
El deseo prohibido de los dos Alfas.
Sergio Rocha · En curso · 170.7k Palabras
Introducción
Capítulo 1
“Tu hermano mayor, del que jamás te hablé antes, se encuentra en Francia, tienes que buscarlo, Layla, búscalo y mantente a salvo, porque la luna llena se encuentra muy cerca. Encuentra a tu pareja, y se feliz, por favor.”
Layla Bridge acariciaba aquella lápida fría que se hallaba al fondo del cementerio. En ella, yacía escrito el nombre de su padre, el único familiar que había conocido y amado, y a quien había perdido meses atrás debido a la terrible enfermedad que mermó sus días. Su madre, había muerto cuando ella era muy pequeña, por lo que no tenía recuerdo alguno de la mujer que le dio la vida.
En sus veinticinco años, la hermosa joven de cabellos castaños y ojos grises del color de las tormentas jamás había sido besada; ni siquiera había sentido el suave rose de una mano masculina sobre su cuerpo, pues el amor, si no era con aquel joven que un día conoció en los floridos campos de España hacia casi diez años atrás, no le interesaba en lo absoluto, y aquella petición de su padre que ahora llegaba a su memoria, le pareció imposible de cumplir.
Además de todo, Layla estaba en la ruina, pues todo su dinero, lo había utilizado para mantener a su padre con vida…y al final, él también se había marchado.
Cumplir aquello que su padre le había dejado como su última voluntad, no sería lo mas sencillo, pues hasta el momento de su muerte, ella no se había enamorado mas que una vez y de aquel joven que, a veces, creía haber visto tan solo en sus sueños, pues nunca más volvió a saber de él. Además, sobre aquel hermano perdido, no había logrado ni siquiera encontrar un solo rastro, y aun siendo la famosa pintora que era, su ansiedad social y el costo de un viaje casi permanente a una nación extranjera, le habían complicado la búsqueda de su perdido pariente del que apenas y había sabido su existencia en el lecho de muerte de su padre, ya que este hermano desconocido, era el hijo de otra mujer diferente a su madre.
—Todo está listo señorita Bridge, el señor Beaumont le espera en París, se alegra mucho de que usted haya aceptado su propuesta. — decía un hombre que usaba un traje elegante, a las espaldas de Layla.
Dejando un ramo de blancas rosas frescas sobre la tumba de su padre, Layla cerró los ojos por un momento…aquella sería la última vez en tal vez mucho tiempo, que visitaría al padre que siempre amó y que la amó.
Caminando luego tras aquel hombre que ya la esperaba, Layla se sintió angustiada al mismo tiempo que agradecida; había recibido una propuesta para trabajar en la valiosa galería de arte del museo de Louvre, cuyo dueño Frederic Beaumont, era un apasionado del arte, y un coleccionista empedernido que había recorrido el mundo entero en busca de piezas valiosas que incrementaban el incalculable valor de su colección.
Ella, tan solo tenia que clasificar aquellas obras de arte, además de impartir cursos de pintura privados en el museo…aquella oferta, había sido su salvación, pues de esa manera podría viajar a Francia sin pagar nada, y su elevado salario y días libres, los ocuparía en la búsqueda de su hermano perdido.
Mas pronto que tarde, y con el patrocinio del señor Beaumont, Layla estaba ya sobre aquel avión que la llevaba ya a su destino, en tan solo unas horas, debía de decirle un hola a su nueva vida.
En un alto edificio en París, un apuesto hombre observaba aquella pintura hecha por una joven Layla Bridge cuando ella apenas tenía dieciséis años; la pintura frente a él, la había catapultado a la fama internacional.
Los ojos azules de Frederic Beaumont apreciaban aquella obra de arte con fascinación, pues la mirada del lobo en ella era tan profunda y atrayente, que, a momentos, la pintura parecía cobrar vida propia. Quería conocer a la mujer humana que había pintado aquello, quería saber como era la dama que había capturado una esencia de su alma sin saberlo.
—La señorita Bridge arribará pronto a la ciudad, mi señor, ¿Quiere que envíe a los hombres a recogerla? — cuestionó un hombre a las espaldas de Frederic, sacándolo completamente de sus pensamientos.
Dando una mirada fría a su subordinado, Frederic soltó un gruñido bajo, que paralizó de inmediato al otro hombre.
—No vuelvas a entrar al despacho del Alfa sin pedir permiso…beta. Y sobre la señorita Bridge, quiero que la traigan directamente al museo a verme. — respondió Frederic soltando otro gruñido de advertencia.
En el aeropuerto de París, Le Bourget, y después de poco menos de dos horas de vuelo desde España a Francia, Layla descendía del avión. Adormilada por el viaje, la hermosa joven buscaba su pasaporte entre su bolso mientras bajaba las escaleras, recién había salido del puente de abordaje, y sin detenerse ni mirar bien por donde iba caminando, repentinamente sintió chocar con algo demasiado duro, casi como una pared, y la joven cayó sobre el suelo.
—¿Por qué no se fija por donde va caminando?, ¿Acaso esta ciega? — cuestionó un joven y apuesto hombre de cabellos castaños y ojos verdes, quien le dio una mirada fría a Layla.
—Yo, lo siento mucho, buscaba mi pasaporte. — respondió Layla levantándose del suelo, y sintiendo un doloroso pinchazo en una de sus rodillas.
Se había hecho un raspón, y un poco de sangre se asomaba en su piel lastimada. Aquel joven hombre con el que Layla había chocado, sintió como aquel delicado aroma de la sangre de la joven, se mezclaba con el perfume de jazmín que ella estaba usando, aquel aroma, lo había embriagado.
Durante un momento, Layla creyó ver como los ojos verdes de aquel hombre desconocido, brillaron en color rojo intenso, y en un instante, el joven hombre la levantó con algo de brusquedad en sus brazos, al mismo tiempo que parecía olisquearla sin pudor alguno.
Layla sintió como sus mejillas ardieron ante el repentino acto del mismo hombre que minutos antes la había llamado ciega.
—Señor Esteban Rohan, ¿Todo está en orden? — cuestionó una joven que miró aquella escena con curiosidad, pues su señor estaba sosteniendo a una desconocida jovencita entre sus brazos al mismo tiempo que parecía olerla.
Dando una mirada a la asustada Layla en sus brazos, el señor Rohan sonrió mostrando un par de afilados colmillos que sobresalían intimidantes.
—¿Cuál es tu nombre mujer? Será mejor para ti decírmelo, pues desde este momento, tú me perteneces. — cuestionó Esteban Rohan.
Layla sintió que sus mejillas ardieron aún más por aquello dicho por el hombre hasta ese momento desconocido.
—¡No se lo diré a un loco desconocido! — gritó Layla al mismo tiempo que golpeaba el rostro de Esteban Rohan con su bolso, regando todo el contenido del mismo sobre el suelo.
Sorprendido por el acto, Esteban soltó a Layla quien rápidamente tomó todo cuanto pudo del contenido tirado de su bolso, y con el pasaporte en las manos corrió hacia en donde se encontraban las demás personas, perdiéndose entre la multitud.
Esteban sonrió, y levantando una tarjeta de papel del suelo que se había manchado levemente con la sangre de Layla, leyó el nombre en ella en voz alta.
—Layla Bridge, pintora. — pronunció Esteban saboreando aquel nombre en sus labios.
—Mi señor, ¿Sera posible? — cuestionó la mujer que acompañaba a Esteban.
Esteban Rohan sonrió.
—Si, Colette, parece ser que finalmente he encontrado a mi Luna…su olor, ha despertado a la bestia que duerme dentro de mi…Layla Bridge, tiene que ser mía. — respondió el Alfa sin dejar de mirar aquella tarjeta que tenía impregnado el aroma de Layla.
Últimos capítulos
#121 Capítulo 121 La vida despues.
Última actualización: 9/27/2026#120 Capítulo 120 El fin.
Última actualización: 7/21/2026#119 Capítulo 119 En las mieles de su amor.
Última actualización: 7/20/2026#118 Capítulo 118 Con sus propias manos.
Última actualización: 7/19/2026#117 Capítulo 117 Lo que es el amor.
Última actualización: 7/17/2026#116 Capítulo 116 Mi otra mitad.
Última actualización: 7/16/2026#115 Capítulo 115 Solo por ese instante.
Última actualización: 7/15/2026#114 Capítulo 114 Perderla para siempre.
Última actualización: 7/12/2026#113 Capítulo 113 Con odio.
Última actualización: 7/11/2026#112 Capítulo 112 El peor de los hombres.
Última actualización: 7/10/2026
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