Capítulo 2 Primer encuentro
Miércoles, 3 de enero del 2020.
La empresa de mi padre Aquiles Compani Inc. es una de las empresas más importantes de todo Holanda y parte de Europa, es una empresa de telecomunicaciones así que está renovando y renovándose muy rápidamente adelantando la tecnología con la que ya cuenta Holanda, mi padre de un amante de la tecnología desde que era niño según él nos cuenta, él dice que hay que estarnos renovando y dejando atrás el pasado para alcanzar el futuro o su frase más celebre “La tecnología es hermosa, exuberante, atrayente, renovadora, pero nunca como la mente, el ingenio y los sentimientos del ser humano”, la entiendo, pero nunca la he puesta en práctica y no creo que lo haga.
En la empresa se hacen juntas semanales con todos los ingenieros encargados de las renovaciones tecnológicas y claro con los jefes de la empresa, mi padre, mi hermano Zacarías y yo, para escuchar las nuevas propuestas por parte de los ingenieros y renovarlas también para saber cómo van las producciones, las ventas, el mercado y aprobar junto con mi padre y hermano las propuestas, cosa que me encargo yo y mi hermano se encarga de hacer las exportaciones así como hacer tratos con los clientes y pequeñas y medianas empresas, básicamente él y yo nos encargamos de la empresa en sí, mi padre solo nos supervisa, él sabe que es hora de su retiro así que él nos mantiene “entrenándonos” para cuando él se vaya, por eso nos incluye en todo lo relacionado con ésta.
El día pasó normalmente con juntas aburridas de 4 horas desde las 10 de la mañana hasta las 2 de la tarde. A Homero le tocó ir esta vez con Santa para afinar los detalles del último proyecto que vamos a lanzar, un celular con imágenes holográficas y Santa es la encarga de la publicidad y Homero de todos los trámites.
– Vamos a comer muchachos, tengo hambre y sed.– dijo Santa saliendo por fin de su oficina con Homero, yo los estaba esperando, no es lo mío esperar a las personas, me aburre, me estresa y soy muy desesperado, me gusta que las personas sean puntuales y estas personas con las que salgo a comer no lo son, entonces ¿Por qué me junto con ellos? pff ni yo lo sé, ahh, si son los únicos a los que tolero de la empresa, vaya vida.
– Aquiles Capa, ¿Ya terminaron? – preguntó Homero mientras cerraba la oficina con llave.
– Sí, desde hace 5 minutos.– contesté petulante.
– Bueno, como sea, nos vamos.– dijo Santa haciendo camino al ascensor.
– Vamos.– dijo Homero siguiéndola.
Llegamos al restaurante que está a unas cuantas manzanas de la empresa, es un restaurante de comida mexicana, una de mis favoritas, ni muy grande, ni muy pequeño, acogedor, con buena música, con buen personal y sin mucha gente, es perfecto. Entro yo primero abriendo la puerta, al entrar la suelto, no soy un caballero en sí, mi madre siempre me lo enseñó, pero nunca le vi el caso, son tonterías, digo el abrirle la puerta a una mujer, eso que no le veo significado, si le abres la puerta y se pasa y luego que, ¿Te ganas una medalla?, no, para nada, le miras el trasero, sí, bueno eso puede ser, qué caballeroso, por eso mejor la dejo caer.
– Aquiles Capa, deberías aprender modales.– dijo Santa con el ceño fruncido.
– Sabes que no, no sé de qué te quejas, si siempre lo hago.– contesto con mis manos en los bolsillos mientras el mesero nos guiaba a una mesa para tres.
– Y entonces Homero, háblanos un poco más de Penélope.– dijo Santa mientras estábamos sentados en el restaurante.
– ¿De mi hermana? ¿Por qué hablar de ella? – dijo frunciendo el ceño.
– Porque quiero saber más de mi cuñada, ¿Tú no Aquiles Capa?
– No es mi cuñada.
– Ashh, no acerca de ella, digo va a vivir en tu casa por un tiempo.
– Sí.– una simple respuesta.
– Bueno, ya, ¿Qué quieren saber? – dijo Homero mirándonos a los dos.
– A mí no me preguntes, es ella.
– Bueno, ¿A qué se dedica? – preguntó Santa emocionada, ¿Por qué se emociona?
– Es doctora, especializada en niños, una pediatra.– contestó simplemente Homero.
– Ohhh, qué interesante y ¿Está casada?, ¿Con hijos?
– No, por supuesto que no, es soltera, sin hijos y sin ningún tipo de compromiso de por medio, no le gustan los compromisos.– contestó Homero vacilante.
– Aaa, es una chica mala.– preguntó Santa.
– No exactamente.– contestó Homero. – pero bueno dejemos de hablar de ella, dentro de poco llegará y tengo que estar preparado para su llegada, así que coman porque tengo que regresar a la empresa por unos papeles que le dejé al padre de Aquiles Capa para que los firmara.
Después de varias horas más en la empresa en las que estuve aburrido, ya que Homero me dijo que esperara, solo iba unos minutos, que fueron horas y éste no salía, faltaban 30 minutos para las 8 de la noche, así que me decidí por jugar un rato.
– Buenas noches.– dije saludando con una mano a la nueva recepcionista de la empresa.
– Buenas noches señor Aquiles, ¿Le puedo ayudar en algo?– dijo mientras me sonreía de manera coqueta, sería fácil.
– Sí, verá, me preguntaba si tienes planes para esta única y exclusiva noche.– siempre remarco lo de única y exclusiva noche, no quiero llantos a la mañana siguiente.
– Pues la verdad no, ¿Por? – preguntó mientras se agarraba el pelo con un dedo y se lo enrollaba en él.
– Solo para saber si te gustaría tomar unas cuantas copas conmigo.– y algo más después.
– Claro, sí, con mucho gusto.– dijo sonriendo qué fácil fue eso.
– Bueno, qué te parece si…
– Aquiles Capa, ya vámonos, faltan 20 minutos, vamos tarde, corre.– ¡Mierda! ¡Maldito seas Homero!
– Espera unos minutos.
– Nos vamos ya, mi hermana, Aquiles Capa, ¿Lo recuerdas?
– Sí, claro.– la bendita hermana, ni la conozco y ya ha fastidiado una de mis cosas.
– Lo siento, la dejamos para después.– le digo a la secretaria con una sonrisa coqueta.
– ¿Esta seguro? Puedo hacer muchas cosas por usted hoy.– pregunta. Vaya, cómo cambió la cosa.
– Por supuesto, después ¿Vale?– digo mientras le guiño el ojo y le tomo la mano para darle un ligero beso.
– ¿Está seguro?– dice mientras me toma de la corbata y me acerca a ella.
– Claro.– le digo mientras le quito la mano de mi corbata y le susurro mi respuesta en la oreja, con una pequeña mordida en ella.
Ella sonríe y se retuerce.
– Nos vemos.– le guiño el ojo y me voy.
– Al fin.– dice Homero exasperado.
– Sí, lo mismo digo.– menciono rodando los ojos.
– ¡Ah, por cierto, me llamo Cleo! – grita la recepcionista, yo solo levanto la mano en señal de asentimiento.
– ¿Ni siquiera le preguntaste su nombre y ya casi te acuestas con ella?– dijo Homero molesto.
– Es lo de menos Homero– contesté cortante mientras Homero solo negaba con la cabeza.
– Aquiles Capa ya debe de estar por llegar mi hermana te comportas, por favor.– dijo Homero mientras arreglaba unas cosas de la casa y yo estaba sentado en la sala.
– Lo que sea.
– No lo que sea, Aquiles Capa, estoy hablando enserio.
– Ajá.
– Aquiles Capa.
– ¿Qué?
– Yo…– empieza a decir pero fue interrumpido por el timbre de la puerta.
– ¡Ya voy! – gritó Homero mientras corría a abrir la puerta.
De repente escuché cómo una voz femenina gritaba ¡Homero!
– Penélope.– decía Homero mientras se abrazaba con esa persona, me levanté entonces y fui a ver.
Era una chica de cabello azabache, menuda, piel aperlada, con unos grandes lentes en sus ojos, el cabello recogido en una cebolla, con botas negras sin tacón, y una gabardina negra.
Joder, a esta solo le faltan los braquets y los granos, pero que…
– Aquiles Capa, ella es Penélope, mi hermana, salúdala mal educado.– dijo Homero, yo creo que observó mi cara de desagrado hacía ella.
– Aaa si, Aquiles Capa, Aquiles Capa, soy Aquiles.– me siento como un idiota al repetir tantas veces me nombre mientras le daba la mano y ella a mí.
– Penélope, soy Penélope Melatiesa.– cuando dijo su nombre, mi mano tembló, sudé y después algo estalló, qué demonios.
– Un gusto.
– Igualmente. – nos miramos, nunca sabes cuando vas a conocer a alguien y tu mundo entero de un momento a otro se deshace.
– Un gusto.
– Igualmente. –¡Mierda! ¡Joder! Qué es esto.
– Pasa Pasa, ponte cómoda.– dijo Homero mientras arrastraba las maletas de ella.
– Aquiles Capa, ¿Me ayudas?– me dijo Homero sacándome de mi shock momentáneo, ¿Qué demonios pasa? ¡Joodeeeerr!
– Sí.– dije solamente mientras tomaba dos maletas y lo seguía y ella se quedaba ahí observando la casa, mientras subíamos las escaleras casi me caigo pero logré sostenerme.
– ¿Qué pasa estás bien?– me pregunta Homero mientras dejamos las maletas de su hermana en su habitación.
– Sí, solo, solo que ya sabes, me esperaba algo más, más sexy, encantadora, femenina, caliente, no lo sé.– dije con exasperación, ahora me sentía frustrado por lo que sentí cuando la toqué, me siento desesperado, no me gusta, esta maldita sensación, demonios, demonios.
Homero solo sonríe y niega con la cabeza.
– Hay amigo, te espero abajo para cenar.– dice y se va sin más.
Me deja en la planta de arriba de mi casa, frustrado y confundido, ¿Quién demonios es ella? ¿Qué es ella?¿De dónde coño salió? ¿Por qué siento ésto?¿Por qué me hace sentir así?¿Qué es ésto? No lo entiendo, pienso, mientras camino hacia mi habitación y me recuesto en la cama.
– JODEEEERRR.
Estoy loco, sí, eso es, estoy delirando, no sé qué demonios está pasando conmigo, qué demonios pasa, de seguro solo fue una reacción a ella, sí, tal vez porque no me esperaba eso, tal vez por que hablaron mucho de ella, tal vez porque fue el tema de conversación de estos últimos días, sí, es eso, tal vez, solo tal vez estoy impresionado, sí, es eso, tranquilízate Aquiles Capa, solo cámbiate y baja normal como siempre indiferente, no te afecta.
Con esos pensamientos de aliento me terminé de cambiar, me di una ducha y me puse mi pijama, solo los pantalones y bajé por las escaleras hasta que escuché una carcajada femenina, muy brutal, segura de sí misma, diferente.
– Enserio, Homero. – Escuché que decían, pero no logré detectar la voz.
Bajé más rápido las escaleras y me topé una espalda, una espalda femenina, con una blusa blanca, con una falda de cuero negra, hasta la mitad de los muslos, y unos zapatos de tacón altos rojos, el pelo azabache suelto, ondulado hasta la mitad de la espalda, sedoso.
– Aquiles Capa.
Dijo Homero saludándome, a la vez que la misteriosa mujer volteaba, demonios, pero si era la misma, solo que, sin lentes, se le veían unos ojos cafés chocolates intensos, hermosos, una sonrisa muy luminosa y la mirada, su mirada me rastreaba de arriba para abajo, tenía fuego, muy precavida pero hipnotizaste, ¿Qué demonios pasa? No entiendo.
– Mmm, yo.
– Aquiles Capa, justamente estaba hablando con mi hermana acerca de qué íbamos a cenar.– dice Homero mientras se pone de pie a lado de Penélope.
– No sé lo que sea ¿Quién demonios es ella? – pregunté petulante.
– Mi hermana, Penélope– dijo Homero.
– ¿Perdón? – gruñí.
– Lo siento, lo que pasa, es que venía de un lugar y no me detuve a cambiarme, disculpa la mala impresión.– dijo por primera vez con una voz muy sexy y aterciopelada pero sin dejar de lado lo dulce, por primera vez la escuché hablar.
– ¿Enserio? – dije incrédulo, este mundo está lleno de locos.
– Sí.– contestó cortante y petulante. Haciéndome gruñir y fruncirle el ceño de igual manera que ella a mí.
– Bueno, qué te parece Penélope si me ayudas en la cocina.– dijo Homero al ver nuestras miradas, mientras la jalaba hacia la cocina y ella soltaba una risita mientras lo seguía.
Me senté en el sofá y prendí el televisor, quién sabe que estarán diciendo adentro en la cocina, no entiendo, ¿Esa mujer tendrá un trastorno de personalidad? Porque esa yo no me la trago, ésta ha sido sin lugar a dudas la noche más extraña que he tenido en toda mi vida, primero me siento nervioso, después me siento confundido, luego enojado y al final creo que estoy enloqueciendo, no lo entiendo, ésto es extraño, me siento confundido, ella me confunde y eso me pone furioso.
– ¡Aquiles Capa, ya está listo! – me grita Homero desde la cocina, apago el televisor me pongo de pie para ir a la cocina, cuando llego Penélope ya está sentada comiendo, me siento enfrente de ella, la voy a molestar un poco y Homero se sienta en medio de nosotros.
– Provecho.– dice Homero mientras empezamos a comer, ahora verá ésta.
– Entonces, ¿Eres la hermana menor de Homero?– digo primero a lo que ella alza la cabeza y me sonríe.
– Sí, soy yo.– contesta.
– Mmm y ¿Qué es lo que te trajo por acá?
– No lo sé, solo quería venir a conocer nuevos lugares y me acorde que tenía un hermano en Holanda, agarré mis cosas y me vine.
– Qué interesante.
– Gracias.– sonríe forzadamente, mientras le lanza una mirada a Homero.
– Bueno y dime Penélope, ya tienes un trabajo me decías.– interrumpe Homero.
– Sí, en el Hospital Fráncfort me ofrecieron un muy buen puesto, mañana voy a ver para acomodarme en el consultorio.
– Tan rápido, no te hacen antes pruebas, una entrevista ¿Algo?– pregunto confuso.
– Eehhh.– dice Homero mirándola.
– No, yo vengo por recomendación de un viejo amigo mío, aparte tengo un muy buen currículo según me dijeron.– contesta simplemente con una sonrisa distractora, esa sonrisa distrae, solo asiento con la cabeza a lo que dijo.
De repente, se escucha que suena un celular, es el de ella, frunce el ceño, se levanta y se va a contestar a la sala.
– Tu hermana es atractiva.– le digo simplemente a Homero.
– Eso no me dijiste hace rato.
– Mmm, el pasado, pasado.– contestó simplemente.
