Capítulo 5 Irresistible
4 de enero del 2020. Jueves
Llegamos a la oficina 15 minutos tarde, a mi padre le gustaba la puntualidad así que me lleve un regaño de su parte. Aparte de que la recepcionista de la cual no recuerdo el nombre me saludo muy coqueta esta mañana, no me acordaba de ella por está pensando en otra persona que me fastidio la mañana de hoy.
—Buenos días Ahí. —le digo a mi secretaria, es una señora de unos 40 años, bien conservada, ha trabajado para mi desde que llegue a la empresa hace ya varios años, me cae muy bien, es con la única con la que jamás he tenido una aventurilla y ni la tendré no porque no sea guapa, lo es, pero esta casa y la aprecio mucho.
—Buenos días Sr Aquiles, le traigo su taza de café, recuerde que hay una junta las 11:30 con unos chinos para ver la nueva Tablet que ofrecen. —me dice mientras me deja el café en el escritorio y yo tomo asiento y le digo que si con la cabeza.
—Esta bien, gracias Ahí, hay más pendientes.
—Por el momento no, a y me hablo una Tal Yura que si se iban a ver esta noche. —me dice con desagrado.
—Ignórala—le dije, mientras fruncía el ceño.
—Fue lo que hice—me dice con una sonrisa.
—Muy bien entonces, puedes retirarte.
Y se va sigilosamente de mi oficina.
Penélope, con que su nombre es Penélope, le queda muy bien, pienso mientras me doy la vuelta con mi silla así la parte de atrás para ver la ciudad desde mi ventana de cristal. Estiro la mano y pongo un poco de música.
Ay, una mujer hermosa
De voz primorosa
De ojitos negros, de piel gitana.
Es, es una hechicera…
Esa canción me recordó a ella, es tal como la describen una hechicera, una seductora de piel gitana, es muy sensual sin lugar a dudas, debo admitir que después de haberlo estado pensado toda la noche que me atrae y mucho es una reacción a ella tanto espiritual como físicamente y muy físicamente hablando. Pero bueno el punto es que ella me llama mucho la atención y más por lo que me hizo sentir cuando la salud y la alegría y enojo que me causo verla en la mañana, se veía muy caliente con esa falda negra de tela vaporosa en forma de lápiz que llevaba junto con su blusa blanca de botones a la medida y sus tacones negros que le hacían unas piernas muy bonitas, se veía alta, aunque ella fuera pequeña de estatura.
Es muy hermosa.
Y la quiero para mí.
Aunque sea un polvo nada más.
Quiero que sea mía y punto.
—Creo que me estoy volviendo loco—digo para mí mismo más que nada, en que estoy pensado la acabo de conocer ayer... ¡por dios!
—Ya lo creo hermano—escucho una voz de tras de mí, me volteó rápidamente para darle la cara a mi hermano.
—Zacarías, ¿qué te trae por aquí ¿—le pregunto.
—Trabajo, trabajo. —dice las mitras toma asiento.
—Mierda, cierto. —digo tomando asentó yo también.
—Así es como ya sabes me tengo que ir en un mes y medio por Rosa. —dice
Rosa la esposa de Zacarías está embarazada, pero su embarazo es de alto riesgo, así que cuando llegue su octavo mes de gestación Zacarías va a tomar unas vacaciones de mes y medio obligarías por nuestro padre para cuidar de ella y de su hija, ya que mi pequeña cuñada es muy imperativa y no se sabe estar tranquila por eso Zacarías va con ella para que descanse los últimos meses de embarazo que le quedan.
—Si ya lo sé.
—Bien, Aquiles Capa tú te vas a quedar a cargo de la empresa tu solo, estarán Homero y Santa apoyándote, pero las decisiones son tuyas, así que es necesario que nos pongamos a trabajar para que no tengas problemas con los clientes.
—Entendido.
—Ya te avisaron de la junta de las 11:30.
—Si ya.
Y con eso nos ponemos a trabajar hasta las 3 de la tarde la hora de la comida.
—Provecho Hermano nos vemos, hasta mañana.
Se despide Zacarías de mí y se va, el sale a las tres por lo mismo de Rosa. Me pongo mi saco y bloqueo el equipo inmediatamente, la seguridad de los equipos de la empresa es muy importante, a la hora de la comida para una persona encargada de checar a todos los que tiene equipo para ver si están bloqueados y los que encuentra que no lo están, se le pone una sanción, las reglas son estrictas pero necesarias, esas fueron algunas de las nuevas políticas y reformas que pusimos Zacarías y yo cuando llegaos a la Empresa.
—Aquiles Capa ¿estás listo? —pregunta Homero asomando su cabeza entre la puerta de mi oficina.
—Nací listo idiota. —le gruño.
—claro, claro, vamos. —dice para alejarse de la puerta.
Salimos del edifico, Santa, Homero y yo para comer en un restaurante, por ser ejecutivos mayores tenemos dos horas de comida y salimos a las 6 de la tarde.
—Vamos a comer al Le freak, les parece, me lo recomendaron. —dice Santa, mientras nos dirigimos ahí, a veces me resulta muy incómodo ir con ellos a comer, porque son pareja y bueno yo solo soy un estorbo por así decirlo entre ellos y eso me incomoda ser el “tercero” en el grupo no me sienta bien, pero no tengo nadie más con quien comer augusto más que con ellos.
Al llegar al dichoso lugar tomamos una mesa, observo el lugar se ve acogedor y sencillo, observo a las personas, pero lo único que me encuentro es a Saint—Pierre, mi primo también trabaja en la empresa, esta con una de sus tantas conquistas en una mesa muy al fondo, de seguro le ha de estar metiendo mano, que asco, sigo observando el restaurante y,. Esperen veo una melena Azabache al fondo a la izquierda con tres mujeres más, me le quedo viendo y como si pareciera que le hablara de lejos voltea a verme y frunce el ceño, ¿Qué le pasa?
—¿Qué ves Aquiles Capa? —pregunta Homero sacándome de observarla.
—Tu hermana. —le digo sin más, para ver como rápidamente él y Santa más entusiasmada que nunca voltean a ver hacía donde yo veo.
—¡Aaaa!, Es ella Homero, es ella—dice Santa emocionada al ver que Homero no le contesta, creo que le va a dar algo.
—Si, si Santita amor, oye a dónde vas. —dice Homero al ver que Santa está de pie con intenciones de irse.
—¿Como que a dónde? A invitarla a comer con nosotros.
—Pero esta con sus amigas. —protesta Homero.
—¿Y? las invitamos también y ya. —dice Santa para correr rápidamente hacía Penélope.
—A dónde vas. —dice Homero al ver que yo también me pongo de pie.
—A saludar. —le digo sin más para ver como el frunce el ceño y me sigue, es una importante oportunidad para saber por qué me ha fruncido el ceño, no le he hecho nada y por qué no jugar un poquito con ella.
—Santa.
Oigo la voz de Penélope un poco sorprendida al decir su nombre de seguro la ha de estar conociendo, esta Santa es muy extrovertida.
—Penélope. —dice Homero rápidamente poniéndose al lado de Santa y yo me pongo tras la silla de Penélope, noto que al instante se pone tensa y ni la he tocado.
—Homero. –dice Penélope con una sonrisa, pero con una cara de no entender que pasa aquí.
—Penélope, recuerdas que te platique de Santa, mi novia. —dice Homero.
—A si, justamente es lo que me decía ahora que la conocía. —contesta Penélope.
—Por cierto, estas son mis amigas, Juana, Etril y Entonela, son mis nuevas compañeras de trabajo. —dice presentándonos.
—Chicas ellos son Homero, Santa e Aquiles Capa.
Suspiro para adentro por un momento muy lejano pensé que no me tomaría en cuenta.
—Bueno, pero por qué estar de pie, que tal si conseguimos una mesa para todos. —sugiero.
—Si es una excelente idea. —me apoya Santa.
Rápidamente levanto una mano y llamo al encargado para que nos consiga una mesa para 7, el lugar no está muy lleno así que rápidamente nos acomoda en otras mesas, escucho que las amigas de Penélope le dicen algo y ella les contesta y niega con la cabeza y hace una señal para que ellas vengan también.
—Muy bien ¿ya ordenaron? —digo al ver a todos ya en su lugar, Homero está sentado con Santa y luego esta Penélope, luego esta Etril, yo, Juana, Anthonella y regresar con Homero, no sé cómo paso, pero termine en medio de las chicas, que afortunado soy.
Empiezan a platicar entre Santa y Penélope, cosa que Homero solo niega con la cabeza y se pone a platicar con Anthonella, muy profesionalmente claro, ya que Santa lo mataría, mientras observo a la bella señorita Penélope, se pone nerviosa al ver que le clavo la mirada, eso lo sé y estoy seguro de que si ella volteara y me viera, empezaría a agitarme, no lo sé, pero sé que así será, afortunadamente no lo hace, pero siento molestia al ver que no lo hace, porque no sé, así que empiezo a coquetear y a Platicar con las dos chicas que tengo al lado, que parece ser que no dejan de verme, mejor les digo algo, antes de que tenga que traer botes para la baba.
Soy tan irresistible, pues claro que lo soy, si todas las niñas mueren por mí.
