Odio

Bajé la cabeza; una oleada de culpa me inundó al pensar en el engaño inminente que tendría que cometer. Las mentiras nunca se me habían dado bien, y la idea de engañar a mi tía pesaba con fuerza sobre mi conciencia.

—¿De verdad crees que él se interesaría por alguien como yo, tía? Claro que no pasó...

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