Capítulo 4 Lang Island: Dolor y Verdad

La puerta voló en mil pedazos. dejándome sorda por unos instantes. El humo no dejaba ver nada a nuestro alrededor. Nathan disparó dos veces antes de que una granada estallara frente a nosotros, sentí un golpe en la nuca y comencé a perder el conocimiento, no sin antes alcanzar a escuchar.

—Llévenselos de inmediato. —alguien más se adelantó.

Desperté en la parte trasera de una camioneta en movimiento. Nathan estaba a mi lado, atado y aún inconsciente. Alex conducía con la mirada fija en el retrovisor.

—¡Ahora se encuentran a salvo! Llegué justo a tiempo —dijo Alex dibujando una sonrisa en su rostro—. ¿Lo que fue su refugio? Ahora es un cementerio de sicarios. Alder cree que murieron en la explosión.

—¡El dispositivo! —grité, recuperando el aire.

—Nadie lo buscará entre los escombros, dejemos que Alder crea que su fortuna se quemó. Ahora vamos por tu familia.

Mientras llegábamos al destino marcado por Alex, Lang Island se encontraba en mi mente. No pregunté, pero tal parecía indicar que nos dirigíamos hacia esa isla.

Recordé los días en Rusia, como cuando no podía acomodarme. Dividía mis horas entre dos mundos: Por la mañana, les disparaba a traidores de la mafia bajo las órdenes de Alder; por la noche, me refugiaba en los brazos de Nathan. Él era mi único momento de paz en una vida llena de sangre. No sabía que estaba amando al hijo de mi verdugo.

En ese entonces, antes de romper nuestro compromiso. Nathan se enfrentó a su padre.

—Me voy a casar con ella —le gritó Nathan a Alder sin saber quién era yo.

Alder se sonrió, el conocía la verdad y no dejaría que su hijo se mezclara con la servidumbre.

—No sabes quién es esa mujer, Nathan. No sabes nada de su familia, es una cualquiera que solo busca tu apellido.

—¡No me importa! Ella es el amor de mi vida. —Le declaró con contundencia—. No dejaré que me prohíbas a quien amar y a quien no.

—¿Si te casas con ella? Te quedaras en la calle —intentó persuadirlo—. Te quitaré el dinero, el apoyo y la enviaré tan lejos que olvidarás cómo suena su nombre. Ella no es para ti. No me obligues.

Alder no podía decirle la verdad: que yo era su mejor arma, su estafadora de confianza, y que él no permitiría que su herramienta se convirtiera en su nuera. Ese fue el día en que Alder decidió que yo debía desaparecer de la vida de su hijo, usando a mi familia como escudo en mi contra.

—¡Ya casi llegamos! —la voz de Alex me devolvió al presente. Uno que estaba ardiendo y no tenía claro como apagarlo.

Nathan despertó, confundido y furioso dentro de la furgoneta sin llamar la atención. Alex estaba ahí como nunca creí que podría estarlo.

—Tranquilo, hombre. Estamos del mismo lado —murmuró Alex con una sonrisa perfecta.

El jet estaba a menos de una hora de despegar hacia Lang Island.

—¿Qué pretendes con todo esto? —lo cuestionó Nathan con justa razón.

Alex le ofreció la mano con una extraña sensación en su rostro.

—Me di cuenta de mi error y quiero remendarlo. —respondió sin bajar la mano—. No será suficiente, pero es lo menos que puedo hacer por ella.

Se miraron fijamente y Nathan desconfiaba y con justa razón. El se acercó a mi espalada y me rodeo con su mano. Luego de mirarme extendió su mano, correspondiendo ese pacto entre caballeros.

—No hay tiempo. —susurró Alex—. El jet nos esta esperando. Alder no tendrá con que chantajearte.

Llegamos justo a tiempo al lugar donde se encontraba el jet. Despegamos sin protocolos y dos horas después nos encontrábamos en Lang Island

Todo estaba muy callado esa noche, a pesar de ser una propiedad aislada, no era usual que el silencio cubriera la isla. Armados hasta los dientes nos encontrábamos a escasos metros de la entrada. Nathan me tomó de la mano, su tacto me quemaba. Él confiaba en mí. Él creía que estábamos salvando a mi familia para escapar juntos.

Entramos a la casa, las luces se encendieron como de costumbre.

—¿Segura que aquí tienen a tu familia? —me preguntó Nathan mientras nos acercábamos más al lugar.

—Nunca supe de este lugar. —exclamó Nathan con extrañeza.

Alex por delante con unos hombres nos abrieron paso. Entonces el panorama cambió por completo. En el balcón de la sala, Alder Belov se encontraba detrás de mi madre. Un cuchillo largo rozaba su cuello. Mi hermano se encontraba a su costado, encañonado por dos hombres.

—¡Bienvenidos a la reunión familiar! —dijo Alder con una calma que me aterró.

—Padre ¡suéltala! —gritó Nathan apuntándole a la cabeza.

—Baja el arma, hijo. No querrás ver cómo se derrama la sangre de tu suegra —Alder me miró a los ojos—. Venus, cometiste los dos errores más grandes de tu existencia. ¡Casarte con mi hijo y creer que podrías vencerme!

En ese momento supe que lo sucedido en Manhattan había sido planeado, Alder no podría haber sabido de nuestro escape a menos que alguien…

Me había preparado para disparar, pero sentí el frío metal de una pistola en mi sien. Me quedé helada. Alex me estaba apuntando. Se alejó de mí con pasos lentos y se colocó al lado de Alder.

—¿Qué haces, Alex? —pregunté, aunque mi instinto ya conocía la respuesta.

—Lo siento, Venus —dijo Alex, recuperando su tono traidor y cobarde—. Siempre fue y ha sido negocio.

Alder sonrió como la vez que se encargó de mi padre.

—¿Realmente creíste que Alex te amaba o que se había arrepentido de haberte traicionado? —me cuestionó Alder con alevosía—. Alex siempre me juró lealtad y siguió mis órdenes para seducirte y así alejarte de mi hijo en aquella ocasión.

Alder no mintió, pero no admitió el pasado para así proteger su pecado ante Nathan—. Él siempre supo que tu familia era la clave. —continuo—. Él era mi informante de cada uno de tus planes.

Nathan se quedó paralizado, con el arma temblando en su mano. La traición fue doble; Su padre y el hombre que nos rescató estaban trabajando juntos desde el principio.

—Entrégame la contraseña, Venus —ordenó Alder, hundiendo un poco más el cuchillo en el cuello de mi madre—. O mira cómo se acaba tu mundo aquí mismo.

Alex no mostraba arrepentimiento. Miré a Nathan; Estaba destrozado, pero con la adrenalina corriendo por sus venas, el intentaba actuar a mi favor.

—El código no sirve de nada sin el dispositivo —dije, mi voz saliendo firme a pesar del caos.

—¡Eso es mentira! —grito Alder haciéndole una pequeña hendidura al cuello de mi madre—. ¡Dame la maldita contraseña o no volveré a pedírtela!

Alex levantó su arma desde la distancia, Alder apretando el cuchillo contra mi madre. Entonces Nathan apretó el gatillo apuntando a su padre.

Nadie se atrevía a dar un paso en falso. Mi deseo por Alex murió esa noche y no fue lo único que se desvaneció.

—No te muevas, Venus. —susurró Nathan antes que su arma se disparara.

Alex apretó el gatillo sin dudarlo y Alder soltó el cuchillo. La bala me rozó el hombro, Nathan me abrazó en el suelo.

—¡Mi madre! —grité con desesperación—. Alder se la volvió a llevar.

En el cruce de disparos alguien mas cayo… Nathan me abrazó fuertemente.

—No mires. —susurró mientras sus manos me obligaban a quedarme en su pecho.

—¡Tu lo decidiste! ¡Tu me obligaste! —gritó Alex arrojando su arma hacia nosotros, pero no lo vi. Nathan no me lo permitió.

—¡Déjame! —grite con extrema desesperación golpeando el pecho de Nathan.

Nathan no respondió, no habló y yo solo pensaba en mi madre y en mi hermano.

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