Capítulo 3 Infierno
Después de unos minutos, terminamos de comer y Penélope todavía está al teléfono al parecer ayudó a Homero a recoger la mesa y me encaminó a la sala, de repente me detengo al escucharla hablar por teléfono.
– No digas estupideces, idiota de mierda.– la niña es mal hablada.
– No, no pienso regresar, ya me cansé de tus tonterías.
– Vete a la mierda y no me vuelvas a llamar.
Cuelga el teléfono, suelta un gran suspiro, y le da una patada al mueble, al parecer no nota mi presencia ya que se sube rápido a las escaleras y desaparece.
– ¿Qué haces? – de repente me espanta Homero.
– Nada idiota.– le contesto, mientras le frunzo el ceño.
– ¿No has visto a Penélope?– me pregunta, mientras ignora lo que le dije.
– Ah, no, tal vez ya se fue a dormir.– sugiero.
– Tal vez, voy a buscarla, buenas noches.– menciona despidiéndose.
– Oye, ¿Dónde vas a dormir?
– En tu habitación– sonríe.
– No, a la mierda Homero, no– quien se cree, quiere alentar más a los vecinos este hombre.
– Ya me instalé de igual manera, adiós– y se va corriendo, de igual manera desaparece, igual que Penélope.
4 de enero del 2020. Jueves.
– ¡Buenos días, Aquiles Capa! – canturrea Penélope, mientras entro a la cocina, apenas y me había acordado que teníamos a una persona más es esta casa.
– Buenos días hermana de Homero– contesto, mientras me siento en la mesa, no me siento cómodo, es difícil acostumbrarse a esto, más si tus manos sudan un poco.
– Penélope, me llamo Penélope– me contesta mientras se voltea y me deja el desayuno en la mesa, se ve una persona muy amigable y que confía demasiado en las personas, es muy confianzuda.
– Lo siento, Penélope – le digo, mientras me dispongo a desayunar. – ¿Y Homero?– pregunto.
– Fue a comprar leche, porque ya no había, dijo que regresaba en cinco.– contesta Penélope, mientras ella también comía, se veía feliz a comparación de la llamada que tubo anoche.
– De seguro fue a ver a Santa– le digo, mientras tomo un sorbo de jugo.
– ¿Santa? ¿Quién es Santa? – pregunta, mientras alza una ceja, esta disgustada y confundida al parecer, no la ha dicho Homero, pero si salen ya hace más de un año.
– Homero no te ha hablado de Santa.– le digo.
– No.
– Ya llegué, había mucha gente hoy en la mañana y... – decía Homero mientras entraba en la cocina alegremente.
– Homero ¿Quién es Santa? – pregunta Penélope rápidamente con el ceño fruncido y con un aire de desesperación y decepción nuavamente.
– ¿Eh?
– Santa, Homero ¿Quién es? – pregunta esta vez, creo que está dolida.
– Ah, Santa, ella es mi novia, Penélope. – lo contesta simplemente, mientras se voltea a dejar la leche en el refrigerador.
– ¿Por qué demonios no me dijiste que tenías novia? – preguntó furiosa.
– Mi vida privada no es tema de conversación, ¿Sabes?– le recrimina.
– Ya sé que no lo es, por que a ti no te gusta hablar de ello, pero por lo menos pudiste haberla mencionado, ¿no?, digo, me hablaste de todas tus amantes, pero de ella no.– pregunta de pie.
– No lo creí importante. – dice indiferente.
– Homero es importante, es tu novia por el amor de dios– dice mientras se pasa la mano por el cabello.
– Lo siento, yo solo, no quería que nadie se metiera, al principio, pensé que no funcionaría y lo deje así, pero después pasó el tiempo y seguimos juntos.
– ¿Cuándo pensabas decirlo?
– Pronto.
– ¿Pronto? Qué bueno que me he enterado antes.– dice Penélope y niega con la cabeza.
– Lo siento, Penélope.– dice Homero con una cara de culpabilidad.
– Pensé que éramos amigos, Homero.– dice ella con el ceño fruncido.
– Lo somos.
– Entonces ¿Por qué?
– Solo lo quería mantener para mí, ¿Lo entiendes, no? – dice sentado al lado de ella.
– Supongo.– dice Penélope con un suspiro.
– Te la presentaré, le hablé de ti, está emocionada por conocerte. – dice Homero con una sonrisa.
– Supongo que es lo menos que puedes hacer.– contesta con una sonrisa, estos hermanos son complicados, no los entiendo.
– Bueno, nos podemos ir, ya es tarde– digo matando el momento, así como Homero mató el mío ayer en la noche.
– Sí, vámonos, tienes razón –dice Homero para recoger los platos y ponerlos en el lava platos.
– ¿Aquiles Capa, sabes si va a venir Josefa hoy? – pregunta Homero.
Josefa es la asistenta de nosotros, hace la limpieza y esas cosas cuando Homero no puede.
– No, ¿Recuerdas que le di vacaciones de dos semanas?– le digo.
– Mierda, es cierto, bueno– dice Homero, mientras frunce el ceño.
– Nos vamos.- dice Penélope saliendo con una chaqueta negra.
– Penélope, ¿Quieres que te llevemos? – pregunta Homero, mientras salimos del elevador del edificio.
– No, gracias– contesta Penélope simplemente.
– ¿Entonces, en qué te vas a ir?– le digo.
– Traje a mi bebé.– contesta con una sonrisa, mientras le brillan los ojos, que demonios ¿su bebé?
Salimos del ascensor y nos detenemos el aparcadero, Penélope le hace una señal al Valet parking con la mano y este corre emocionado, a buscar algo, después de un minuto aparece un Mustang Blanco último modelo.
– Señorita, Penélope– dic el muchacho al entregarle alegremente las llaves del coche a ella.
– Gracias lindo– le dice y le guiña un ojo, mientras se voltea hacía nosotros.
– Nos veremos más tarde hermanito, que tengas un buen día, igual tú, Aquiles Capa. – dice para sacar sus lentes y ponérselos, junto con una sonrisa coqueta.
– ¿Y?
Dice Homero mirándome con aires de “Toma eso Aquiles”.
– ¿Qué?
– Nada, nada.
Dice sonriendo con burla quien se cree.
– Hom, tengo uno mejor.– refunfuño, mientras mi Camaro 2020 sale del aparcamiento, es totalmente rojo y deportivo, único aquí en Holanda, traído desde Nueva Zelanda. – Es mejor, mucho mejor que el de esa chiquilla presumida.
– Es tu doble cara Aquiles Capa– dice Homero sin más.
– ¡¿Qué?!, no es cierto, nadie como yo Homero, no ha nacido a la persona que sea mejor que yo. – le digo al ver como suelta una carcajada, mientras arrancó el motor del choche.
– Me buscarás en el infierno, porque soy igual que tú. – Terminé de susurrar y cantar la última parte de mi canción favorita, irónicamente, eran las últimas palabras que me había dicho.
