
El Placer Prohibido: La Doble Piel de Venus
blackeyesgod · En curso · 86.8k Palabras
Introducción
Venus adopta una doble vida letal: de día, la esposa leal que gana aliados en el barrio chino, de noche, un hacker fantasma que desmantela imperios financieros. Mientras Alex aviva su obsesión por Venus y Nathan se transforma en un protector oscuro por amor a ella, lealtades se tambalean y venganzas del pasado emergen, cuando Nathan descubre la identidad de su esposa. Desencadenando una guerra urbana y cibernética donde nadie es quien parece.
En un torbellino de traiciones, ambiciones y pasiones reavivadas, Venus debe navegar un laberinto de mentiras para sobrevivir y rescatar a su familia de las manos de Alder ¿o caerá en la trampa de sus enemigos? Las traiciones no siempre vienen de afuera. ¿Podrá Venus recuperar a Nathan luego de su separación? ¿Quién ganara la guerra? ¿El verdadero amor o la mafia?
Capítulo 1
El éxito suele confundirse y a los veinte y cuatro años, era la CEO de Apex, la firma que Alex y yo habíamos levantado de los deseos hasta los rascacielos de Manhattan. Éramos el equipo perfecto. Él era el estratega, el hombre que convencía a los políticos; yo era la ejecutora, la que cerraba tratos que otros consideraban imposibles.
Cada uno la mitad de un mismo cerebro o eso creía mientras entraba a la sala de juntas aquella mañana de martes.
—Llegas tarde, Venus —dijo Alex. sentado extrañamente en mi silla. Sin esa calidez de cama por la mañana.
—Estaba cerrando la adquisición de Omni corporación. —le respondí, aventando mi maletín con molestia. Miré a los miembros del consejo, sus rostros estaban rígidos—. ¿Qué es esto, Alex? No tenemos junta hasta el jueves.
Alex deslizó ese maldito sobre. Sus manos, las mismas que la noche anterior recorrieron mi espalda prometiéndome el futuro, ahora estaban sobre la mesa con una sentencia.
—Es una notificación de cese inmediato —dijo sin piedad, demoliendo mi existencia—. El consejo ha votado. ¡Estás fuera!
Me reí, incrédula.
—Soy la dueña del cuarenta y nueve por ciento de esta empresa, Alex. ¡NO PUEDES ECHARME! —estrelle mí mano contra el escritorio con fuerza
—¡YA LO HICE! Se ejecutó la cláusula de activos que firmaste hace seis meses. Tus acciones pasaron a ser míos.
Recordé ese asqueroso documento.
—¡Me engañaste! —le grité sin un aparente dolor.
—No te engañé. ¡Te superé! —Alex caminó hacia mí con elegancia altiva, esa que siempre me había fascinado—. Me diste las herramientas, me enseñaste a ser despiadado. ¿De qué te quejas? Estás presenciando a tu mejor versión.
—¿Y nuestro matrimonio? ¿La vida que estábamos construyendo?
Él inclinó su rostro a milímetros del mío. Sus ojos, antes llenos de amor, eran ahora dos pozos de ambición.
—Eso fue la inversión necesaria para llegar a este día. No te equivoques, Venus. Eres brillante, pero el mundo solo tiene espacio para uno. Y tú… bueno. Tú eras un estorbo en mi camino.
Me escoltaron fuera de mi edificio. Mientras caminaba por el vestíbulo, los empleados fingían no verme. Estaba sola, sin empresa, sin hombre y, según el documento que acababa de descubrir, con una deuda legal que me dejaría en la calle en menos de una semana.
Alex no solo me había robado. ¡ME HABÍA BORRADO DEL MAPA!
Mas tarde esa noche, en el bar del hotel. Recordé cuando nos conocimos, no hablamos de romance. Hablamos de cómo aplastar a la competencia, la química había sido abrumadora. Nuestras mentes encajaban como engranajes de reloj.
—Tú y yo podríamos ser dueños de este sector en cinco años —recuerdo que me dijo deslizándome su tarjeta de presentación, porque era un maldito pobretón.
—¡En tres! —le corregí con entusiasmo.
Así fue como meses después fundamos Apex. En el primer año, dormíamos en la oficina. Alex con un poder de convencimiento y yo tenía la frialdad necesaria para recortar. Éramos la pareja de oro del mundo empresarial.
Tres días después de quedarme en un hotel, la cuenta bancaria había sido congelada por malversación de fondos. Alex no se había conformado con quitarme la empresa; me había incriminado en un fraude fiscal.
Entonces mi teléfono sonó por última vez.
—¿Venus? Soy Nathan.
—¿Qué quieres, Nathan? ¿Burlarte? —lo cuestione, con la voz hecha un nudo. Era mi ex.
—Quiero ofrecerte justicia —respondió con tenacidad—. Alex cree que ha ganado, cree que nadie puede derrotarlo. Pero no estás sola ¡No ahora!
—A las nueve en el bar del Legenda Royal. —lo cite con la incertidumbre de saber que tenía para mí.
No esperé nada, los nervios me estaban castigando. ¿Cómo es que alguien a quien traicione, ahora quiera ayudarme? Era mi duda más existencial.
—Alex no solo te robó a ti. —exclamó con premura—. Ha estado desviando los fondos a las Islas Caimán desde el primer día. Pero hay algo más, Venus.
Miré los documentos en la pantalla. La firma no era mía. Era una falsificación digital, pero el rastro del servidor indicaba que se había generado desde la oficina de Alex una semana antes de nuestra boda.
—Me manipuló —susurré.
—Es un delito penal sin sumarle el fraude —dijo Nathan—. Pero Alex acaba de anunciar que Apex se venderá a una corporación rusa. ¿Si la venta se cierra? El rastro del dinero desaparecerá para siempre.
Tenía veinticuatro horas. Alex pensaba que yo estaba llorando en un rincón. No me conocía. Sabía que yo era una ejecutora. Sabía que, ¿si me quitaban todo? Lo único que me quedaría sería mi capacidad de destrucción.
Conocía el sistema; Alex contaba con los abogados más codiciados, necesitaba algo más directo; Necesitaba que él mismo se destruyera. Entonces Nathan bajo la mirada y mi mundo se hizo pedazos.
—¡Cásate conmigo! —dijo sin protocolos, me quede estática.
—¿Casarnos? —le pregunté con el nudo en la garganta—. ¿Por qué me pides eso en estos momentos?
—¿Si te casas conmigo? —me cuestionó de prisa—. ¡No solo recuperas lo que es tuyo! Sino que ejecutaras al hombre que cree ser Alex.
Lo dude. Era evidente en una propuesta así.
—Pero… ¿Por qué me quieres ayudar? Si traicione tu confianza, ¡tu amor!
—¡Porque aún te amo! —respondió—. Porque quiero recuperar lo que él me arrebató, ese día.
Me conmovió. Nathan no solo era un hombre ¡Era el sueño de toda mujer! Y lo había cambiado por un don nadie a quien construí. Mi mente lo había olvidado, pero mi corazón volvió a latir esa noche.
—Tienes que darme tiempo para pensarlo. —le dije con el alma rota.
—¡No hay tiempo! —respondió con premura—. La venta es en tres días y te quiero a mi lado. ¡No por mí! Sino por ti.
Nunca nadie había sacrificado su vida por mí y Nathan lo estaba haciendo.
—Tu padre. ¿Qué hay de tu padre?
El me miró con ternura, me desarmo desde las entrañas.
—Te casaras conmigo, no con mi padre. De él me encargaré después.
Nos casamos al día siguiente, sin testigos, sin invitados. Solo el sacerdote y el licenciado. Y por primera vez en mucho tiempo: ¡Sentí el corazón latir con fuerza!
Me presenté en el cierre de la venta de Apex. Entré en el salón principal justo cuando Alex levantaba su copa para brindar con los compradores rusos.
Al verme, su mirada se oscureció.
—¡Venus! Este es un evento privado. ¡Para inversionistas! —dijo, con su voz amenazante—. ¡VETE!
—No vengo a causar un escándalo, Alex —dije, manteniendo la cordura—. Vengo a comprar la empresa que fundé o a destruirla. ¡Tú decides!
Su rostro cambio, pero en ese momento decisivo Nathan apareció detrás de mi tomándome del brazo.
—Claro… debí imaginarlo. —susurró Alex—. Pero estaba preparado para esto.
No le quite la vista de encima y Nathan frunció el ceño con desconfianza. Segundos más tarde aplaudieron a las espaldas de Alex. La mirada de Nathan cambio y de mi parte no me quedó más que asimilar lo que estaba por suceder.
—Siempre ignorando mis advertencias. ¡Hijo mío! —dictó el padre de Nathan.
Los compradores rusos eran precisamente la familia de Nathan. Su padre: Alder Belov. El magnate de la mafia rusa.
Me solté del brazo de Nathan y me acerqué a centímetros del señor Alder.
—Entonces debo asumir que destruiré mi creación. —sentencie con prepotencia y Alex se escondió como un cobarde detrás de Alder Belov.
—¡Inténtalo! —pronuncio con advertencia—. Y no existirá un mañana para ti y para mi hijo.
Expuse en mi mano un dispositivo, dispuesta a destruirlo todo.
—He activado el programa —dije sin miedo.
—¿Qué has hecho Venus? —gritó Alex con el miedo en su mirada.
—¿De qué se trata eso? —preguntó Alder con premura.
Alex observó a Alder y le murmuro. —Solo ella sabe la contraseña, ¿y de no cancelarlo? Todos los fondos desaparecerán.
Alder me observó con rudeza, con una mirada que no había visto jamás.
—¡DESACTIVA ESA MIERDA! —gritó con violencia.
—¿O si no qué? —intervino Nathan quitando las manos de su padre de mi brazo.
Alex temía lo pero en ese instante.
—tienen veintiún días, Alex. ¿Si no lo haces? Serás el hombre que vendió una cáscara vacía. Estos inversores no te enviarán a la cárcel; te harán desaparecer del mapa.
Nos marchamos del lugar con Nathan entre escoltas y forcejeos, sin la certeza de lo que podría suceder en esos veintiún días.
—Veintiún días, ¿no? ¡Alex! ¿Como permitiste que esa asesina complicara esto? —exclamó Alder dispuesto a explotar—. El plan era sencillo. Desde esa ocasión ella era presa fácil y lo arruinaste. De nuevo.
—Ella es una asesina señor, yo solo soy un moldeador. —susurró Alex decepcionado.
Últimos capítulos
#65 Capítulo 65 El Nacimiento de la Viuda Blanca: Belaya
Última actualización: 6/12/2026#64 Capítulo 64 La Rendición de Nathan
Última actualización: 6/12/2026#63 Capítulo 63 Volver a Reconocernos
Última actualización: 6/12/2026#62 Capítulo 62 Boleto de Salida
Última actualización: 6/12/2026#61 Capítulo 61 Dividiendo los Caminos
Última actualización: 6/12/2026#60 Capítulo 60 Plan A de Respaldo
Última actualización: 6/12/2026#59 Capítulo 59 Al Descubierto
Última actualización: 6/12/2026#58 Capítulo 58 Un Trato a Ciegas
Última actualización: 6/12/2026#57 Capítulo 57 El Trago de la Muerte
Última actualización: 6/12/2026#56 Capítulo 56 El Placer de ser Hombre
Última actualización: 6/12/2026
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