Capítulo 5 Belaya Vdova: La Viuda Blanca
Nathan no logró detenerme por más tiempo, me solté y me dirigí hacia donde se encontraba el cuerpo de mi hermano. Aún estaba consciente.
—Venus… —dijo sosteniendo la voz.
—No hables, te juro que no dejaré que te mueras. —fueron mis palabras antes que Nathan se acercara y lo levantara entre sus brazos.
Ese gesto me conmovió, fue protector, esperanzador.
Todo había sucedido tan rápido que no me percaté hacia donde se habían marchado junto a mi madre. Alex y Alder me jugaron muy sucio y ahora me encontraba perdida en esa isla que más que dolor, me estaba abriendo los ojos.
—Tu hermano aún se puede salvar. —exclamó Nathan con urgencia.
Nos devolvimos hacia el jet que nos había conducido a la isla y salimos de ese lugar de regreso a Manhattan.
—¿A dónde iremos? —le pregunté a Nathan desconcertada por su decisión.
Nathan era graduado de médico y con el equipo básico suturo la herida de mi hermano que afortunadamente la bala había salido de su cuerpo.
—Hay un lugar —susurró entre dientes—. Nos esconderemos y replantearemos la situación.
Me preocupaba el piloto. Temía que le pasara la información a Alex o Alder.
—¿Qué sucederá con él? —le pregunté al oído con discreción.
—No tienes de que preocuparte. —dijo sin vacilar—. Es de confianza, de lo contrario nos hubiese abandonado en la isla.
Era lógico, pero mis sentidos estaban en alerta y no confiaba ni siquiera de Nathan. A pesar de que me había demostrado todo lo contrario y aun sabiendo que él no conocía la verdad sobre mi pasado y mi relación anterior con su padre. Esa relación que el mismo Alder se negó a hacerlo.
Llegamos al barrio chino de Manhattan, a Chinatown. Nunca paso por mi mente que Nathan pudiera tener amistades en esa ciudad.
—Debemos visitar a un amigo, estoy seguro que se alegrará de verme. —dijo muy sonriente.
No me sentía tranquila, lo único que me daba esperanza era justamente que Alder no entraría con sus hombres a Chinatown. ¡Eso sería un suicidio!
—¿Cómo se llama tu amigo? —le pregunté con discreción.
—Estamos por llegar. —se adelantó mientras llevaba a mi hermano apoyado en su hombro junto al piloto.
Observé todo a mi alrededor, todo parecía muy tranquilo y en los negocios siempre era lo que se esperaba que fuese.
La entrada al restaurante era brillante, un palacio en medio de una carretera.
—¡Bienvenido! —Nathan fue recibido con alegría—. ¿Ellos quiénes son? —preguntó el portero mientras levantaba su arma.
Nathan se interpuso de inmediato y extendiendo los brazos respondió sonriente.
—Es mi esposa y mi cuñado. Necesito conversar con Haoyu. ¡Es urgente!
El hombre bajo el arma y sin más preámbulo nos hicieron ingresar a la oficina de Haoyu, pero continuaba con la desconfianza del piloto.
Ellos se saludaron como dos hermanos entrañables, Haoyu dirigió su mirada y se acercó. Sus labios pronunciaron algo en su idioma, antes de hablar conmigo.
—Nathan me contó de ti hace años. —murmuró amablemente—. Pero el destino nunca se rompe si el hilo esta unido a las entrañas del corazón. —dijo finalmente como en un proverbio.
—Mi padre esta tras nosotros y necesitamos de tu ayuda. —le dijo Nathan sin más.
—Lamento escuchar eso. —respondió Haoyu con desconsuelo—. Esta vez la ofensa en su contra no piensa perdonarla. ¿Qué deseas de mi parte?
—¡Protección! —respondió Nathan de inmediato—. Para mi cuñado y mi esposa. Ellos son los que más riesgo corren, mi padre no me hará daño.
Haoyu llevo sus manos a la espalda y mencionó ignorando toda mi vida. ¡Eso era lo que yo creía!
—Debemos ser muy cuidadosos. —hizo una ligera pausa que me hizo sospechar—. Alder tiene a su lado una mujer que es experta, estafadora y una asesina de primer nivel.
—Esos son los rumores. —murmuró Nathan sin sospechar un pelo sobre mí.
—Aunque —acotó Haoyu—. Es exactamente eso ¡un rumor! Porque nadie la conoce y hace más de tres años que nadie volvió a escuchar de ella. Aun así, no está de más prevenir.
Lejos de nosotros…
—¡Ni teniendo el escenario a tu favor lograste atrapar a esa traidora! —gritó Alder, recriminándole a Alex.
—Mi deber era llevarlos, ustedes debían hacer el resto del trabajo. —respondió Alex sin exaltarse.
—Solo queda esperar que salga de la ratonera en la que se esconde. —mencionó Alex mientras miraba las paredes del subterráneo.
Alder se paseó por la habitación, estrelló su arma contra el suelo. El enojo era visible.
—¿Me puedes asegurar que mi fortuna aún existe? —lo cuestionó Alder con la duda visible.
Alex se acercó unos pasos hacia Alder.
—El dispositivo fue destruido, lo único que necesitamos es a Venus. Ella es ahora la única que puede desbloquear su fortuna.
—¡Maldita sea! —gritó Alder con mayor desesperación. —Entonces ahora debo confiar.
Alex frunció el ceño con extrañeza.
—Hasta donde tengo entendido no tenemos alternativa y esperanza de encontrarlos. —murmuró Alex—. ¿A qué se refiere exactamente con confiar?
Alder bajo su mirada a la altura de la de Alex, lo tomo por el cuello y apretó su garganta.
—Todo este tiempo tenías un solo trabajo y todo lo complicaste con la venta y el divorcio. —le dijo con prepotencia—. Durante ese tiempo me encargue de entrenar a alguien más, esa persona nos dará la ubicación de esa perra traidora.
De momento no podía moverme, me sentía atrapada. Sin apoyo más que el de Nathan y ahora de Haoyu, no sabía que esperar. No tenía la más mínima idea de lo que Alder tramaba y eso me enloquecía.
Nathan se dirigió con mi hermano para que lo atendieran de mejor manera, mientras el primer encuentro no era nada cómodo con Haoyu.
—Así que después de tanto —susurró Haoyu con perspicacia—. Finalmente se casaron y para mala suerte Alder no los deja ser felices. ¿Cuál fue el daño que le provocaste, Venus?
Su pregunta fue directa.
—El daño más grande fue enamorarme de Nathan. Alder nunca aprobó nuestra relación y ahora él se ofreció como un ángel cuando más lo necesite y no fue por necesidad, fue por amor que me case con él.
—Muy tierno de tu parte —respondió Haoyu, pero sus palabras no me convencían. Había algo más y él estaba a punto de hacérmelo saber.
—¿Conoces a la mujer que trabaja para Alder? —me cuestionó.
Vacile la mirada, creo que eso me delato aún más.
—Lo siento, no se dé qué me habla.
—Tú lo sabes muchacha. —susurró muy cerca de mi rostro—. Tu eres la estafadora de Alder.
Me quede helada por dentro. ¿Cómo iba a saber algo tan secreto?
—Usted se equivoca —le dije sosteniéndole la mirada—. Mi familia es rusa y solo fuimos víctimas de Alder y su organización.
—No me engañas, tú eres ella. ¡Belaya Vdova! —su declaración fue certera—. ¿Te recuerdas de Wu Suk?
Me sonroje intentando evadir toda verdad ante mis ojos.
—En verdad no sé de qué me habla señor, creo que fue un error haber venido hasta aquí.
Intente apartarme y dirigirme hacia donde se encontraba Nathan, pero entonces me tomó por el brazo y mi instinto me volvió a delatar. Me libere con agilidad.
—¡Claro! No puedes negar tu naturaleza Belaya. —dijo sonriendo levemente—. Wu era mi hermano y merecía lo que le sucedió por traidor, pero ¿Aun trabajas para Alder? ¿En verdad te encuentras en peligro? ¿O solo has venido a matarme?
Me sentí desnuda, aunque no me encontraba por esas razones. Haoyu tenía el derecho de preocuparse y sentirse amenazado en su territorio.
—Nathan —mis labios titubearon y lloré repentinamente—. Nathan no puede enterarse que era esa mujer.
—Entonces —balbuceo Haoyu—. Podría guardar el secreto, pero…
Ahí estaba, con mi pasado estrellándose en mi cara y a punto de hacer un favor a cambio que Nathan nunca se enterara de mi pasado.
—¿Qué debo hacer? —le dije sin rodeos, lastimosamente fue un mal momento.
—¿Qué es lo que deberías hacer? —preguntó Nathan mientras su rostro atravesó la cortina.
Pero apenas unos minutos atrás…
—En un momento regreso. —Dijo Nathan alejándose del hermano de Venus.
—Gracias, Nathan —susurró el hermano de Venus.
—No tienes que agradecerme a mí, agradécele a tu hermana que es la heroína.
Nathan no se percató. Aleksi extrajo el celular de Nathan.
—Chinatown. —susurró Aleksi.
—¡Muy buen trabajo muchacho! —exclamó Alder del otro lado de la línea—. Envíame la ubicación antes que te descubran.
—Si jefe, ¡de inmediato!
