
El acuerdo del mafioso
Lala-Sula · Completado · 321.0k Palabras
Introducción
Jude Dunham, una doctora italiana, salvó a quien le hará la vida un poco más complicada y entretenida.
¿Aceptara Jude el acuerdo de un mafioso? ¿Qué tanto podría cambiar la vida de Jude al tener cerca a Ezra?
Capítulo 1
Disparo mientras corro. Hoy estreno una nueva sección que me ayuda a entrenar para un ataque. Los robots se mueven y disparan para matarme, mientras yo corro disparando a los visibles y pensando en que lugar puede ser un buen escondite. Conozco mi arma y por ello, recargo la misma mientras me oculto. Sé dónde poder esconderme y que usar como ventaja.
Hace tiempo, perdí a mis padres y ese dolor, solo ha servido como motivación para hacerme invencible. En este mundo, asesinar no es suficiente, sino, saber hacerlo. Sembrar terror por donde pases para dejar un mensaje claro que, con el monstruo, no deben meterse.
Termino de acabar los robots que caen al suelo por el impacto y mi top aplaude complacido por la bestia salvaje que sale cuando alguien desea atacarme.
— ¿Te gusta la fundían o tienes algo importante que decirme? — pregunto caminando hacia él mientras limpio mi sudor.
— Verte disparar es un espectáculo emocionante. Pero, vine aquí por algo importante. En nuestras filas hay un traidor, monstruo. Un maldito alemán que se atrevo a robar información de nuestras rutas y proveedores.
— ¿sabes a donde fue?
— Italia. Quiere vender la información al mejor comprador y por ello, ahora está allá. Necesito que tomes lo que ha robado y le enseñes una lección. — dice entregándole una carpeta con la información del hombre.
— Tu gente ya fue informada y hasta hoy tienes la oportunidad de capturarlo. Un informante me ha dicho que en veintisiete horas se reunirá con Morris y sabrás que él no va a dejar que matemos a la rata. Sin mencionar que podría generar problemas en el negocio.
— Lo entiendo, tío.
— Recuerda el castigo de los traidores, Ezra y no se te olvide, traer de regreso los documentos.
— Sí, tío. Me marcho. — dice marchándose hacia la bodega donde sus hombres de preparan.
El trayecto es largo, tienen que preparar mucho para viajar de Estados Unidos a Italia. Por lo que, faltan dos horas para el tiempo acordado, cuando él se adentra en el castillo donde su objetivo está por salir.
Sus hombres se mueven rápido y de inmediato, las balas comienzan a parar de un lado al otro. Ezra Sadler, conocido como el monstruo, avanza colocando sus brazos a la altura de los hombros, mientras dispara a su enemigo. Desde la distancia, ve su objetivo huir al fondo de la casa y él sonríe avanzando con sus hombres.
Rápidamente, camina hacia la puerta donde lanza un explosivo que hace añicos esa parte de la casa. Mientras avanza, mata todos a su paso sin mirarlos más de una vez. Siendo tan preciso y altivo como siempre.
Cuando llega a la puerta destruida, el hombre que intentaba huir por la ventana, había sido apuntado con los hombres del Monstruo. Por lo que, retrocede hasta el centro del estudio donde se arrodilla al verse sin alguna salida.
— Monstruo…
— ¿Sabed cuál es el castigo de los traidores? — pregunta y él tiembla al saber la respuesta — El hacha — ordena y uno de sus hombres se la entrega.
— Señor, yo le puedo prometer que no volverá a suceder. Seré fiel a usted si es lo que quiere, pero por favor, no me mate.
— Manos lejos de las piernas o cortaré demasiado rápido las partes de tu cuerpo.
— Señor…
El monstruo mira a sus hombres y ellos de inmediato, golpean al traidor y lo acuestan sobre su abdomen con las manos extendidas. De inmediato, el Monstruo levanta el hacha y la deja caer sobre la unido del brazo con las manos. De inmediato, el grito del traidor, se hace escuchar mientras él camina hacia los pies de su objetivo.
— Las manos se cortan por tomar lo que no debes y los pies — dice dejando caer el hacha con todas sus fuerzas — son para que no corras a traicionarnos. Ya no volverás a hacerlo. Sé que ahora, si has aprendido la lección.
— ¡Eres un maldito animal! — gritó enojado y él sonríe.
— Te equivocas, soy un monstruo, no un animal. — dice sonriente y de inmediato, una explosión los hace quedar contra la pared.
Los oídos de todos comienzan a sangrar mientras intentan recuperarse del impacto. Varios hombres armados, ingresan al castillo, mientras el monstruo intenta levantarse del suelo.
— ¡Emboscada! — gritan y de inmediato, los disparos comienzan a escucharse mientras el equipo del monstruo que estaba lejos del impacto, corre a auxiliar a su jefe.
El monstruo se levanta como puede y toma su arma con la que dispara con violencia. Es por ello que, el enemigo, lanza una bomba que él ve y de inmediato, corre y se lanza desde el balcón, donde la explosión lo lanza más lejos.
El monstruo, cae encima de los árboles que amortiguan un poco si caída, fracturando partes de su cuerpo. Él, agotado y con una herida de bala en su pierna, cae al suelo sobre las ramas del gran árbol. Allí, escucha los disparos que acaban con su equipo y él intenta correr lejos del caos.
Subiendo el muro que protege el lugar, cae del otro lado que separa la propiedad, donde corre como puede, aunque moverse para él es demasiado doloroso. El invencible monstruo, estaba agonizando con las múltiples heridas que habían causado una hemorragia interna y todo lo empeoraba, las fracturas que ya tenia y al lanzarse del muro, había empeorado.
Estaba demasiado mal y aun así, caminaba como podía, usando los caminos más estrechos de la ciudad, mientras autos se movían rápidamente intentando encontrarlo. Estaba demasiado mal y fue por ello que, cayó desplomado en un callejón oscuro y húmedo.
Jude, quien llamaba a los gatos chocando las dos latas de atún, caminaba cerca de ese lugar. Los gatos que maullaban, se reunían en el mismo punto donde ella todas las noches, le daba comida a los gatos.
— Tengan pequeños. Espero que esto alimente sus vacíos estómagos. — dice para después, levantarse y caminar con la comida de animal que solo agitaba a varios metros para llamar a los perros.
A Jude le gustaba alimentar a perros callejeros y aunque era una doctora muy ocupada con su propia clínica, siempre sacaba tiempo para ayudar a los pequeños huérfanos como ella y abandonados por la sociedad.
Fue acariciando a los perros que vio una persona que se derrumbaba. De inmediato, corrió a auxiliarlo y al ver la complejidad de sus heridas, corrió hacia su auto donde manejó hasta donde estaba y con cuidado, lo llevó a su clínica.
— ¡Necesito ayuda aquí chicos! — grita y de inmediato, un enfermero sale — paciente con herida de bala en la pierna derecha, posible fracturas en las costillas y lesiones en su espalda y brazos, ingresa con una fuerte hemorragia en su pierna… — comienza a hablar.
Allí, ordenó a sus enfermeros de confianza que lo ayudarán a tratar a la persona que se encontraba en tal mal estado. Ordenaba rápidamente mientras revisaba su cuerpo. Sus compañeros de trabajo, se movían como ella lo exigía y en menos de dos horas, habían estabilizado al paciente.
— Me alegra que estés a salvo — susurra Jude al hombre inconsciente.
— Doctora Dunham, ¿cómo vamos a registrar al hombre? ¿Lo conoce? — pregunta uno de los enfermeros.
— No lo conozco. Pero el registro no es importante. Cuando se despierte, podremos hacerlo y si no, nada ha pasado. Yo no regrese a la clínica, ¿lo entiendes?
— Sí, doctora Dunham — dice el enfermero marchándose.
Jude, preocupada por el arma que le habían quitado al hombre, se quedó voy él toda la noche a la espera que reaccionar y di era posible, no atacara a su personal. Ya que, después de la descarga de adrenalina y el altruismo por auxiliar a un hombre herido, temía de con ello, poner en peligro a su personal.
La mañana llega y el hombre tatuado, se despierta encontrando a la mujer, profundamente dormida a su lado, mientras tenía su mano sobre la de él. Con molestia, quito su mano con brusquedad y eso, despertó a Jude quien adormilada abre los ojos para ver al hombre que había salvado.
— ¿Estás bien? ¿Te duele algo?
El monstruo, como lo llaman miro sorprendido a la mujer frente a él: piel pálida como un papel, cabello negro oscuro y rizado, que combinaba a la perfección con la mirada gris que sus ojos le brindaban.
La mujer, quien le sonrió, era la primera persona que lo hacía en muchos años. Lo despiadado, lo había causado en mujeres y hombres. Por lo que, las pocas que se habían acercado a él, tenían su misma mirada fría. Pero la mujer frente a él, no.
Es hermosa. — se dijo mentalmente.
— ¿Te encuentras bien? — pregunta Jude preocupada por no obtener una respuesta.
Mismo cabello, mismos ojos, misma sonrisa y se preocupa por mí de una manera amorosa y pura. Se parece a mi madre. La mujer frente a mí, se ve tan hermosa y puro como ella, y fue ella quien me salvo. Sin duda, es una señal.
— Quiero ser grande y casarme con una mujer perfecta como tú, madre. — dice un pequeño de mirada azul e inocente.
Su madre le sonríe y le acaricia sus mejillas.
— Seré feliz si consigues a una mujer que te ame como yo amo a tu padre. Solo así, podrás cuidarte y recordarte, que eres más que mafia, mi amor. Pienso en eso al conseguir una mujer. Debe amarte mucho para que te ayude a sanar.
Madre, creo que he encontrado a esa mujer. — se dice mentalmente
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Última actualización: 3/7/2026
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