The Drive.
Isabel se alejaba de la ciudad con el viento en el cabello y el sol en el rostro, sintiéndose libre por primera vez en mucho tiempo. La carretera se extendía ante ella, serpenteando entre las montañas y los árboles. Subió el volumen de la radio y dejó que la música la envolviera, sintiendo el ritmo pulsar a través de su cuerpo.
La canción que sonaba era "Roar" de Katy Perry, y la letra resonaba con su recién descubierta sensación de empoderamiento:
"I got the eye of the tiger, a fighter, dancing through the fire
'Cause I am a champion and you're gonna hear me roar
Louder, louder than a lion
'Cause I am a champion and you're gonna hear me roar"
Isabel cantaba, sintiendo la fuerza en su voz mientras entonaba el coro. Sentía que podía conquistar cualquier cosa, que nada podría detenerla. Era una campeona, y estaba lista para rugir.
A medida que conducía más adentro de las montañas, se maravillaba con la belleza que la rodeaba. Los árboles se alzaban sobre ella, sus hojas susurrando con la brisa. El sol comenzaba a arrojar un cálido resplandor sobre todo. Se encontraba sonriendo incontrolablemente, sintiéndose más viva que en años.
Sabía que no tenía un plan, que no sabía a dónde se dirigía. Pero por primera vez en mucho tiempo, eso no la asustaba. Era libre para ir a donde quisiera, para hacer lo que quisiera. Era su propia persona, y haría su propio camino.
Isabel subió el volumen de la música y se dejó perder en la belleza del momento. Era joven, hermosa y mágica, y nada podría detenerla ahora. Estaba lista para enfrentarse al mundo.
Isabel condujo durante horas, perdida en sus pensamientos y emociones. A pesar de la sensación liberadora de alejarse de su antigua vida, a veces la duda se colaba. ¿Era esta la decisión correcta? ¿Se arrepentiría de dejar todo atrás? Pero sabía en el fondo que no podía volver a la vida que había estado viviendo antes.
A medida que los kilómetros pasaban, se encontró llorando un par de veces. Lloraba por la pérdida de su antigua vida, por la incertidumbre del futuro y por el dolor que le había causado a Brad. Pero también lloraba de alivio y alegría al pensar en finalmente ser libre y comenzar una nueva vida en sus propios términos.
Mientras seguía conduciendo, perdida en sus pensamientos, Isabel se dio cuenta de que ese día había sido más largo que cualquier otro en su vida. Había estado en la carretera lo que parecía una eternidad, su mente corriendo con pensamientos y emociones. Estaba agotada, física y mentalmente, y anhelaba hablar con alguien, alguien que pudiera darle sentido a sus pensamientos desordenados.
No ayudaba que estuviera conduciendo hacia el oeste y, por lo tanto, hubiera ganado una hora extra en lo que ya era el día más largo de todos. Eso le recordó inmediatamente el concepto del horario de verano y la irritó mucho. Siempre había sentido que su mente funcionaba de manera diferente a la de los demás, pero esto era distinto.
La idea de perder o ganar una hora de tiempo siempre le había parecido extraña. ¿Por qué no podía el reloj quedarse igual? ¿Era realmente necesario cambiarlo dos veces al año? Deseaba tener a alguien con quien discutir esto, alguien que entendiera su peculiar forma de pensar.
Isabel siempre se había sentido como una extraña, incluso entre sus amigos más cercanos. No podía precisar exactamente por qué, pero sabía que sus pensamientos y sentimientos eran diferentes a los de los demás. A veces deseaba poder ser "normal", pero en el fondo sabía que era especial. Tenía una cierta magia, una forma de ver el mundo que era completamente suya.
Isabel anhelaba tener a alguien con quien compartir sus pensamientos, que la ayudara a darle sentido a esta extraña y desconocida sensación. Deseaba tener una amiga como Hermione Granger, que siempre tenía las respuestas y podía explicar las cosas de una manera que tuviera sentido.
Pero estaba sola, con solo sus propios pensamientos y sentimientos para guiarla. Mientras seguía conduciendo perdida en sus pensamientos, de repente se dio cuenta de que había estado manejando durante horas sin saber realmente a dónde iba y pronto necesitaría encontrar un lugar donde pasar la noche.
Isabel respiró hondo y miró a su alrededor. Fue entonces cuando vio un cartel de alquiler de cabañas enclavado en las montañas. Se preguntó si estaba perdiendo la cabeza, si todo esto era solo una invención de su imaginación. El cartel parecía llamarla, y sin dudarlo, tomó la salida y siguió el camino serpenteante hacia la cabaña.
Al llegar a la pintoresca cabaña, sintió una sensación de paz y serenidad invadirla. Las montañas y el bosque circundante eran impresionantes, y supo que ese era el lugar donde debía estar. La canción en la radio cambió a "Brave" de Sara Bareilles, y la letra parecía hablarle directamente:
"Say what you wanna say
And let the words fall out
Honestly, I wanna see you be brave"
Isabel respiró hondo y sintió una oleada de valor y determinación llenarla. Sabía que esto era solo el comienzo de su viaje y que habría más momentos de duda y miedo, pero estaba lista para enfrentarlos de frente. Salió del coche y caminó hacia la cabaña con una nueva sensación de confianza y esperanza para el futuro.
Isabel se detuvo en la entrada del sendero que conducía a la cabaña, contemplando el paisaje a su alrededor. No podía creer lo familiar que se sentía todo, aunque nunca había estado allí antes. Era como un sueño, un lugar que había visitado innumerables veces en su mente. El sonido de un arroyo cercano fluyendo entre las rocas y los pájaros cantando a lo lejos añadían al sentimiento mágico.
A medida que daba cada paso, su mente se llenaba de pensamientos sobre lo que todo esto significaba. ¿Era déjà vu? ¿Había estado aquí antes en otra vida? No entendía el concepto, pero era la única explicación que tenía sentido. No podía sacudirse la sensación de que este lugar era significativo, que contenía algún tipo de respuestas para ella.
Isabel continuó por el sendero, pasando junto a árboles cuyas hojas susurraban con la suave brisa. El aroma de las agujas de pino y las flores silvestres llenaba sus fosas nasales, y cerró los ojos, respirando profundamente. Era como si el mismo aire a su alrededor estuviera vivo y lleno de magia.
Pronto se dio cuenta de que el sol se había ocultado bajo el horizonte, y el cielo se estaba volviendo de un profundo tono violeta.
Podía ver la cabaña más adelante, enclavada entre los árboles, y una sensación de emoción la invadió. Aceleró el paso, ansiosa por explorar este lugar que se sentía como su hogar, a pesar de nunca haber estado allí antes.
Al acercarse, se detuvo frente a la puerta, observando las intrincadas tallas y el viejo y rústico aspecto de la madera. No podía esperar para entrar y ver qué secretos guardaba este lugar, pero al mismo tiempo, estaba dudosa. ¿Y si no era real? ¿Y si todo estaba en su mente?
Isabel tenía la mano lista para golpear, cuando de repente la golpeó una ola de fatiga. Se sintió como si un peso hubiera caído sobre sus hombros, y apenas podía reunir la fuerza para levantar el brazo.
Se apoyó pesadamente contra el marco de la puerta, respirando profundamente el aire fresco de la montaña. La brisa llevaba el aroma de los pinos y el sonido distante de un río corriendo sobre las rocas. Era un lugar hermoso y pacífico.
Mientras estaba allí, Isabel no podía evitar preguntarse por qué se sentía tan atraída por este lugar. Era como si hubiera estado aquí antes, en otra vida o en un sueño. La sensación era tan fuerte que no podía deshacerse de ella, y la dejaba sintiéndose confundida y ligeramente desorientada. Se preguntaba si había algún tipo de magia en juego aquí, algo más allá de su comprensión.
A pesar de sus dudas, Isabel sabía que tenía que explorar este lugar más a fondo. Tenía que descubrir qué la había atraído aquí y qué secretos guardaba. Con un profundo suspiro, levantó la mano y golpeó la puerta, su corazón latiendo con anticipación.
