Capítulo 2 Dia Cero
Mientras nos alejamos de la escena, el silencio entre nosotros fue incomodo, pero mi mente gritaba. Había lanzado el anzuelo y uno de los depredadores más grandes en Manhattan, Alder Belov, acababa de morderlo.
Al llegar al pent-house, la emoción estalló. Nathan me tomó por los hombros, su mirada se clavó con admiración.
—¡Lo hiciste! —susurró—. Los tienes contra las cuerdas, ¡Venus! Pero mi padre no es fácil de vencer.
Me di la vuelta y caminé hacia la habitación. Saqué el dispositivo de mi bolso y la contraseña clavada en mi nombre.
—Debemos esconderlo, de esto depende mi existencia. —le dije mostrando temor.
Nathan avanzó y abrió con su mirada el muro detrás de la recamara que ahora compartíamos.
—Debemos configurar tu acceso. —susurró mientras analizaba mi rostro—. Este será nuestro lugar seguro. —sentencio con firmeza.
Luego de memorizar contraseñas, Nathan se acercó por detrás, rodeando mi cintura.
—¿Por qué me cambiaste en ese entonces por Alex? —preguntó, su voz llena de vulnerabilidad—. ¿Qué viste en él que yo no podía darte?
Me giré entre sus manos, escondiendo el rostro en su pecho para que no descubriera la sombra de mi engaño.
—¡Nada! —le dije con un suspiro atravesando mi garganta—. Alex no tiene nada que tú no tengas. Pero tu padre, ¡él siempre fue el obstáculo! Y lo sabes.
—¡Eso se acabó! —sentenció Nathan—. No dejaré que se atreva a tocarte. Nunca más.
Lo miré con una ternura fingida que parecía real incluso para mí.
—Siempre fuiste el hombre que amé —no mentí, sellando nuestro compromiso con un beso que me devolvió la esperanza en ese amor.
El caos se desató afuera, con los hombres de Alder rodeando el edificio, pero adentro nos entregamos a una pasión llena de pecado. Se convirtió en un acto sin pudor, un pecado de amor para él y de pura traición para mí. Mientras Nathan se perdía en mi cuerpo, mi mente estaba visualizando números en oro.
Alex golpeaba el escritorio, estaba sudando frío frente a las pantallas que parpadeaban. Las cifras de Apex bailaban como fantasmas. No había rastro del código. A su lado, Alder Belov comenzó a dar órdenes estrictas.
—Vigilen a mi hijo día y noche. No le quiten la vista a esa mujer. —murmuró como si nada estuviese sucediendo—. Averigüen donde esconden ese dispositivo. ¿Y en cuanto lo tengan? Eliminen a la perra y a mi hijo llévenlo de regreso a Rusia.
Mientras en las oficinas de mi antigua empresa se daban ordenes, me enrede en el cuerpo de Nathan. ¡Mas que un cuerpo! Era el cuerpo del deseo que mi piel necesitaba. Me levanté, desnuda y letal, Nathan me observó en cada paso que daba. Eso le provocaba placer.
Alcancé una botella de vodka. Serví dos tragos. El licor tenía un ligero color violeta casi imperceptible; fue el sedante que Nathan no vio venir.
Me recosté a su lado y el bajó a mi entrepierna, magistralmente llevó su lengua a las profundidades de mi manantial humedecido por sus lamidas largas que llenaban todo mi espacio.
—Nunca olvidé lo bien que lo hacías —le dije controlando sus movimientos con mis manos sobre su cabeza.
Nathan suspiro por dentro y esa respiración me hizo venirme de un solo tiro. Apreté tan fuerte como alcance hacerlo para que el sintiera el placer que me produjo su suspiro y su increíble lengua.
Luego de recuperar el aliento y con mi pensamiento elevado le pregunté:
—¿Quieres?
Nathan, recuperando el aliento y saboreando sus labios, tomó el vaso, me observó y bebió el líquido de un solo trago. Sonreí. Dejé caer el vaso a la alfombra; el resto del licor tiñó la alfombra.
Me hizo estremecer no una. ¡Sino dos veces! Segundos después, sus ojos se comenzaron a quedar en blanco.
—Estoy cansado. —dijo sin sospechar.
—Descansa, mi amor. —le susurré antes que se desplomara en mi pecho.
Tomé su teléfono. A pesar del matrimonio exprés, no podía aun tener vida financiera, pero la vida de Nathan era mi pase de salida.
—Todo salió conforme al plan, amor —dije al microfono viendo el rostro de mi "esposo".
Al otro lado, él sonrió con desmedida. Esa sonrisa vibró en mi oído.
—¡Ni yo lo hubiese hecho mejor! —respondió con satisfacción—. ¿Crees que Nathan sospeche? Es un tipo inteligente e hijo del magnate más despiadado.
—Ahora mismo duerme como un bebé —respondí con una sonrisa descarada—. Jamás me descubriría. Tú encárgate de mantener ocupado a Alder y que no intenten atraparnos.
—Alder está enardecido —replicó él—. Está dispuesto a eliminarte, pero le advertí que solo tú tienes la contraseña. ¿Si mueres? Su dinero desaparece.
—Entonces no debo preocuparme —sentencié, levantándome y dejando a Nathan sobre la cama—. Te veo en una hora en el estacionamiento. ¡Alex!
—¿Tan pronto? —me preguntó con desconfianza.
—Necesito sacarme el sudor de Nathan del cuerpo.
El círculo comenzaba a cerrarse y Nathan era el escudo, Alder era el banco, pero el juego comenzó siendo nuestro el día que me echaron.
El aire del estacionamiento era sofocante. Llegué hasta el lugar con el uniforme de servicio, era el disfraz adecuado, la piel de la estafadora que Alder Belov había moldeado.
Llegué al auto de Nathan. La puerta se abrió y me recosté en el asiento. Antes de que pudiera reaccionar, los brazos de Alex me rodearon con una urgencia.
—Perdóname, Venus. Perdóname por cada palabra, por cada humillación en la junta —susurró contra mi cuello—. ¿Ahora saber que Nathan toca tu cuerpo? Es un infierno.
—Es un sacrificio necesario —respondí, apartándolo unos centímetros, pero manteniendo mi mano en su mejilla—. Tenía que desaparecer como acordamos. ¿Si Alder sospechaba que estamos juntos? ¡Esto sería un fracaso!
—¿Y Nathan? —preguntó Alex, con celo—. No contábamos con que él aparecería así.
—Apareció de la nada, pero se convirtió en el escudo perfecto. —le dije mintiéndole—. Acepté casarme con él porque era la única forma de acceder a su protección y a las cuentas bancarias que su padre no puede tocar. Él es nuestra llave para despojar a Alder de su fortuna.
Un destello del pasado me golpeó como una bofetada. ocho años atrás. Había pólvora flotando en la oficina de Alder y su rostro diabólico mientras limpiaba su arma, susurro sin sentimiento alguno. —"Tu padre me robó y su muerte no cubrió la deuda, pequeña Venus. Ahora tú pagarás su deuda con tu vida y tus talentos".
Él me entrenó para ser un arma, para ser una estafadora y asesina de élite. No sabía que estaba creando al monstruo que ahora quería devorar su mundo.
Pero Alex balbuceando me borró ese recuerdo.
—Recuerda que solo contamos con veintiún días para sacudir a Alder y su mafia. —dijo Alex, Intentando besarme, sus manos buscando el contacto íntimo que tanto extrañaba.
—¡No! —lo frené, mirando el reloj—. Nathan despertará en unos minutos. El sedante era ligero. Te veré luego.
Salí del auto con rapidez. No logré observar a nadie, pero alguien sí vio a Alex saliendo del auto de Nathan.
—Señor, Alex acaba de encontrarse con alguien dentro del auto de su hijo —informó el vigilante por radio—. ¿Qué debo hacer?
—Averigüen quién era, ¡de inmediato! —giró la instrucción Alder desde el otro lado.
Escuché los pasos detrás de mí mientras subía por las escaleras de emergencia. El guardia intentó ser sutil; quería atraparme viva. Pero fue un error fatal.
Llegando al cuarto piso, lo intercepté. No usé fuerza bruta, usé su propia inercia. Un golpe directo en la tráquea y tras desenfundar el arma que me acompañaba, el guardia cayó muerto antes de lograr dar aviso.
Corrí hacia el pent-house, intenté deshacerme del uniforme de sirvienta bajo una bata de seda antes de ingresar y apenas respirando.
—¿Dónde te encontrabas, amor? —la voz de Nathan me sorprendió.
Él estaba justo en la entrada a la cocina del departamento, despeinado, con los ojos inyectados en sangre por el efecto del alcohol y el sedante. Tomé aire, fingiendo un suspiro de alivio.
—¿Y ese traje de sirvienta que llevas mal acomodado debajo de la bata? —preguntó, frunciendo el ceño mientras señalaba los restos del uniforme que no alcancé a ocultar.
—Quería jugar contigo un rato —sonreí con malicia, acercándome a él—, pero ya arruinaste la sorpresa. ¿Tan mal te hizo el vodka?
Nathan me miró, dudando entre el deseo y la sospecha.
Mientras tanto, en el cuarto de seguridad. Alder Belov observaba la foto del cadáver de su guardia. El acarició su arma y susurró para sí mismo con una claridad que aterrorizaba.
—Era ella. ¡Estoy seguro! Venus se encontró a escondidas con Alex. ¿Ahora qué estarán tramando estos imbéciles?
