Capítulo 6 Al fin solos
—Y díganme chicas, trabajan con Penélope. —empiezo preguntándoles al ver que ellas asienten y con una sonrisa y se lamben los labios.
—Si, somos enfermeras. —dice una de ellas y le lanza una mirada a la otra.
—Hoo que interesante, las tres lo son. —pregunto.
—No solo Etril y yo, Anthonella es la secretaria de Penélope. —me responde al parecer la llamada Juana, esta se ves más temible con esos labios rojos sangre que trae.
—Y dime Aquiles Capa, estas saliendo con alguien. —pregunta Etril rápidamente.
Son unas chicas rápidas, de estas a las que me llevo sin más y fácil, no sé qué me da por volver mi mirada hacía Penélope y la veo que voltea rápidamente el escuchar la pregunta de su amiga y me ve, así de rápido se voltea otra vez con Santa antes de que ella se dé cuenta de que me está observando. Ja celosa.
—Pues no justamente, buscaba a alguien con quien salir. —les contesto, mientras ellas dan una sonrisa de tiburón y a Penélope se le tensan los hombros.
—Enserio. nosotras también. —me contesta la tal Juana.
—Que te parece si, —empezaba a decirme Etril, pero una voz irritada las interrumpió.
—Oigan Juana, Etril, podemos llevar a Santa con nosotras el sábado por la noche. —las interrumpe Penélope con una voz como enojada, pero sin que ellas se percaten, sabe disimular.
—Eee, si Penélope. —contesta Etril y se voltea rápidamente para seguir platicando, pero en eso que llega el mesero y nos sirve a todos, empezamos a comer.
De repente volteo y Veo a Penélope que me mira, algunas veces, como diciéndome algo con la mirada, o regañándome no lo sé, pero me está tratando de decir, algo, ¿la abre molestado? Espero que si, por que, si fue el caso lo hare más seguido, así ella se pone tensa y me vigila a todo rato, no sé, pero me gusta que se enoje por mi culpa, es una chica celosa.
—Srta. Vino blanco y vino Tinto, la que más le guste.
—Este yo no pedí vino gracias. contesta Penélope al ver las dos copas de vino frente a ella, el mesero apareció de la nada y se las puso, ella no pidió.
—Se lo envía un caballero —contesta simplemente un mesero para llevar su rostro y el de Penélope a una mesa del fondo y ver a un hombre como asiente hacía ella y le sonríe.
¡Maldito Tirso Molina! ¡Maldito lobo con pulgas!
—El caballero de la mesa del fondo se la manda Srta. —dice el camarero para después retirarse y dejándole las dos copas a Penélope.
—¿Tirso Molina? Que quiere ahora. —dice Santa al ver a Penélope y las dos copas.
—No lo sé, pero voy a averiguarlo. —dice Penélope tomando la copa de vino tinto y llevándose con ella, hacia la mesa de Tirso Molina.
Demonios se veía muy sexy con esa falda y más de la forma en que va caminado.
Que quiere ese maldito lobo con ella, no lo voy a permitir.
Esta coqueteando con ella ¿Por qué coquetea con ella?, es mi CHICA, es MIA.
—¿Estas bien Aquiles Capa? –pregunta Homero.
—Si ¿por qué? —le rujo.
—No sé, creo que te oí gruñir y con esa cara de perro feo que te cargas, yo diría que quieres matar a alguien. —dice Homero burlándose.
—Cállate Homero, no vas hacer nada, ¡es tu hermana! —le digo, estos pensamientos me están volviendo locos.
—Nha, ella sabe lo que hace y es muy difícil que se propase con ella, diaria al revés.
—Que quieres decir con,
—¡Hay no! Penélope tiene una cita en 15 minutos, llegamos tarde. —Anthonella salto de su asiento de lado de Homero, agarro su bolsa rápidamente y fue tras Penélope.
—Nosotras también nos vamos. —dijeron las dos chicas, mientras sentía la mano de una en la bolsa de mi saco, creo que dejo su número o algo, no sé ni me importa, ahora vera ese lobo de mierda.
Me pongo de pie de un brinco y camino a zancadas grandes para ver como el lobo tiene la mano de Penélope en su boca y esta le sonríe muy coqueta de la vida, que le pasa, al parecer siente mi presencia ya que voltea con esa sonrisa seductora que tiene y me ve indiferentemente.
—Qué quieres cara de perro. —me ladra Tirso Molina al ver que llegue con ellos.
Pero entes de que pueda contestar Anthonella interrumpe.
—Penélope, vámonos tienes una cita en 10 minutos, vamos por favor. —dice Anthonella apurada.
—Demonios es cierto Anthonella, vámonos. —dice Penélope para tomar su bolso y colgárselo del hombro, pero sin que Tirso Molina le suelte la mano.
—Penélope, preciosa mía, nos volveremos a ver. —pregunta Tirso Molina dándole ves en la mano.
—Ya déjala en paz lobucho. —le digo al ver que no la quiere soltar.
—Ya cállate bestia. —me contesta Tirso Molina.
—A quien le dices Bestia lobo con pulgas.
—A ti idiota.
—Bueno ya. —dice Penélope. —Joven Tirso Molina en otra ocasión, con mucho gusto nos veremos para comer, desayunar, cenar, lo que quiera. —mierda eso lo dijo en doble sentido.
—Enserio preciosa Penélope, lo que quiera—pregunta Tirso Molina entusiasmado, pero que le pasa, idiota.
—Lo que sea—dice Penélope para ver como Tirso Molina se pone de pie y se acerca a ella.
—¿Qué haces? —le digo al ver sus intenciones, la va a besar no, eso no.
—Aquiles Capa no vayas a hacer un escándalo por favor. —oigo que me dice Homero por detrás, pero no lo escucho estoy viendo rojo.
De repente se inclina y la besa y ella le corresponde, por dios es un beso de lengua, Maldita sea ¡¡¡No!!!
—¡Quítate de encima! —le grito, mientras le doy un empujón asiendo que separe los labios de los de ella, y Tirso Molina va y se estrella contra un mesero que llevaba copas.
—¡Aquiles Capa que te pasa! —grita Penélope al ver que Tirso Molina está en el piso.
—Penélope, por favor vámonos. —le dice Anthonella.
—Vete Penélope, yo me encargo. —dice Homero para ver como Homero asiente y me manda una mirada furiosa y se va con las tres chicas.
—¡Pero que te pasa bestia! —me grita Tirso Molina ya estando de pie.
—No Aquiles Capa—dice Homero al ver que me voy a abalanzar otra vez contra él.
—Vete Tirso Molina. —dice Homero.
—Pero que le pasa. —vuelve a rugir Tirso Molina.
—No lo sé, solo vete. —dice Homero sosteniéndome.
—Esta bien, pero esta me la voy a cobrar bestia, Santa—asiente hacía ella con la cabeza —cuñado. —le dice a Homero y se con una sonrisa brillante es su rostro ese maldito.
—Calma Aquiles Capa, afuera. —dice Homero para empezar a sacarme del lugar y dejar a Santa pagando todo.
—¿Pero que te pasa Aquiles Capa?, hace mucho que no pasábamos por esto, que fue lo que paso—dice Homero.
—Nada—sigo enojado, es la peor cosa que he visto en mucho tiempo y lo peor del caso es que no sé por qué estoy tan enojado, joder, me estoy volviendo loco, ella me vuelve loco.
—Como que nada y eso que ha sido—
—Nada. Homero ya cállate. —le digo, aun me siento muy enojado y no voy a gastar mi furia en Homero.
—Alguien me quiere decir, que demonios ha pasado ahí dentro. —dice Santa saliendo del restaurant.
—Nada solo larguémonos de aquí. —les digo, mientras me encamino hacia el coche y con ellos atrás de mí.
Qué demonios me paso en el restaurante, fue como un hechizo, pero muy diferente, vi rojo cuando se besaron, porque se besaron ya que ella le correspondió, ¿pero por qué?, acaso le gustan como Tirso Molina, que le vio, que le vio que no me ve a mí.
—Aquiles Capa, me puedes explicar que es esto. —entra mi padre a la oficina con una factura en la mano, ¿Qué hace aquí?
—De que hablas, y que haces aquí. —le digo.
—Santa, me llamo para pasarte la factura de un restaurante que dañaste otra vez, que paso, ibas muy bien, llevabas 6 meses sin hacer escándalos y ahora esto. —me dice mientras se sienta enfrente mío, él es alto como Zacarías de ojos dorados también, dicen que se parece a mí en una réplica más vieja, pero yo digo que se parece más a Zacarías.
—Nada, no lo volveré hacer. —me siento como un niño.
—Eso ya lo has dicho otras veces antes. —me dice y frunce el ceño.
—Lo sé, y lo siento, no se volverá a repartí. —asiente con la cabeza
—Está bien, pero que ha pasado ahí, ¿Cuál fue el motivo? —me dice.
Que le digo, si le digo que es por una mujer que he conocido en menos de 48 horas, se va a reír de mi o se enoja.
—Nada, solo un altercado, entre Tirso Molina y yo, ya sabes los de siempre—le digo justificándome.
—Mmm Santa me ha dicho que había una mujer.
—Aaa si, la hermana de Homero.
—Ella ha causado el problema. —dice mi padre con una ceja levantada.
—No, no exactamente.
—Cuéntame hijo, confía en mi vamos.
Mi padre siempre me ha dado mucha confianza, aparte él siempre me cubre en algunas cosas, tenerle confianza es lo menos que puedo hacer con él.
—Bueno, sí fue ella. Penélope, la hermana de Homero, no sé qué paso, de repente ella se fue a beber una copa con Tirso Molina y vi rojo, y más pero aun cuando se besaron en mis narices, lo empuje y me enoje, es todo. —le digo.
—Ella sale contigo.
—No.
—Sale con Tirso Molina.
—Nunca—le digo exasperado.
—Esta bien, entiendo ¿hace cuanto la conoces? —pregunta.
—Como menos de 48 horas. —contesto algo avergonzado.
—Wau hijo, es sorprendente, Nunca me lo espere. —dice mi padre con una sonrisa.
—De que hablas.
—Nada, solo que sabias que cuando yo conocí a tu madre en menos de 48 horas supe que era la mujer de mi vida.
—Que, como puede ser eso. —le contesto algo confundido.
—Ya lo aprenderás, bueno me voy, voy de compras con tu madre y a tranquilizarla, que sepa que estas bien. —die mientras se levanta de la silla.
—Esta bien, pero qué significa eso que me dices.
—Ya lo sabaras, algún día. —dice para irse por la puerta y dejarme solo en mi oficina.
Llegamos a la casa a las 6:15 de la tarde, por lo regular hacemos 15 minutos en llegar, Homero, Santa y yo ya no hablamos del incidente del restaurante y es mejor así, cuando llegamos Penélope no estaba, así que subí, me cambie y baje, ella no llegaba, no sé por qué me espera no poder verla, es frustrante a las 8 menos 10 llega.
—Ya llegué Homero. —dice entrando, me ve en la sala y me frunce me ceño y se sube arriba.
No me importa, que se quede con su Tirso Molina.
—Aquiles Capa, voy a salir con Santa a cenar, la cena ya está, por favor no causen problemas está bien. —dice Homero al quitarse el mandil y dejarlos por ahí.
—Si. —le digo sin más.
—A dónde vas Homero. –dice Penélope bajando las escaleras sin zapatos.
—Salir con Santa. —dice sin más.
—Aa me la saludas. —dice Penélope con una sonrisa, se ve pequeña sin zapatos de tacón, si me pongo enfrente de ella creo que le ganaría por unos 30 cm más o menos.
—Está bien, nos vemos, no se metan en problemas. —dice, mientras sale por la puerta y Penélope lo sigue, esta es mi oportunidad, me pongo de pie y voy tras ellos en la puerta.
—Adiós Homero, pásatela bien. —dice Penélope, mientras lo despide con una mano y este se aleja hacía los elevadores.
—Al fin solos. —me acerco y le susurro a Penélope en el oído.
—Que yo no...
