El Bond.

El familiar tintineo de la campana sobre la puerta pareció darle vida al lugar, y ella sintió una sensación de calidez y alegría llenar su corazón.

—¡Hola, muchacho! —exclamó, saludando al cajero con un rápido gesto de la mano—. Sabes por qué estoy aquí, ¿verdad?

—Sí, lo sé, señora Mackenzie —resp...

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