Capítulo 6 Capítulo 5 — El despertar

El aire cambió.

Lo sentí incluso antes de abrir los ojos, como si algo invisible se hubiera tensado a mi alrededor. Cuando desperté, no fue de golpe, sino con una lucidez incómoda, absoluta. Cada sonido era demasiado claro, demasiado cercano. Mi propio corazón marcaba el ritmo en mi pecho, fuerte, constante, imposible de ignorar.

Mi loba estaba despierta.

El calor nació en el centro de mi pecho y se expandió sin pedir permiso. Me atravesó la espalda, los brazos, las piernas. No dolía, pero tampoco era suave. Era intenso. Vivo. Me incorporé bruscamente y terminé de rodillas sobre la cama, empapada en sudor, temblando mientras la energía recorría cada parte de mí.

No era miedo lo que me hacía temblar. Era reconocimiento.

Algo que había estado dormido toda mi vida, por fin se movía dentro de mí, reclamando espacio. Mi respiración se volvió irregular, profunda, como si mi cuerpo intentara adaptarse a algo nuevo. Mis manos se aferraron a las sábanas, buscando anclarse mientras todo vibraba bajo mi piel.

No estaba rompiéndome. Estaba despertando.

Y no fui la única que lo sintió.

En ese instante, a kilómetros de distancia, los cuatrillizos también lo sintieron

Kael: Mientras patrullaba cerca del límite norte en mi forma de lobo, sentí como si el mundo se detuviera. La certeza de que Laila es nuestra compañera me recorrió como un latido que no puedo ignorar. La recordaba más joven, frágil y curiosa, y recuerdo cómo, al principio, sin comprender del todo, la alejamos con palabras duras, creyendo protegerla. Ahora todo tenía sentido, y mi lobo rugió dentro de mí, fuerte, como si celebrara la llegada de lo que siempre fue suyo. —Nuestra luna por fin ha despertado completamente —rugió Falkor desde lo más profundo de su pecho.

Daren: Estaba solo en los baños termales cuando el impacto de su energía me atravesó antes de que pudiera reaccionar. Cada fibra de mi ser reconoció lo que ya sabía: ella es mía, nuestra luna. La fuerza de su despertar era como un imán que arrastraba mi alma. Recordé los días en que la empujamos lejos, con dureza, sin entender qué nuestras palabras la herían. Ahora entendía; todo lo que sentimos entonces era confusión, y nada podría cambiar que es nuestra compañera, aunque nos costara ganarnos su perdón. —Finalmente —gruñó su lobo Vorren—. Nuestra luna despertó, ahora debemos ganarnos su perdón y su amor.

Thian: Mientras estaba entre los pergaminos de la biblioteca, sentí su presencia como un golpe directo al corazón. Mi lobo murmuró dentro de mí: “Nuestra luna ha despertado”. La certeza me inundó y, junto con ella, un torrente de recuerdos: cómo corría entre los árboles, cómo buscaba protección en nosotros, y cómo nosotros, ignorando el verdadero lazo, la empujábamos a distancia. Ahora, al sentir su despertar completo, comprendí que todo ese dolor era inútil frente a lo que nos une. —No hay duda —dijo su lobo Saelor—. Es hora de que nos disculpemos con nuestra luna y roguemos por su perdón.

Riven: Mientras entrenaba en soledad, caí de rodillas. El fuego en mi pecho era incontrolable. Cerré los ojos y dejé que mi lobo Azhkar se calmara dentro de mí. Sabía desde hace años que ella era nuestra compañera, que cada momento de alejamiento había sido una tontería nacida del miedo a lo desconocido. Ahora la sentía despertar, y con esa fuerza entendí que siempre estaría a nuestro lado, y nosotros a su lado, sin importar lo que viniera. — Ella nos siente al igual que nosotros a ella, pero se resiste — Dijo su lobo Azhkar

No pronunciamos palabra alguna. No hacía falta. Lo que sentíamos no podía describirse, solo vivirse. La conocíamos. La habíamos protegido y, a veces, herido sin querer. Ahora, la sentíamos plenamente, completa, nuestra.

Flashback

Diez años atrás…

La noche del despertar no empezó esa noche, para nosotros, había comenzado un año antes.

Desde que cumplimos diecisiete, algo se había torcido en el equilibrio que siempre habíamos tenido con Laila. No sabíamos ponerle nombre, pero lo sentíamos. Demasiado cerca y presente. Su risa nos desarmaba. Su voz nos inquietaba. Y no de la forma correcta.

Yo, Kael, fui el primero en notarlo. La forma en que mi lobo reaccionaba cuando ella corría hacia mí. El impulso absurdo de ponerme delante, de marcar territorio, de gruñirle a otros lobos cuando se acercaban demasiado. No era protección de hermano. Era otra cosa. Y me aterraba. Por eso comencé a poner distancia, ya que no lograba entender que era esto que sentía, pero esa distancia vino acompañada de palabras que tal vez no deberíamos haber dicho, pero las dijimos, y ese fue nuestro error. 

Yo, Daren, me volví irritable, brusco. Empezó a hablarle mal, a empujarla lejos con palabras que no medía. No porque no la quisiera… sino porque no entendía por qué su sola presencia me desestabilizaba tanto. Yo, Thian intenté racionalizarlo. Convencerme de que era una fase. Que desaparecería. Que ella era nuestra hermana adoptiva, una niña, y que cualquier otra interpretación era impensable. 

Y por último estoy yo Riven me encerré en el silencio, lo más que pude, la evite por completo. No porque no la sintiera, sino porque sentirla me dejaba sin aire. Y así, sin darnos cuenta, empezamos a romperla.

No con golpes. Con distancia, con frialdad, con palabras duras dichas, sin mirar atrás. Convencidos de que alejándola, que haciéndole creer que no nos importaba, ese nudo extraño en el pecho desaparecería, pero no lo hizo.

La noche de nuestro despertar, Laila estaba allí.

No como un símbolo. No como una visión. Como siempre había estado: sentada cerca del círculo, observándonos con esos ojos atentos que parecían entender más de lo que deberían.

Cuando mi transformación comenzó, el dolor fue secundario. Lo primero que sentí fue el tirón. Brutal. Definitivo. No hacia la luna, ni hacia la manada.

Hacia ella.

Kael: Mi lobo Falkor no rugió de poder. Rugió de reconocimiento. Y en ese instante lo supe. Todo encajó con una claridad cruel. La incomodidad. La rabia. El impulso de proteger y alejar al mismo tiempo. No era un error. No era una anomalía, Era el vínculo de pareja que nos unía a Laila, pero ella era menor que nosotros por diez años, no podíamos reclamarla y comenzamos a Alejarla, al principio solo la ignorábamos, pero luego recurrimos a palabras duras y crueles de las que tiempo después nos arrepentimos, pero el daño ya estaba hecho.

Daren; caí de rodillas casi al mismo tiempo que Kael, mi respiración se volvió errática, mi lobo Vorren golpeando contra mi pecho como una bestia enjaulada. No necesite palabras. La certeza me atravesó sin piedad. Laila era mi compañera, nuestra luna y siempre había sido ella. Y ahora entenderlo me llenaba de culpa, culpa por sentir atracción y amor más allá de la hermandad por alguien diez años menor que nosotros.

Thian: fui el que más resistió, lo negué incluso cuando mi lobo Saelor despertó del todo. Lo negué mientras el lazo se tensaba hasta dolerme. Pero cuando levante la vista y la encontré mirándome, con esa mezcla de orgullo y miedo, mi resistencia se quebró. No podía huir de algo que ya existía. Y para tratar de aliviar o retener las ganas y la necesidad de estar con ella como más que su hermano comencé a alejarla con palabras duras, incluso llegamos a decirle que no era nuestra hermana, en ese momento no queríamos decir eso exactamente, pero tampoco podíamos decirle que ella era nuestra compañera destinada por la diosa luna.

Riven: Yo no dije nada y cuando mi lobo despertó, la conexión fue tan intensa que tuve que apartar la mirada de ella para no delatarme. Al igual que mis hermanos, la atracción era muy fuerte y la alejamos de manera cruel, ya que no sabíamos como actuar, nuestros padres no estaban presentes, pasaban mucho tiempo fuera en reuniones, entonces nunca se dieron cuenta de lo que pasaba.

Éramos adultos, ella era una niña y eso lo cambiaba todo.

Desde esa noche supimos la verdad… y decidimos callarla. No por cobardía. Por terror, culpa y por no saber cómo convivir con un destino que llegaba antes de tiempo.

La promesa no fue hablada. Fue instintiva: protegerla incluso de nosotros mismos.

Y así, creyendo hacer lo correcto, la alejamos aún más.

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