Capítulo 41 El peso del silencio

LUZIA

León conduce con una mano en el volante y la otra entrelazada con la mía sobre el asiento. Sus dedos son cálidos, seguros. Los míos están helados.

—¿Estás nerviosa? —pregunta, mirándome de reojo.

—Un poco —respondo.

—No tienes por qué estarlo —dice, apretando mi mano—. El apartamento es...

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