Capítulo 49 Olor a peligro.

Damián subió a su deportivo negro en el estacionamiento privado, encendió el motor que rugió como una bestia despertando y salió quemando llanta hacia la carretera. 

Conducía con una sola mano en el volante, la otra apretada en un puño.

—Si la tocas, Nicolás... —murmuró al viento, con los ojos fijos...

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