Capítulo 6 Alianza Peligrosa

—Mi nombre es Renata Alarcón, no la novia fugitiva —me presento con voz firme y la barbilla en alto, dando un paso al frente sin dejarme intimidar—. Y le sugiero que guarde el pánico para la prensa. Ahora, ¿pueden decirme qué es lo que está ocurriendo realmente y que tan grave es?

Dayton me mira con sorpresa antes de dejar caer los hombros con amargura.

—Como sea —susurra con premura ganándose una mirada fea de mi parte. —El correo del dueño del equipo llegó a primera hora y es categórico —explica Dayton, mirando la pantalla de su teléfono—. Dice que tus números como quarterback son impecables, Jax, pero que está harto de que los tabloides te tengan siempre en medio de un escándalo. Alyssa te destruyó con sus declaraciones y esto fue la gota que derramó el vaso. Las palabras exactas del dueño fueron: «O solucionas este circo de inmediato o estás suspendido por indisciplina para el inicio de temporada. Tu trabajo es entrenar, no ir robando novias ajenas en las puertas de los hoteles».

Hago una mueca de disgusto al escuchar la acusación.

—Nadie me robó —intervengo con frialdad—. Yo me subí a su vehículo por decisión propia para huir de una relación a base de engaños.

—A la prensa no le importa la verdad, señorita Alarcón —sisea Dayton, acercándose a la mesa—. Para los medios, el chico malo de la NFL le quitó la novia al heredero de los Sandoval a minutos de su boda. Los patrocinadores están cancelando contratos en masa. La única opción asertiva para que la carrera de Jax salga ilesa de esta masacre es armar un frente unido.

Jaxson apoya los puños sobre la mesa de madera, fijando sus ojos oscuros en mí.

—Tenemos que salir a decir que lo nuestro no fue un impulso de una noche —dice Jax con voz grave y pausada—. Que llevábamos meses viéndonos en secreto. Que fuiste a esa boda acorralada por el compromiso con Omar Sandoval, pero que en el último segundo decidiste huir conmigo porque somos pareja. Es la única salida. Además, me la debes.

Niego con la cabeza de inmediato, dando un paso atrás.

—No, te agradezco lo que hiciste te ganaste la medalla al caballero del año si quieres verlo de esa manera. Pero hasta ahí —sentencio con firmeza—. No me voy a prestar a tu mentira. No voy a montar un circo mediático ni a fingir una relación con un desconocido solo para limpiar tu reputación frente a la NFL ni patrocinadores. Bastante desastre tengo ya en mi vida como para sumarme al tuyo.

—¿De verdad te vas a quedar cruzada de brazos, Alarcón? —interviene Jax, dando un paso hacia mí con la mirada entrecerrada—. ¿No quieres vengarte de tu ex y de su engaño? Porque por lo que veo, conozco a los Sandoval mejor que tú.

La acusación me golpea el orgullo, pero antes de que pueda responder, Dayton da un paso al frente ajustándose la chaqueta.

—Investigué a la familia Sandoval —explica Dayton con tono profesional—. Están en la ruina, señorita Alarcón. Sus activos están hipotecados, sus empresas familiares tienen deudas millonarias y están al borde de la bancarrota. Como yo lo veo, para ellos, la boda con usted no era una alianza de amor; era su única salida financiera.

El aire se congela en mis pulmones. La información cae sobre mí con el peso de una losa. Omar... su familia... ¿Puede ser verdad? Todo este tiempo usando el discurso del estatus y la alcurnia mientras se ahogaban en deudas.

—Considerando que Alarcón Global Logistics es una empresa consolidada y el señor Ignacio Alarcón, posee un imperio de transporte de mercancías, almacenes fiscales, flotas de camiones y barcos de carga que mueven la mitad del comercio de las principales ciudades —continúa Dayton—; era el salvavidas perfecto.

—Así que también investigó a mi padre —digo con evidente sorna, cruzándome de brazos.

Pero no me extraña. Mi padre es un hombre hecho por sí solo. Encontró su camino conduciendo su propio camión y desde abajo construyó un imperio, dándole a sus hijas la vida que él había soñado tener desde niño. Nueva York se rindió a sus pies, aunque los snobs de la alta sociedad aún lo consideren un "nuevo rico". Mi padre tiene más sensibilidad en su dedo del pie que todos esos en sus cuerpos.

La furia me quema por dentro al entenderlo todo. Los Sandoval planeaban salvar sus finanzas usando el dinero que a mi padre le costó una vida de sudor y trabajo, mientras Omar se acostaba con mi hermana en el baño.

Jax da dos pasos hacia mí, reduciendo la distancia entre los dos. Su presencia es imponente, pero en su mirada hay un brillo de comprensión y cálculo.

—Ahí lo tienes, Renata —dice Jax con voz baja y penetrante—. Queriendo o no, nos necesitamos. Tú quieres aplastar a los bastardos que intentaron usarte. Necesito salvar mi carrera y las marcas que me representan. Únete a mí.

Me quedo en silencio durante unos segundos eternos. Mi cerebro entra en modo profesional y procesa la jugada a mil revoluciones por minuto. Si actúo sola, los Sandoval se blindarán. Pero con el impacto mediático y el estatus de Jaxson Miller como fachada, puedo moverme desde las sombras sin que lo vean venir.

Miro a Jax directo a los ojos, sintiendo el peso de la decisión.

—Si acepto armar esta farsa frente a las cámaras —hablo con frialdad—, será bajo mis condiciones. No necesito tu dinero, Jaxson. Tengo la liquidez suficiente para comprar a los Sandoval dos veces. Lo que necesito es tu nombre, tu estatus y tu figura como intermediario.

Doy un paso al frente, sosteniéndole la mirada con firmeza.

—Si yo intento absorber sus deudas o bloquear sus contratos a título personal, lo van a ver venir. Pero si tú eres el inversionista que da la cara mientras yo manejo los hilos, no sabrán qué los golpeó hasta que estén en la calle. Yo pongo el capital y la estrategia; tú pones el frente y la firma.

Jax me observa de arriba abajo y una sonrisa lenta, de auténtica fascinación y respeto, se dibuja en su rostro.

—Maldita sea... eres calculadora. Me gusta —dice con voz profunda—. No te preocupes, sé cómo lo haremos. Tengo Miller Capital Group. Mi propia firma de capital privado, sé perfectamente cómo se mueve el dinero y este negocio es a lo que me voy a dedicar a tiempo completo el día que cuelgue el casco. —Bien, eso si no me lo esperaba.  —Así que, hecho. Si el precio para salvar mi carrera es prestarte mi nombre para aplastar a los Sandoval, cuenta conmigo. Ambos ganamos.

Estira su mano enorme hacia mí.

Cierro la distancia y le doy un apretón de manos firme. Quedamos frente a frente viéndonos a los ojos unos segundos, sintiendo la chispa de una alianza peligrosa sellarse entre los dos.

—Bien —digo mirando a su agente que nos mira como si fuéramos dos dementes—. Dayton, busque papel y lápiz. Vamos a redactar las cláusulas de este noviazgo falso ahora mismo.

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