Capítulo 3 Capítulo 3: Día lleno de amenazas

Mi mente intenta procesar todo lo que acaba de pasar. Era demasiado ilógico y de muy mala suerte que yo hubiese rescatado a un loco de este tipo. Uno que te amenaza a cada rato, te ordena como tu dueño y te besa como si nada. ¿Qué tipo de locura era esta?

— ¿Cómo te llamas, doctora Dunham?

— ¿Por qué debo decirte mi nombre? — pregunto a la defensiva.

— Puedes no hacerlo. Te mataré y cuando aparezcas en los periódicos como un nuevo feminicio o cualquier tontería, sabré tu nombre y mucho más. 

— Me llamo Jude Dunham. Soy médica y esta es mi clínica. — digo rápidamente. 

— Entiendo, ¿qué más puedes decirme? — dice complacido por mi obediencia.

— ¿Qué quieres saber? — pregunto deseando que esto termine pronto. 

— Edad. Quienes son tus padres. Que relación tienes con la mafia — dice y yo sonrió. 

— ¿Mafia? Creo que alguien esta obsesionado con la película El padrino o quizás, Pablo Escobar

— ¿No crees que la mafia sea real?

— Lo es. Pablo escobar es una serie de un criminal. Pero, ¿yo estar involucrada con la mafia? 

— ¿No es posible?

— ¿Qué persona de la mafia quisiera hacer trato con una pequeña clínica?

— Resultamos muchas veces heridos, por lo que, necesitamos personal médico a nuestro servicio. En lo que a mí respecta, si es posible. 

— Entonces deme un buen contrato. Necesito tener ese tipo de socios — bromeo. 

— ¿Eso quieres?

— No. Mi edad, 29 años. No sé quiénes son mis padres, ¿qué más quieres saber? — pregunto agotada por sus amenazas con el arma.

— ¿Por qué estabas en el lugar donde quede inconsciente?

— Mala suerte, diría yo — susurro.

— ¿Qué dijiste?

— Fue coincidencia. Siempre frecuento esos lugares para alimentar a los animales de la calle y te vi allí. 

— ¿En serio? — pregunta en tono burlón 

— Voy a varios lugares a alimentarlos. Así que, en una de mis rutas, estabas. Te cruzaste en mi camino y te ayude por verte herido.

— Entiendo.

— Bueno, ya es de noche, ni me he duchado, ni dormido bien. Necesito irme. 

— ¿Por qué?

— Debo ir a casa por nueva ropa y debo buscar unos documentos importantes que necesito estudiar. Hay un caso delicado de salud que voy a abordar y la información sobre ello, la dejé en mi casa para estudiarla anoche. 

— Eso puede esperar.

— Su condición médica no es buena, por lo que, debo apresurarme antes que la abuela, pierda la vida. 

— Puede esperar.

— Esta bien que dudes de mí. Pero, te he demostrado todo el día que no tengo intención de huir y menos, si te dejo en mi clínica. Así que, por favor, deja que me vaya a buscar esos documento y ropa limpia. 

— Muy buena tu excusa. Pero no voy a darte la oportunidad wue vacied la clínica y llames a la policía.

— ¿Por qué haría eso ahora?

— No habías podido salir antes y tú conoces tu clínica. Así que, sabes que hacer para vaciarla y que ninguna persona cobra riesgo mientras llega la policía por mí. Así que, no vas a ir. 

— Pero…

— ¿Quieres que lo diga de otra forma? — pregunta apuntándome con el arma — porque puedo llamar la atención de una enfermera y matarla frente a ti para que creas que hablo en serio.

— Esta bien, me quedaré. 

— Pero no aquí, ¿tienes salas más grandes?

— Tengo una sala privada en el segundo piso. Es por di viene un paciente que exige una habitación VIP.

— Perfecto. Vayamos allí. — ordena y yo respiro profundo.

— ¿Cómo lo vamos a hacer? 

— Tendré el arma en el bolsillo interno de mi chaqueta. Si hace algo o veo dirigirse que habla en clave, le disparare, ¿lo entiendes? — me amenaza por millonésima vez en el día. 

— Lo entiendo. 

El hombre de coloca a mi lado y caminamos hacia el ascensor mientras su arma golpea mi costilla. Durante el trayecto, saludo con la cabeza a quien me cruzo, para no darle motivos a ese loco de dispararme. Por fortuna, lejanos sin problema a la habitación más grande de mi clínica y de inmediato, él se acuesta en la cama grande y única en la habitación. 

— Entonces, ¿Dónde puedo dormir yo? ¿o puedo ir a casa a dormir? Porque otra noche en un sillón, no lo soportaría. — digo resaltando lo importante. 

— Si quieres dormir cómoda, puedes dormir aquí conmigo. — dice sonriendo. 

Era más que evidente que estaba burlándose de mí y yo quería mandarlo al infierno y largarme. Pero, él tenía un arma y yo, además de no tenerla, soy muy delgada y pequeña. Más, delante de un hombre que bien supera el metro noventa y yo, escaleras lleno a un metro cincuenta. Por donde lo vea, tenía desventajas. Muchas de la que no puedo encontrar solución. 

— ¿Qué dices? ¿Quieres dormir en una suave cama donde tendrás tu espalda recta y cómoda?

— ¿Tus padres no te enseñaron a ser caballero?  Cuando hay una cama, el hombre debe cederla a la mujer — digo mostrando lo obvio.

— ¿No te educaron bien en la universidad? No se debe quitar la comodidad de un enfermo, solo porque sea hombre. Me decepciona, Jude. Pensé que eras una buena chica.

El enojo me invade al no poder ganar siquiera una discusión. Pero, ¿Quién es la culpable? Yo. Todo lo que está pasando, es mi maldita culpa, por estar rescatando s cuanto animal me encuentro en la calle. Y perdón perros y gatos por colocar a esta persona en su categoría, cuando ustedes si son agradecidos y buenos.

— ¿Se te fundieron las neuronas? Estas haciendo una cara bastante tonta. 

Oh, maldita sea. Si sigue así, va a convertirse en asesina. Sé que estoy a nada de serlo. 

— ¿Vas a dormir conmigo o no?

— Prefiero dormir en el suelo. Allí puedo tener la espalda recta, sin tener que dormir con alguien desagradable.

— ¿En serio quiere eso? Porque dudo que quiera ser acariciada por un ratón, cucaracha o algún animal que se arrastre. 

De inmediato, levantó mis pies horrorizada y eso, le causa mucha risa a ese maldito hombre que está por volverme en asesina.

— Puedes dormir aquí o dormir con cualquier animal que puede por el suelo. 

Soy consciente que nunca he visto ratas o algo por el estilo. Pero, la mención me asusta y cualquier posibilidad de dormir en el suelo, queda en el olvido.

— No, gracias. Prefiero dormir en la mesa. Allí estaré bien, buenas noches — digo corriendo e ignorando su propuesta ilógica, como todo en él. 

— Esta bien, es tu decisión. Ojalá la mesa de vidrio soporte tu mesa.

— Lo hará. No se preocupe por ello — digo subiendo a la mesa muy suave y lentamente, para después, quedar dormida profundamente a pesar del miedo que sentía.

Un estruendo fuerte, me despierta y yo salto de la cama, pensando que la mesa no ha soportado mi peso. Agitada, intento recuperar el aliento ante el susto que he vivido, pero el ruido vuelve a escucharse y los gritos seguidos de disparos, me quitan toda oportunidad de sueño y tranquilidad. 

De inmediato, miro s mi alrededor buscando por donde salir y es allí cuando una mano áspera me toma colocando el arma bajo mi mentón. Su ira rabia evidente y yo dolo temblaba por ser asesinada, bien sea por él o por quienes habían llegado por él. 

— Me dijiste que no habías avisado a nadie que estaba aquí. — dice molesto.

— ¿Cómo iba a avisar si no se quien eres? Si hubiese delatado tu ubicación, la daría varios kilómetros lejos de la clínica que están destruyendo ahora. 

— No trates de hacerte la inteligente conmigo mujer. 

— Intenta ser inteligente tú, si te hubiese delatado ¿habría esperado hasta ahora para que vinieran a rescatarme? No, mejor, ¿la policía habría entrado como locos disparando a mi gente y mi clínica? — pregunto molesta y él aleja su arma de mí — he estado contigo todo el día, ¿cuándo llamaría a esos animales que destruyen lo que con préstamos y mucho esfuerzo, logre tener? — pregunto en medio de lágrimas de dolor por escuchar como gritan suplicando ayuda.

— Entiendo. Lamento haber desconfiado de ti. 

— Gracias. Por fin dices unas palabras amables. — digo exasperada de esta situación.  

— Esta bien. No nos vamos a enojar, por quien es el culpable. Debemos encontrar una salida. 

Una explosión hace que ese hombre se lance a mí y yo intente proteger mi cuerpo del caos que la detonación causa en mi clínica, que por fortuna, en la habitación donde estamos, solo se mueven varias cosas. 

— Busquen al monstruo. No podemos irnos sin matarlo. Es nuestra oportunidad de oro — dice un hombre mientras unas pisadas que sin duda, me hacen pensar en más de cinco hombres. 

— Levántate. Debemos encontrar otra salida antes antes el enemigo que encontró mi ubicación, nos mate.

— ¿Te dicen monstruo? — pregunto asombrada y él mira hacia afuera con su arma en mano para después mirarme y asentir — Bueno, nada mal ese apodo. Aunque hubiese sido mejor que te dijeran loco o algo que se relacionará a tu locura. — murmuro y los disparos nos hacen aleja de la puerta.

— ¿Quieres hablar sobre mi apodo cuando hay personas hostiles ansiosos por matarme y asesinar a quien este conmigo?

— ¿Qué? ¿Por qué yo? 

— Eres la dueña de esta clínica, ¿a quien crees que van a torturar por saber mi ubicación? — pregunta y allí descubrí cuan imbécil soy.

Definitivamente, soy una idiota por haber rescatado a un criminal y eso va a costarme la vida. Ser altruista con humanos, me ha causado demasiado problemas. Sin duda, me abofetearé si vuelvo a hacer algo así.

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