Capítulo 48 Locura a la vista

Nilo

Estoy recostado en el sillón del taller de Tomás, con una cerveza en la mano y la cabeza en otra parte. El ruido de los motores apagados me arrulla. El olor a aceite y metal me recuerda que la vida real sigue ahí, aunque yo quiera esconderme.

El teléfono vibra, es Martina.

—Dime, hermanita —...

Inicia sesión y continúa leyendo