Capítulo 94 La fuga de la hiena.

En la mansión Rostov, el silencio era engañoso. Giselle estaba en la sala de estar, sirviéndose su tercera copa de coñac. Sus manos, normalmente firmes y elegantes, temblaban tanto que el licor salpicaba el borde de cristal. 

El reloj de abuelo del vestíbulo marcó las tres y media de la madrugada. D...

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