Capítulo 22 El juicio de las sombras

El aire dentro de la cava olía a humedad, madera vieja y al óxido implacable del hierro. Subimos por la escalera de caracol en absoluto silencio, pisando con el metatarso para no hacer crujir los escalones de madera podrida.

Al llegar al descansillo superior, la luz tenue de un quinqué filtraba...

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