Capítulo 63 Como una diosa.

En Le Rosey, Frederic contemplaba estupefacto aquello.

Sus labios, tan tersos y suaves como los pétalos de una rosa lo llevaban de nuevo a su paraíso personal, los sedosos cabellos de noche que acariciaba entre sus dedos eran aquel hermoso homenaje a Amaterasu que tanto adoraba, Alfred deseaba que ...

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