
DADDY
franchesca_123_jiji · Completado · 224.3k Palabras
Introducción
Capítulo 1
-Gracias, Jake.—Digo antes de salir del auto.
Mi hermanastro levanta la mano en forma de despedida y yo sonrío levemente. Bajo un poco más mi falda ya que noto la mirada de algunos chicos en mis piernas. Mis mejillas se sonrojan y yo camino a un paso más rápido hasta llegar a mi aula.
-A la otra puedes avisarme con anticipación que Jake te va a traer, y así puedo irme contigo y coquetear con el.—Dice Liz, río y ruedo mis ojos.—¿Sabes? He estado pensando seriamente en eso y llegue a la conclusión de que tu hermanastro y yo haríamos muy buena pareja.
–Eres demasiado buena para él.— Río y ella hace un puchero.—Seamos sinceras, Jake es un patán.—Río y ella bufa.
-¡Pero es tan sexy!.—Exclama en un susurro, ruedo los ojos.—Y dicen que es muy bueno en la cama.— Alza sus cejas, frunzo el ceño.
-Pues me imagino, cada que una chica va a la casa sale como pingüino.— Río y Liz muerde su labio.
- ¡Iugh!. – Ella comienza a reír conmigo y el profesor entra al aula, me siento adecuadamente y saco mi cuaderno azul de matemáticas.
Él nos comparte el tema de hoy y yo tomo notas de lo que creo más importante. Odio las funciones.
Cuando la campana timbra saco ahora mi cuaderno rosado, mi favorito. Entonces el profesor Payne entra, y algunas susurran entre si.
El profesor Payne entro el año pasado y ha estado matando a las chicas desde entonces, sonrío por lo bajo.
-Buenos días clase.—Él dice en voz alta, y remanga su camisa.
—Buenos días profesor Payne.—Todos responden.
Parecíamos niños de primaria, lo sé, pero es lo que al profesor Payne le gustaba. Él sonríe y escribe una pequeña frase de un famoso griego, como siempre. Y mientras explica, muchas chicas simplemente se le quedaban viendo, otras hacían apuntes como yo.
Liz, miraba su trasero a la vez que mordía su labio. Río por lo bajo y niego.
-Señorita Beckett ¿Me podría contar el chiste?.—Pregunta el profesor Payne, trago saliva.
-Es que recordé algo, profesor.
-¿Está segura?.—Pregunta y me voltea a ver de reojo, asiento.— Por favor quédese al final de la clase.— Termina diciendo y yo suspiro y asiento.
Los minutos comenzaban a ser eternos, y cuando la campana suena, suspiro y hecho todas mis cosas a mi mochila. Todos salen y el profesor Payne me espera detrás de su escritorio. Me siento en mi correspondiente escritorio y espero a que hable.
—Ahora si, ¿Me podría decir cual era el chiste?.— Pregunta y yo bajo la mirada.
-Una compañera se le quedaba viendo directamente al trasero, no se, me pareció gracioso.—Susurro y él alza sus cejas.
-¿Quién fue?.— Pregunta y yo niego.— Isabella, dime ahora.
—No puedo, señor.— Murmuro.
No iba a echar de cabeza a Liz. Él cierra su libro con dureza y saca una libretita, maldigo por lo bajo. Él me voltea a ver y niega, mientras yo suspiro.
-Bien, entonces te esperan dos semanas de tutoría con el consejero.—Dice y sonríe, frunzo el ceño. Me entrega el papel y yo lo leo, me encojo en hombros y trato de salir de la sala.—¿Acaso le dije que saliera?.—Pregunta y yo me disculpo y vuelvo a entrar.—dame ese papel.— Dice, suspiro y se lo entrego.—Ahora si, hasta mañana señorita.—Dice y me entrega el papel.
Lo tomo y salgo del salón de clases.
Miro el papel:
5 semanas de tutoría diaria, empezando hoy a las 3:00pm.
Abro mi boca sorprendida. Corro hacia Liz y ella me mira confusa.
-¡El jodido profesor me puso 5 semanas de tutoría con el consejero!.— Exclame entonces frunzo el ceño.
- ¿Consejero?.—Pregunta y yo asiento. —Oh si, Miss Patty renunció.—Murmura, arrugo mi nariz.— Dicen que el nuevo consejero que la cubrió es joven, es todo lo que he escuchado hasta ahora, ¡Ah! Y casi olvido, también escuché que es muy bueno.—Dice y relamo mis labios.
—Yo solía tener sesiones con Patty todas las tardes, a veces en su casa, a veces en la mía.— Digo y ella hace una mueca de lado.—Ella me hizo así.— Susurro casi inaudible y Liz voltea a ver a todos los lados. Entonces sonríe.
-Ese chico, esta en nuestra clase de arte, es australiano.—Susurra y yo volteo a ver sin disimular.
Un chico alto, y guapo con un piercing en su labio comienza a caminar por todo el comedor.
— Acaba de llegar, casi no tiene amigos.
-Corre.— Murmuro y ella sonríe.
-¿Debería..?
-Oh, por supuesto que si.— Digo y ella se levanta, comienza a caminar hacia él con paso apresurado, río y comienzo a comer una fruta picada que había traído.
Siento una mirada sobre mi, pero decido no voltear. La campana suena unos quince minutos después y yo tomo mis cosas para caminar hacia mi aula. Entonces el señor Payne entra, frunzo el ceño.
-Bien clase, hay unos cambios. Como sabrán, la señora Patty ya no se encuentra en nuestra institución.—Dice el profesor .— Y es por eso que ahora el profesor Garex les compartirá la clase de Ética.—Dice y todo mundo comienza a murmurar.
La maestra Patty era como mi mamá. Era la psicóloga de la escuela y sabía todo sobre mi, era como mi segunda mejor amiga. Bufo, y entonces el silencio se hace presente.
-Buenos días .—Una voz ronca suena, todos responden con un:
-Buenos días, señor Garex.— Entonces el señor Garex ríe. Bajo la mirada.
-Veo que falta alguien.—Dice, frunzo el ceño y volteo. Liz, mierda.
-Es Liz, tuvo una emergencia y tuvo que ir corriendo al baño.—Digo y volteo a verlo. Ojos mieles, Mandíbula bien marcada, cabello como oro y una figura asombrosa. Relamo mis labios.
—Está bien, sólo esperemos que llegue a la clase.— El dice y yo asiento.
Miro a todas las chicas y se notaba a metros que se lo estaban desnudando con la mirada
- Bien, creo que al ser un maestro nuevo tendrán preguntas sobre mi, ¿Cierto?.—Dice y todas las chicas levantan su mano, él sonríe.
-¿Cuántos años tiene? .—Pregunta Marlene.
- 25 años.—Responde y la gran mayoría suspiran, y no de encanto.
—¿Está casado?.— Preguntan y él niega.
-Soy soltero.—Se encoge en hombros.
—¿Tiene hijos?.—El niega de nuevo.
-Todo a su tiempo.
-¿Es gay?.—Un chico pregunta y todos ríen, inclusive el señor Garex.
-No.— Ríe.—Me gustan las chicas.— Responde con una sonrisa en su rostro.—Bien, basta. Ahora es mi turno de conocerlos a ustedes.—Dice y apunta hacia la primera chica de la fila contraria a la mía.
Entonces todos comienzan a presentarse, y por el orden en el que va, sé que seré la última.
-Robert Wilson, diecisiete años, nací aquí en Londres y me gusta el Basketball.—Dice el compañero detrás de mi y se sienta. Suspiro y me levanto.
-Yo soy Isabella Beckett, tengo diecisiete años, me gusta cantar y bailar.—Me encojo en hombros y me siento.
El señor Garex se me queda viendo unos segundos más y asiente. Entonces la campana suena y todos comienzan a guardar sus cosas.
-Que tengan una excelente tarde.—El señor Garex dice y se retira.
Tomo mis cosas y comienzo a caminar hasta la sala de maestros, entonces me siento en la sala de espera hasta que la recepcionista me habla.
-¿El señor Payne de nuevo?.
-Si, me sigue odiando.—Río y Luisa ríe conmigo.
-El señor Garex te espera en su oficina – dice y yo agradezco. Busco la puerta con el nombre y toco tres veces hasta que la puerta se abre y el señor Garex sonríe.
-Señorita Beckett, pase.—Dice alegre, sonrío y me siento en las sillas enfrente de su escritorio. Lo miro y veo como cerraba la puerta con seguro, frunzo el ceño.—Dime, ¿Porqué estás aquí?.—Pregunta y yo suspiro.
—Porque me reí en la clase, y el profesor pensó que me reía de él.—Murmuré sin mirarlo y él ríe por lo bajo.
- ¿Y por qué te reías?.—Pregunta y yo balbuceo.
-Una chica babeaba al ver su trasero y me pareció gracioso.—Murmuro y él asiente levemente.—Y bien, ¿Cuál será mi trabajo por estas cinco semanas de sesión?.—Pregunto y él frunce el ceño.
-Oh no, señorita Beckett.—Murmura.—En realidad ya hable con el director para decirle mi manera de trabajar. Lo que busco en esta sesión es...Mejorar su conducta y con trabajos no lo lograré. Así que tome esta sesión como una... manera de conocernos mejor.— Susurra y yo ladeo mi cabeza confundida.
-No entiendo.
-Mire, me gustaría conocerla más, para poder ayudarla mejor. Me gustaría saber que le gusta y que no, su rutina diaria, entre otras cosas.—Dice y yo asiento, entonces saca unas hojas y me las entrega.—Por favor responda esto, y después de responderlo puede retirarse.—Sonríe y yo asiento.
Entonces comienzo a leerlo.
Nombre completo: Isabella Marie Beckett
Edad: 18 años.
Fecha de nacimiento: 22/07. -Suspiro.
-¿Le molesta si subo mis pies al sillón?.—Pregunto y él sacude su cabeza.
-Para nada, por favor, siéntase cómoda.—Dice y yo agradezco en voz baja.
Me acomodo lateralmente y subo mis piernas en el sillón. Muerdo mi labio y sigo leyendo. Las preguntas eran básicas. Mi domicilio, el número de mis padres, etc. en cuanto termino la primera hoja le doy vuelta y leo.
Esto ya era un poco más personal. Me preguntaba sobre mis sueños, mis viajes, mis pensamientos, etc. Cosas básicas.
Entonces le doy vuelta y me encuentro con la tercera hoja. Toda esta hoja se trataba sobre mis relaciones y...
- Disculpe.—Interrumpo al señor Garex y él me mira.— ¿Ah qué se refiere con el tipo de relaciones que me gustan?.— Pregunto ladeando mi cabeza y él relame sus labios.
-Me refiero a amorosa, sólo sexo, incluso...
-Ok, ya entendí.— Río y él asiente Suspiro, pues el único tipo te relaciones que he experimentado ha sido amoroso, relamo mis labios.— ¿Y si no estoy segura?.—Pregunto y él sonríe.
-Entonces ponga la opción.—Susurra y no deja de sonreír, me encojo en hombros y miro la opción:
•No estoy segura(o).
Ruedo los ojos y río de mi misma. Miro las siguiente preguntas:
¿Cuál es tu preferencia sexual?: Heterosexual.
¿Cuál es tu preferencia de edad?.
-Disculpe.—Susurro y el señor Garex me pone atención.— ¿Ah que se refiere con mi preferencia de edad?.
—La edad que te gusta que tengan tus parejas.— Responde y yo asiento.
Entonces respondo:
Mi misma edad o unos cuantos años mayor.
Sigo contestando algunas preguntas hasta llegar a las últimas.
¿Qué tan frecuente tiene relaciones sexuales?
Siento mis mejillas sonrojarse. Entonces escojo la primera opción:
nunca he tenido relaciones sexuales.
—Esto no lo va a ver nadie, ¿cierto?.—Pregunto y él niega.
-Este es un examen que solía poner, en la escuela anterior a la que enseñaba, a todos mis alumnos.—Responde y yo asiento.
-¿Y por que ahora no nos lo puso a todos?.—Pregunto y él sonríe.
-En realidad se los pondré en la próxima clase.— Responde y yo ladeo mi cabeza.
—¿Y por qué me lo pone a mi hoy?.—Pegunto y él relame sus labios.
-Porque a ti te tengo que conocerte más que a los demás-responde.—Ah ti te veré todos los días por casi un mes. A los demás los veré dos veces a la semana.—Asiento y bajo la mirada.
¿Se referiría a usted mismo(a) como un sadomasoquista?
Estas pregunta son jodidamente extrañas. Tomo mi teléfono y busco la definición de sadomasoquista, trago saliva al leer. Pero en realidad tenía la duda. Sexualmente no tengo una respuesta, nunca he experimentado nada de eso.
Miro las opciones:
Suspiro, dudo por unos segundos y entonces decido escribir
“No lo sé, nunca he experimentado nada como eso”
Me encojo en hombros y sigo leyendo:
¿Nunca he cometido incesto?: No
Me pregunto que hace el señor Garex con esta información. Digo, ¿Con esto, que puede diagnosticar?
¿Ninfomanía?
Quizás.
Sigo leyendo:
¿Que tan seguido se masturba?
Dios mío, siento mis mejillas arder como nunca. Odio hablar de sexo, se que es algo natural pero, ¡Por Dios! para mi es un taboo.
“Nunca he masturbado”
Entonces contesto la última pregunta:
¿He tenido sexo con alguien (+8 años) mayor que yo o he tenido una relación con él?: “Nunca”
-Terminé .—Digo feliz y él sonríe.
-Hasta mañana, señorita Beckett.— Dice. Tomo mis cosas y salgo casi corriendo.
Fue un cuestionario extraño. Pero tengo que admitir que me dejo con muchas dudas.
Últimos capítulos
#75 Epílogo
Última actualización: 1/24/2025#74 Parte 2 Final
Última actualización: 1/24/2025#73 Parte 2 • capítulo 25
Última actualización: 1/24/2025#72 Parte 2 • capítulo 24
Última actualización: 1/24/2025#71 Parte 2 • capítulo 23
Última actualización: 1/24/2025#70 Parte 2 • capítulo 22
Última actualización: 1/24/2025#69 Parte 2 • capítulo 21
Última actualización: 1/24/2025#68 Parte 2 • capítulo 20
Última actualización: 1/24/2025#67 Parte 2 • capítulo 19
Última actualización: 1/24/2025#66 Parte 2 • capítulo 18
Última actualización: 1/24/2025
Te podría gustar 😍
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.
Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.
Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.
Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.
Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.
Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.
Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.
Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.
Especialmente él.
Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.
Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?












