacia él.

—Aún me parece irreal.

Adrián la observó durante unos segundos.

Luego dijo algo inesperado.

—Para mí también.

Valeria frunció el ceño.

—¿En serio?

—Sí.

—¿Por qué?

Adrián dudó un momento antes de responder.

—Porque este plan siempre fue teórico.

—¿Teórico?

—Nunca pensé que realmente aceptarías.

Valeria cruzó los brazos.

—Entonces no me conoces muy bien.

Adrián sonrió levemente.

—Eso está empezando a cambiar.

En ese momento el teléfono de Valeria vibró otra vez.

Otro mensaje.

El mismo número desconocido.

Valeria lo abrió lentamente.

Esta vez había una fotografía.

La imagen mostraba algo que hizo que su corazón se detuviera.

Era una foto de ella entrando a la casa de Adrián hacía apenas unos minutos.

Tomada desde la calle.

Valeria levantó la mirada con el rostro pálido.

—Adrián…

Él notó inmediatamente su expresión.

—¿Qué pasó?

Valeria le mostró la pantalla.

Adrián observó la foto en silencio.

Luego sus ojos se volvieron fríos.

Muy fríos.

—Parece que alguien nos está vigilando.

Valeria tragó saliva.

—¿Quién haría algo así?

Adrián levantó la mirada hacia la ventana.

Su voz se volvió peligrosamente tranquila.

—Eso es exactamente lo que vamos a descubrir.

En ese momento llegó otro mensaje.

Solo una frase.

“Te dije que alguien iba a salir lastimado.”

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