Capítulo 1 ¡No mires a mi hermana!

Martes, 2 de enero del 2020.

Homero es el hombre más estúpido que conozco y con la polla más caliente que he conocido, es un calienta bragas.

– ¡Pervertido! – Santa, la novia de Homero lo abofeteó frente de todos en el bar en el que estábamos tan tranquilamente tomando unas copas, hasta que pasó lo mismo de siempre, Santa se distrae un poco y Homero aprovecha para meter mano donde no le incumbe, después recibe un bofetón por parte de Santa, haciendo el ridículo y dando show a todo el que se detenga a observar.

– Es por eso que no me gusta salir con ustedes.– le dije a Santa, mientras ésta se sobaba la mano y veía a Homero en el piso de culo, sobándose el cachete y haciendo muecas.

– Lo siento, Aquiles Capa, pero ya sabes cómo es tu amigo.– ve a Homero con odio.

– Ay, Santita yo solo te quería abrazar el culo tan bonito que tienes.– le contestó Homero mientras éste se ponía de pie para ver a Santa cara a cara.

– Ya cállate, Homero, siempre dando espectáculo y haciendo el ridículo, no sé por qué sigo saliendo contigo, eres un enfermo y estás loco.– contratacó Santa dándole la espalda, mientras pedía algo de beber al barman.

– ¿Pero así me quieres no mi Santita?– susurró Homero en el oído de Santa, mientras le acariciaba la espalda y Santa se reía, siempre sabia como contentarla.

El bar no estaba muy lleno de gente, por lo cual, me gustaba y había menos cantidad de mujeres que de hombres, Homero siempre que salíamos los tres nos traía al mismo lugar porque le gustaba y a mí también, aparte la música del lugar era buena, ahora estaba uno de mis grupos favoritos sonando la canción de This love de Marron 5, es la historia de mi relación con mi ex Lucila Cama, era estúpido pero cierto, una relación fallida te deja muchas secuelas, por lo mismo, Homero elegía el bar así evitaba tener que sacarme de un hotel a las cinco de la madrugada con una mujer de la cual ni siquiera sabía su nombre o de una pelea de borrachos, de un orgia o hasta de una masoquista sexual, el hombre me ha salvado de muchas a pesar de que él sea un pervertido mujeriego con novia que es lo más patético que he escuchado pero cierto, aparte, en este bar, la mayoría de las mujeres eran casadas, algunas buscaban una aventura con un hombre casado o con alguien que tuviera un gran apetito sexual o lo que se les pusiera enfrente, Homero sabía que a mí no me gusta meterme con casadas aunque fueran muy calientes, es una regla entre nosotros desde hace años, cero mujeres casadas pero por lo regular ellas no se fijaban en nosotros pero sí atraíamos las miradas de los demás, digo, soy guapo eso ni dudarlo y ellas lo saben, en fin, algo está sonando, es el teléfono de Homero.

– Homero, idiota, tu celular está sonando– le dije a Homero, mientras éste seguía muy abrazado a Santa.

– Ya lo escuché amigo gracias y no por decirme idiota.– saca el celular del bolsillo y ve la pantalla entonces frunce el ceño.

– ¿Qué pasa, amor? – pregunta Santa al ver la cara de Homero.

– Nada, mmm, regreso en un momento, contestaré afuera, espérenme aquí.– dijo mientras le besaba la mejilla a Santa y salía del bar como si el mismo diablo lo persiguiera.

– ¿Qué habrá sido eso Aquiles Capa? – me preguntó Santa mientras se volteaba a verme.

– No lo sé, tal vez es su mamá.– contesté indiferente.

– Eso espero.– suspiró Santa y negó con la cabeza, mientras pedía otra bebida. Sé lo que siente Santa sobre las llamadas misteriosas me ha pasado.

– Algo más señor.– me preguntó el barman de repente, no lo vi venir.

– No, así estoy bien, gracias.– contesté y éste se fue con un asentimiento de cabeza.

– Voy al cuarto de baño, le dices a Homero, por favor, Aquiles Capa.– dijo Santa mientras se bajaba del banco y se dirigía al baño; Santa es menuda, de piel ligeramente bronceada, una larga melena castaña, ojos del mismo color, delgada, pero no demasiado, con un temperamento fuerte con los hombres, siempre fue muy fuerte, incluso después de la muerte de sus padres en un accidente de auto, solo se había quedado con su hermano menor Juanjo de 17 años aún así había podido destacar en el mundo empresarial y obtener un buen puesto en la empresa en la que Homero y yo trabajábamos.

De lejos vi como Homero caminaba hasta acá abriéndose paso entre las personas bailando.

– ¿Y Santa?

– Se fue el tocador, ¿Qué tal fue tu llamada? – le pregunté mientras veía como tomaba asiento a un lado mío, toma un vodka Irlandés igual que el mío.

– Mmm… bien, pero quiero hablar contigo de un asunto importante.– Santa ya se dirigía hacia nosotros.

– Dime.

– Aquí no, en casa.– susurró antes de que Santa llegara.

– Homero ¿Por qué le susurras a Aquiles Capa? – preguntó Santa llegando con el ceño fruncido, ella sí que da miedo.

– Es que somos una pareja gay, digo, cosas de hombres, Santita.– El estúpido de Homero lo dijo riendo, el muy idiota, le encanta hacer bromas de lo que dicen los vecinos ya que solo vivimos él y yo, pero no es porque yo quiera si no que fue un mandato de mi padre.

– Déjate de tonterías, Homero.– le dijo Santa con una mirada llena de furia.

– Ya, ya está bien, me habló mi hermana.– dijo sin expresión alguna.

¿Homero, tiene una hermana? Qué carajo. De repente mis pensamientos se obstaculizaron por algo que caía en mi cara, era Santa, había escupido su bebida sobre nosotros.

– ¡Mierda, Santa! – le grité mientras me limpiaba con el dorso de la mano.

– Lo siento, Aquiles Capa, no quise hacerlo.– se disculpaba mientras el barman le da unas servilletas y las repartía entre ambos.

– Bueno, no pensé que la noticia fuera a afectarte tanto.– habló Homero mientras se limpiaba el rostro con una sonrisa burlona.

– Homero, tienes una hermana ¿Por qué no me dijiste? – reclamó Santa con enfado.

Homero se encogió de hombros.– No suelo hablar de ella muy a menudo y ella tampoco así que no lo creí necesario.

– Pero ¿Por qué? cuando te pregunté sobre tu familia me dijiste que eran tu padre y tu hermano, ¿Por qué no me dijiste la verdad? – replicó Santa ofendida.

– No lo creí necesario, hay suficientes personas que saben de ella aquí en Holanda y es mejor así que nadie se entere que yo la conozco para no afectar su vida privada, ni la nuestra.

– ¿Es una artista? – no recuerdo que Homero me hablara nunca de su hermana, cuando estuvimos en la universidad recuerdo haber oído de una hermana de Homero pero a Homero a todas sus mujeres les decía hermanas para despistar, así que no me molesté en preguntarle.

– No, no así de artista, eso solo, mmm una cuestión complicada.– dijo mientras se agarraba el cabello en frustración.

– ¿Y cuántos años tiene? – preguntó Santa esperanzada.

– 26.

– ¿Cuál es su nombre?

– Penélope, Penélope Melatiesa.– Penélope, su nombre sonaba bien en mi boca, se sentía bien, eso era raro.

– Y ¿Por qué te ha llamado? – preguntó Santa.

– Se va a mudar a Holanda, así que viene a conseguir una casa, me preguntó si podría darle asilo por un tiempo, mientras buscaba dónde quedarse y le dije que le preguntaría a Aquiles Capa.

–¿A mí?

– Sí, amigo, después de todo es tu casa ¿no?

– Si, claro.– dije indiferente, ya no recordaba si era mi casa o no, con eso de que Homero le gusta acaparar todo.

– ¿Qué dices?, no causará ninguna molestia.– me preguntó mientras me miraba a los ojos. Se veía emocionado.

– Como sea, solo que no se meta con mis cosas y no habrá problema.

– Estupendo.– dijo Homero exhalando un suspiro de alivio.

– ¿Y cuándo llega? – preguntó Santa.

– Mañana como eso de las 8 de la noche más o menos.

– ¿Tan pronto?– pregunté.

– Sí.

– Demonios, está bien.– dije, total el que se ocupaba de la casa y todas esas cosas era Homero, yo solo me preocupaba por ir a trabajar a la empresa de mi padre.

Después de un tiempo nos fuimos a nuestras respectivas casas, eran pasadas de las 11 de la noche, en la mañana teníamos junta con los demás socios de la empresa y aparte iba la sexy y caliente chica nueva, la recepcionista, a ver si conseguía algo esa noche y me libraba de las visitas de Homero.

– Aquiles Capa.

– ¿Qué pasa? – pregunté mientras me quitaba la corbata y la tiraba al suelo después el saco y me desfajaba.

– Quiero decirte algo de mi hermana.– me dijo mientras negaba la cabeza con exasperación y recogía mis cosas como toda unasirvienta.

– ¿Qué es?

– No te metas con ella, Aquiles Capa, no te metas con mi hermana.– dijo Homero serio, demasiado serio para mi gusto.

– ¿Por qué no, no entiendo? –

¿será tan sexy? ¿Un bombón asesino? ¿Celos de hermano acaso?

– Porque no, no te metas con ella más de lo que debe de ser, ya estás advertido Aquiles.– lo dijo muy serio.

– Si es una chica sexy y muy caliente, mmm, no te aseguro nada.– dije con una sonrisa arrogante, mientras subía las escaleras, mientras escuchaba que Homero gritaba mi nombre.

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