Capítulo 4 Muy Extraño
Escuchando música y empezando a recordar la decisión tomada de un momento a otro sin mirar hacia atrás, pensaba en cómo le había pedido a mi hermano Homero para que me acogiera en donde él vivía. Él, bueno al que no quiero nombrar ahora y nunca más, es por eso que he decidido mudarme a Holanda con mi hermano Homero, pero solo temporalmente mientras consigo un departamento por ahí, ya tengo todo planeado, hice una cita en el hospital Fráncfort para el jueves, no dudo en que me contrataran ya que el Doctor Hoyo estaba muy entusiasmado con mi cambio de planes. Solo espero no tener problemas, vengo a buscar una nueva vida y estoy más que decidida a encontrarla ya sea aquí o en otro lugar, pero mientras sea más lejos de mi casa, mucho mejor.
Ya llevo tres horas de viaje en el carro desde que salí de casa, no mire para atrás solo arranque el motor y no voltee era lo mejor, nadie se enteró, solo mi familia ya que salí de madrugada, era lo mejor, lo debí de haber hecho ya hace mucho, pero mucho tiempo, pero me aferre o más bien me aferraron a algo que ya no existía, aunque lo viera todos los días, no era lo mismo en realidad nunca lo fue, y nuca lo será, finalmente lo he entendido, tarde, pero lo entendí y por eso me fui.
Debo llamar a Homero para avisarle de esto, hace ya tiempo que no hablo con el espero que me recuerde. Aparte ya es tarde, es muy tarde me parare en un hotel a descansar, debí de haber llegado más temprano a Holanda, pero me entretuve por ahí y se me hizo tarde.
Tomo el teléfono y coloco las manos libres no quiero ocasionar un accidente, mientras manejo.
– Homero. – digo, se escucha mucho ruido de fondo, era como música, si música.
– ¿Penélope? – pregunta el sonido ha desaparecido.
– Sí soy yo, ¿Qué ya no te acuerdas de mí?
– ¿Penélope, de verdad eres tú?– pregunta asombrado.
– Pues claro, ¿Esperabas a alguien más?
– No, yo solo, hace mucho que no hablamos es todo, ¿se te ofrece algo?, ¿estás bien?, ¿Papá, mamá y sota? – parece alarmado.
– Calma, ellos están bien, todos estamos bien. – suelto un suspiro largo – Necesito que me ayudes Homero.
– Demonios Penélope, ¿Te metieron al bote otra vez? – dice ahora enojado, qué cambio.
– ¡NO! ¿Cómo crees? no es eso tonto. – digo disgustada.
– ¿No?... ¿Bueno, entonces, qué pasa? – pregunta más tranquilo.
– Escucha, necesito un gran, gran favor del mejor hermano del mundo.
– ¿Qué necesitas?
– Me fui de la casa.
– ¡Que! – está alarmado
– Escucha, me fui de la casa, me fui de la ciudad, deje todo, abandone todo, voy para Holanda y necesito asilo unos días. – le digo sin más.
– Pero ¿Por qué? ¿Cómo se te ocurre Penélope? – Carajo, me llama Penélope, tengo esperanzas.
– Vale, era lo mejor y ya sé que tú me lo dijiste hace mucho pero no quise pensar y ahora ya lo sé, recapacité, sí, ayúdame Homero. – le rogué.
– Yo, está bien, ¿De dónde vienes?, escucho unos carros pitar– dice ya más relajado.
– Voy a quedarme en un hotel, me estoy estacionando, pero llego mañana a eso de las ocho de la noche más o menos, es tiempo suficiente. – Pregunto.
– Sí, claro, estaré al tanto de tu llegada, te mandaré la dirección por un mensaje, sale, cuando llegues a Holanda me mandas un mensaje y te esperaré.
– Ok, gracias Homero.
– Para eso están los hermanos ¿no?, bueno espero tu llegada, ah, por cierto, cuando llegues quiero toda, pero toda la historia ¿Entendiste? – me dice juguetón, pero mandón.
– Está bien, está bien, – le digo y suelto un suspiro – gracias Homero. Te quiero Hermano.
Hay un momento de silencio en la línea.
– Yo también, te quiero, Penélope. – Y cuelgo.
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– Mmm vamos a ver, esta es la dirección que me mandó Homero.
Estaba de pie frente a un edificio muy pijo, era de unos 8 pisos, lindo.
En la mañana al despertar se me hizo muy tarde, así que agarre lo primero que vi una gabardina grande me la puse, no tenía tiempo para peinarme, así que solamente me ate el cabello en una cebolla, me cambié de zapatos y corrí a buscar mis lentes de contacto, pero uno se me cayó al escusado y no tuve tiempo para buscar los repuestos, así que tome mis lentes de toda la vida y salí como alma que lleva el diablo. Se me hizo muy tarde todo por estar ayer en el bar del hotel, conocí a varias, personas que me invitaron jugar cartas y apuestas de dinero, fue genial que terminé muy tarde durmiéndome a las 5 de la mañana, y se suponía que debía levantarme temprano, pero no me termine levantado a las 3 de la tarde, pero gracias a mi Bebé, ósea mi auto llega a la hora estipulada.
No fue la mejor mañana de mi vida, pero era un buen comienzo de mi mueva vida, así que no había quejas.
– ¿Se le ofrece algo, señorita?
Pego un pequeño brinco al escuchar la voz a mis espaldas, me volteo rápidamente, era un muchacho de no más de 21 años, era muy lindo e inocente, cabello castaño, corto con unos hermosos ojos miel.
– Me has espantado, chico. – le digo con una sonrisa picarona.
Él se sonroja un poco. Está avergonzado.
– Disculpe, señorita no era mi intención, ¿si le puedo ayudar en algo?
– Oh, sí, gracias, me preguntaba si aquí es esta dirección. – le digo mientras me acerco a él y le doy el móvil para que lea el mensaje, está nervioso.
– Oh, sí, es aquí es el octavo piso, el pent-house. – dice rápidamente.
– ¿En serio?, Genial. – digo con orgullo.
– Buscaba a alguien en concreto.
– Emm, sí, mi hermano vive en esa dirección. – le digo sonriente.
– Enserio, su hermano. – dice riendo.
– Si, ¿por qué te ríes? – le digo, me rio un poco tiene una risa contagiosa.
– Es que ahí viven dos hombres, se rumora que son gay. – dice riendo.
– ¿Enserio, no sabía?– digo riendo, la que se espera Homero. – Oye, ¿Me podrías llevar hasta ahí? – le digo.
– Claro, por supuesto. – dice ya respondiéndose
– Voy por mis maletas al carro y subimos, está bien. – le digo, mientras bajo las escaleras.
– Espere, yo la ayudo. – me dice, mientras me sigue y llegamos a mi auto que está estacionado enfrente de los departamentos de lujo.
– Gracias, ¿Y trabajas aquí?
– Sí, soy el Valet parking del edificio.– responde alegremente, mientras abro el maletero, solo llevo dos maletas, es todo lo que necesito.
– ¿Enserio?, es genial– le contesto sonriente, cualquier trabajo es digno de respeto.
– Sí, lindo auto. – me dice observándolo.
– Gracias. – le contesto sonriente.
– A lo mejor, puedo encontrarle un lugar en el estacionamiento del edificio. – me dice pensativo.
– Eso sería genial, no me gustaría dejarlo aquí.
– Creo que sí, sí quiere.
– Claro toma las llaves, sube, por cierto, ¿Cuál es tu nombre? – le digo entregándole las llaves con toda la confianza del mundo.
– Kei, señorita y ¿El suyo?
– Penélope.
Le sonrió y me sonríe, es encantador.
– Vamos.– le digo, mientras arranca el coche adentro del edificio.
– Aquí es señorita. – me dice el muchacho, mientras me deja enfrente de la puerta con mis dos maletas.
– ¿Seguro?
– Por supuesto. – contesta alegre.
– Gracias, Kei, eres un amor, gracias por todo. – le digo, mientras me inclino y le doy un beso en la mejilla, esta se pone roja al instante.
– De nada, señorita cuando quiera. – dice y desaparece rápidamente por el elevador, lo saludo con la mano antes de que este se cierre.
Muy bien llego la hora, estoy nerviosa y no sé por qué es una sensación rara, nunca me pongo nerviosa con nada, es solo que siento algo raro aquí, es diferente, estoy muy nerviosa, demonios hasta me sudan las manos. Control Penélope. Control.
– ¡Homero! – grito al instante al ver a mi hermano ahí de pie, está muy guapo como siempre con su traje negro, hace mucho que no lo veía, me da nostalgia, pero no voy a llorar.
– Penélope. – me dice mientras me abraza fuertemente, hace mucho que no lo abrazaba, se siente genial, parte de mi alma ahora se siente más tranquila.
Nos deshacemos del abrazo veo que se seca una lagrima, pero sonríen está feliz igual que yo de verlo.
– ¿Cómo estas Penélope?– me dice mientras sale por mis maletas.
Al entrar hay un hombre enfrente mío, me mira con el ceño fruncido, pero me examina de pies a cabeza. Me atraganto con mi propia saliva. – Mierda.
Es un hombre alto, muy alto, dirá yo uno metro 90 o más, tiene los ojos dorados, muy característicos que hacen resaltar más sus facciones y su rostro, el pelo es negro ébano, tiene pelo abundante, pero corto, piel bronceada como la mía, tenía un pecho muy amplio y fuente y a juzgar por su pantalón de vestir, tenía una piernas fuertes al igual que sus brazos, se veía acogedor, me gustaría abrazarlo, solo llevaba la camisa blanca, sin corbata y desfajado, descalzo, bueno mi ropa no era de lo mejor, creo que estábamos en las misma condiciones.
– Aquiles Capa, ella es Penélope mi hermana, salúdala mal educado. – dijo Homero interrumpiendo mi mirada y la de él, se llamaba Aquiles Capa, que lindo y extraño nombre, es muy apuesto tengo que admitirlo.
– Ah si, Aquiles Capa. Aquiles Capa Aquiles. – balbuceé, al parecer él también se quedó como yo, vaya o le guste o no le agrado mucho mi imagen, yo creo que la segunda.
– Penélope, Penélope Melatiesa. – le tomé la mano, estaba sudando como la mía, ni me di cuenta que sudaba y de repente un choque eléctrico, me sacudido, la quite rápidamente, que demonios fue eso.
– Un gusto.
– Igualmente.
Dijo él y yo le contesté, eso sí que había sido muy extraño. Muy muy Extraño.
Ten cuidado, de ahora en adelante, me decía mi subconsciente y ella nunca, nunca fallaba.
