Capítulo 4 Capítulo 4: Ser atacados
El miedo me invadía, nunca había tenido una experiencia cercana o parecida a esto y no saber que hacer para sobrevivir, genera miedo. Todo lo que podría hacer, tendría algún consecuencia negativa para mi, porque si corro pidiendo ayuda, este hombre me mataría antes de siquiera hacerlo y si me quedo con él, quien sea que lo esté buscando para matarlo, me mataría con él. Entonces, ¿Qué do hacer?
El hombre mira cuantas balas tiene y el alma me abandona el cuerpo al ver que solo tiene tres. Busco la manera de no hiperventile, pero la ansiedad me invade en terminó caminando de un lado al otro, claramente asustada.
— ¿Qué va a pasar con los animales que alimento? ¿Qué va a pasar con las familias que reciben su sustento al tener un trabajo aquí? ¿Qué va a pasar con los prestamos en el banco? ¿Qué va a pasar con mi cuerpo? Si yo no tengo familia que pueda llorar me. Yo…
Aprende a organizar tus prioridades. — me regaña mi mente.
Alimentar a los que no tienen que comer es la mayor de las prioridades. Ellos no hablan nuestro idioma ni trabajan para buscar du propio alimento— me quejo mentalmente
— Jude. — me llama y yo digo hablando sin siquiera escucharme.
El hombre suspira profundo y toma mi mentón con su mano, su toque es fuerte, pero no violento como todos los que hizo cuando curaba sus heridas o tenía que suministrar medicamentos durante el día.
Seguía siendo él, pero, gentil. Claramente, no era muy bueno en ello, pero, por lo menos, no me daba un tiro para que me quedará quieta.
Porque desperdiciaría balas que necesitará para huir.— me recuerda mi mente.
— Estará todo bien. Solo… no camines como gallina loca por toda la sala o podrías morir antes de lo que pueda protegerte — dice y yo me siento ofendida por como me ha llamado. Pero el disparo que atraviesa la puerta hace que toda ofensa quede en el olvido.
— ¡Aquí está! — grita uno de ellos y de inmediato, las balas comienzan a perforar toda la sala mientras ese hombre me lleva a una esquina de la misma donde nos lanzamos al suelo.
El miedo me invade al no saber que va a suceder y todo empeora cuando los veo entrar a la habitación que casi han destruido por completo. El hombre me deja entre la pared y uno de los muebles, mientras, se arrastra y con su única arma, dispara una sola vez, hasta quedar del otro lado de la sala, donde todos comienzan a dispararle y yo respiro profundo al contar las balas y saber que las probabilidades de que vida, son muy bajas.
Pero, el hombre que estuvo amenazándome todo el día, sabe como moverse y por ello, a todos nos sorprende cuando sale por otra parte de la nevera de la habitación y toma al hombre más cercano que desarma y toma como escudo mientras dispara a los demás.
Su movimiento, asesinó a cuatro hombres y con una nueva arma, que acaba con varios más. La destreza es demasiado sorprendente, pero, siguen llegando más enemigos a la habitación que ya parece una morgue.
— Que bueno verte, Monstruo. Por un momento pensé que habías huido como una gallina. — se burla un hombre que llega con su arma, pero no le dispara.
— Marsello, debía saber que eras tú. El único que hace este tipo de espectáculo, eres tú.
— Me dijera que conozcas mi marca, monstruo. Pero tú, has perdido la tuya. Porque ya no haces el caos que te caracteriza y has aprendido a ocultarte.
— Sé ser discreto cuando debo serlo. No como tú, quien carece de inteligencia, al punto de quedarse sin munición cuando me encuentra.
— En mi defensa, varios imbéciles de camino aquí, no querían darme tu ubicación. Pero, eso no es problema, sé matar sin usar una arma de fuego. — dice quitándose el arma, para sacar un cuchillo. — que nadie se meta yo me encargaré de acabar con este imbécil.
— Me parece bien — dice el Monstruo y de inmediato, desarma al hombre y golpea su rostro con un solo movimiento que hace sangrar su nariz.
Pero no termina con eso, si no que, con el cuchillo de su enemigo, hiere en el abdomen a su adversario que retrocede angustiado y sus hombres, reciben su cuerpo para que no caiga al suelo.
— ¿Qué les pasa? Mátenlo —dice molesto y fe inmediato, sus hombres, comienzan a intentar golpearlo.
El monstruo patea a uno y al otro, lo toma del cuello ejerciendo una fuerza que sin duda, es de un cavernícola. Más hombre se enfrentan a él, sino tres está vez que se lanzan a él intentando patearlos o siquiera herirlo de algún modo.
Pero, él toma la base donde se coloca el suero intravenoso y usándolo como arma, golpea los tres intentan herirlo. Parece chistoso como los golpea. Con su nueva arma, les pega en la cabeza, cuello y abdomen, con una fuerza que los hace retroceder, pero, eso no los mata. Lo hace que pise fuerte su espalda e incluso, camine sobre su espalda.
A juzgar por su peso y la fuerza con que camina, la muerte de sus víctimas es inmediata, al romper su columna vertebral en varias partes que sin duda, los deja sin esperanza de vivir. Asusta pero los hombres se siguen enfrentando a él y en menos de nada, usando solo sus puños y herramientas de la clínica, acaba con diez hombres.
El hombre, cuyo nombre es Marsello, fue inteligente y desapareció antes que lo notaremos. Por lo que, el peligro, ya no esta. El Monstruo, como lo llaman, camina hacia mí y me ayuda a levantarme.
— ¿Estás bien?
— Ahora se cual es tu debilidad — dice alguien antes de yo responder y de inmediato dispara.
La bala viaja hacia mí con tanta rapidez, mientras yo suplico que este no sea el final de mi vida. Pero, un hombre me protege con su pecho, recibiendo el disparo por mí, mientras dispara con la última bala que le quedaba de su arma.
Mi corazón se detiene cuando todo pasa así de rápido, pero por primera vez, me alegra ver como la vida de ese hombre, se esfuma de su cuerpo, al tener una bala en medio de su frente. Todo queda en silencio y el Monstruo cae sobre sus rodillas, tocando su vientre. Después de salir del asombro, lo reviso confirmando que tantos movimientos, abrieron las suturas que hice, empeorando sus heridas.
— Debo irme. Pronto enviaran más personas a buscarme. — dice, pero no puede siquiera, levantarse.
La actividad física que había hecho, fue demasiado para un paciente que aún no se ha curado de sus molestias. Ahora, aunque iba a irse, no podía dejar que lo hiciera, no, cuando me había salvado.
— Espera un momento, iré por medicamento y todo lo que necesito.
— No es necesario.
— Espérame. No tardaré, lo prometo — digo, corriendo a la bodega en mi oficina, con medicamentos que ayudarán que no sienta tanto dolor.
Escogiendo la medicina para él, una maliciosa idea viene a mi mente y de inmediato, sonrió al tomarla. Me había salvado la vida, pero eso no iba a borrar como me había tratado todo el día de ayer. Así que, debía cobrarle. Sin seguía molesta por todas las veces que me había amenazado y me había obligado a incluso asearlo.
Regrese rápidamente y comencé a darle medicina y poner sobre du piel, anestesia local para suturas nuevamente los cortes en su cuerpo. Mientras lo hacía, intentaba no mostrar felicidad por lo que estaba haciendo. Al poco tiempo, él empezó a rascar su cuello y pecho, mientras se quejaba del dolor
— ¿Por qué me sigue doliendo si me diste medicina para ello?
— Es porque ahora tus heridas son más graves, pero no te preocupes, pronto empezarás a sentirte relajado. — miento intentando no reírme.
— Pero, ¿por qué siento que me pica todo el cuerpo? ¿Me ha dado alergia o algo asi?
— No creo, no te has puesto rojo. Es más bien que estas adquirido malos hábitos para fingir que estas débil y que yo haga todo lo que quieras.
Eres cruel, usar medicina con efecto retardado y darle medicamento para que le produzca comezón a tu salvador, es demasiado. — me regaña mi mente
Pero, él me trató muy mal y debía darle una lección por amenazarme a cada rato. — me recuerdo — él lo merecía.
— No es por bromear, pero, realmente me pica.
— Espero un momento, pasará — aseguro.
Termino de susurrado, mientras él de rasca cada tanto y suspiro, aliviada por haber terminado mi tarea de una manera increíble.
— Ya esta, he terminado.
— Bueno, ahora sí, voy a marcharme.
— Espera que la anestesia pase un poco. Caminar, será un poco complicado. — digo y cuando él asiente, nuevamente tocan la puerta con perforaciones de balas y yo me asustó.
Por favor, Dios. Que no sean enemigos queriendo matarnos — pido nerviosa mientras el hombre frente a mí me pide que guarde silencio y como puede, se levanta buscando un arma que tenga balas. Pero ninguna tiene.
Rayos, no es posible que vuelvan a atacarnos. Si es así, no viviré para contar lo que pasó esta noche.
