Capítulo 7 Una más de la mafia
Katya sintió su labio temblar mientras se volvía a poner de pie y comenzaba a abotonar la camisa de Egan. Él, mientras tanto, no apartó nunca la mirada de sus manos. Aquello causó que Katya se pusiera nerviosa, tanto que cuando su mano rozó por accidente el abdomen de Egan, ella no pudo evitar tener un escalofrío. Las pilas de Egan estaban dilatadas cuando volvió su mirada a Katya, el verde había pasado a ser solamente un halo tenue y sombrío.
– Prometo no decirle a nadie.
Aquello rompió el breve hechizo que se había formado. Egan apartó la mano de Katya de su camisa y terminó de hacerlo el mismo. Katya, por otro lado, aunque no sabía exactamente por qué, se sintió repentinamente fría
– No irás a ningún lado –declaró con voz imponente–. Te quedarás a mi lado y yo mismo me aseguraré que no abrirás más la boca.
Tras esa última amenaza, Katya no volvió a hablar. Y si aquello a Egan le parecía extraño, no lo demostró. Incluso parecía que estaba menos tenso en silencio. Entre el guardaespaldas de antes, Boris, y Katya lograron llevar a Egan a la sala, pasando por la casa donde había solamente una pequeña habitación con una cama donde Egan podía descansar. Él, no permitiendo que Katya de alejara a más de dos pasos de él, bromeó sobre que podían compartir la cama. Katya solamente respondió que preferiría dormir incluso en la mesa antes que con él. Decidieron dejarlo en un sofá de la sala, donde él inmediatamente comenzó una serie de llamadas en todo tipo de idiomas. Katya no quiso entrometerse en lo absoluto, de hecho, sentada en un sofá frente a Egan, vigilada tanto por él como por Boris, el cansancio comenzó a apoderarse de ella.
Katya resistió tanto el sueño como pudo, pero sus ojos se cerraron unos cortos minutos en donde un cabeceo la despertó. Halló entonces a Egan observándola con una de sus miradas indescifrables, pero cuando ella lo miró de vuelta él giró su mirada a su laptop nuevamente.
Katya se dedicó a no volverse a dormir cuando se dio cuenta que el ruido que en realidad la había despertado era Sylvana y Argus quienes habían vuelto y estaban discutiendo en un violento italiano. Egan añadió algo a la conversación en un momento sin despegar la mirada de su computadora, pero tanto Argus como Sylvana lo miraron asustados un momento y después siguieron discutiendo.
Un momento después, Sylvana giró sus ojos y se sentó junto a Katya en el mismo sofá. – Te voy a conseguir algo de ropa una vez estemos en Sacra Corona. De verdad lamento esto que te está haciendo Egan. –Susurró eso último.
Katya sintió nuevamente las lágrimas amenazar con salir, pero si algo había aprendido era a contener el llanto.
– ¿Lo lamentas?
– Sí, bueno... –ahora Sylvana lucía avergonzada–. Es que Egan es un buen hombre, créeme. No importa lo que él te diga de sí mismo o lo que escuches sobre sus clientes. Solamente que él ha pasado por muchas cosas cuando era solo un niño y él aprendió por si mismo a retraer sus sentimientos y a ser despiadado para no salir herido. A veces me pregunto si olvidó cómo sentir cualquier otra cosa –la mirada de Sylvana se perdió por unos minutos en su primo, y Katya vio todas las similitudes y diferencias entre ambos; la misma belleza pero la dulzura de ella era lo contrario a la frialdad de Egan–. El punto es que esa cosas que vivió lo hacen obsesionarse con cualquier cosa; y no las suelta hasta que ya no tienen utilidad para él. De pequeño coleccionaba juguetes, pero nunca había pasado que él lo hiciera con una persona. Debí haber supuesto que esto pasaría ya que te ves... No importa.
Katya quiso saber cómo terminaba esa oración, pero antes de que pudiese hacerlo Sylvana estaba diciéndole que fuera a dormir un poco en la habitación de Argus. Con el sueño que tenía, no lo rechazó, pero la mirada curiosa que le dio Egan tampoco la pasó por alto.
Katya se fue a dormir y un suspiro de satisfacción salió de sus labios cuando su cabeza pisó la almohada.
🩸
Durmió probablemente por unas horas, pero el ruido de unos neumáticos y una pelea entre gritos la sacó como agua helada del sueño. Afuera de la casa el sonido de unas sirenas fue lo que alertó a todos dentro, Katya escuchó pasar frente a su puerta a Argus gritando indicaciones a un grupo de hombres que le seguían el paso corriendo. Por curiosidad, Katya agudizó el oído, pero lo que realmente la hizo levantarse y salir de la habitación fueron los sonidos de balas. Miró con miedo de lo que allí encontraría hacia la pequeña sala, vieja y amarillenta que estaba completamente llena de guardias con un Egan que apenas se podía mantener contra una pared.
Katya se acercó hasta a él y vio que Sylvana lo protegía con una escopeta en el hombro, lista para disparar. Todos se veían tensos, y cuando Katya miró por un pequeño agujero entre las cortinas de la ventana, se dio cuenta que era la policía que estaba afuera. Ella miró asustada a Egan.
– ¿Qué hacen aquí?, ¿vienen por ti? ¿Por qué hay tantos?
– ¿Qué crees? –Dijo Sylvana con sarcasmo–. Son la cantidad exacta para atrapar al jefe del sicariato.
– ¿A quién? –Katya había pospuesto tanto esa pregunta, que cuando miró a Egan nuevamente y la forma en que todos los protegían, supo que se había metido en nada menos que la boca del lobo.
Egan la miró, había terror en sus inexpresivos ojos. – ¿Aún quieres que tu chico repartidor te salve? Si te ven con nosotros, eres una más de la mafia.
