Capítulo 7 Hombre afortunado

No termina la frase, si no antes de que yo la jale del brazo y ponga mi boca sobre la de ella, primero mordiendo el labios inferior, a ella le gusta ya que abre rápidamente la boca para mí, pero no yo quiero saborear sus labios primero así que se lo chupo y se lo muerdo y luego el otro, de repente siento su manos en mi cabeza y como ella, se estalla contra mi boca y deja que mi lengua entre a la suya sin más, me empuja con las manos como si no tuviera suficiente, la verdad yo tampoco tengo suficiente, sus boca sabe a fresa, como a chicle de fresa.

La agarro de las caderas y la pongo sobre la pared, mientras se agarra de mis caderas, a hora estamos más o menos a la altura y puedo disgustar más de ella, después de varios segundos más, falta el aire y a ella también, así que la dejo que sus pies toquen n el piso otra vez. Esta agitada y respira con dificultad igual que yo.

—Síguete besando con Tirso Molina y esas son las consecuencias. —le digo con sarna y un poco de enojo.

Tarda un tiempo en contestar, abre los ojos, saca una sonrisa coqueta y abre la boca.

—Bueno pues creo que lo hare más seguido. —dice para caminar e irse en la cocina, meneando el culo, como solo ella lo sabe hacer, solo ella sabe.

Demonios, ¡Ho si!

Ella es mala y lo sabe.

Creo que ella lo sabe.

Me estaba preparando para dormí, cuando escucho que tocan la puerta de mi habitación, ya regreso Homero tan rápido, pero él no toca.

—Ya voy. —digo mientras me pongo mi camisa de dormir, abro la puerta y la veo de pie ante mío, descalza y con el pelo enmarañado, pero con su ropa de trabajo, ¿no se la quita para dormí?

—¿sabes dónde está la ropa de Homero? —dice mientras me mira.

Después del beso ella ceno en la sala y yo en la cocina, creo que después fue un poco incómodo, termino y se fue a su habitación, eso fue todo lo que supe de ella.

—He, si esta allá, pasa. —le digo confundido, vino por ropa de Homero.

—Donde aquí. —dice señalando un ropero.

—Si hay. —le digo, mientras abre las puertas del ropero.

—¿Para qué quieres la ropa de Homero? —le pregunto, mientras me acuesto en mi cama, para bajar la tensión del ambiente.

—La voy a quemar. —dice seria.

—Enserio. —digo y me levanto de la cama de un salto.

—No—dice y se ríe de mí y niega con la cabeza, creo que ella sintió la tensión también, bien le seguiré el juego.

—Bueno si quieres ayuda para el caso, esto yo. —le digo con una sonrisa.

—Seria bueno una mano más. —dice, mientras sigue buscando, al parecer no encuentra nada.

—Buscas algo en especial, Homero hay solo guarda sus trajes, su demás ropa esta con Santa ya que a veces duerme con ella y poco a poco se la fue llevando. —le digo, mientras me acerco a ver que tanto busca.

—Enserio, mierda, buscaba un pijama o algo parecido—dice mientras busca entre toda su ropa.

—¿Por qué? No tienes tu. —le pregunto, mientras ella niega con la cabeza.

—No las olvide en casa y no tengo nada con que dormir, más que mi ropa de trabajo, pero es incómodo y no quiero dormir desnuda. —dice mientras suspira en frustración y deja caer los brazos.

—No has comprado unas. —le digo como si fuera lo más obvio del mundo.

—No he tenido tiempo de salir de compras ¿sabes? —me dice, Es cierto que idiota.

—Bueno, creo que yo tengo algo. —le digo con una sonrisa, ella puede usar algo mío a lo mejor mi olor se queda impregnado y si se vuelve a ver con el idiota de Tirso Molina perciba mi olor y la deje en paz.

—De verdad, ¿me prestarías algo a mí? —dice sorprendiéndose.

—Pues claro.

—Apenas me conoces. —me dice.

—Y eso que, total está viviendo aquí no—le digo mientras me voy del otro lado de la habitación hacia un ropero más grande que el de Homero.

Todo lo mío es más grande que lo de Homero.

—Bueno, si así lo pones—dice mientras se acerca tras de mí.

Abro las dos puertas del ropero y empiezo a buscar y efectivamente hay un pantalón de sobra ahí, pero le va a quedar muy grande, mejo le doy una de mis camisas, tomo la blanca de botones que tengo, se verá bien con ella. —toma esto. —mientras le paso la camisa.

—No tienes algo más. —pregunta al ver la camisa con algo de recelo.

—No, tenía, pero están en la lavandería, es todo lo que te puedo ofrecer. —le digo.

—Está bien—dice mientras se aleja a la puerta. —gracias de todos modos—dice mientras abre la puerta.

—Ya te vas a dormir—dice antes de salir de la habitación.

—Creo, leeré un libro tal vez.

—Ja, bueno si te aburres de leer un estúpido libro, te espero abajo en la sala. —dice para luego irse sin más.

Baja a ver qué era lo que, hacia ella en la sala, si me gano la curiosidad.

—Hey, viniste que bueno, nadie se resiste mí. —dice una voz detrás de mí, me volteo y veo algo que me quita el aliento.

Ella esta con mi camisa puesta que le llega como por las rodillas, esta descalza y con el pelo enmarañado, mientras lleva un plato grande de palomitas.

—Creo. —le digo con una voz ronca.

—Bien, vamos a ver una película—dice mientras camina hacía la sala, se sienta al estilo japonés en un mueble y yo enfrente de ella, no puedo dejar de mirarla y sin que esa pregunta se borre de mi mente pervertida.

¡¿Qué demonios trae debajo de esa camisa?

—Te gustaría ver algo en especial. —dice mientras cambia los canales y come palomitas, creo que eso fue lo que dijo ya que la está comiendo cuando pregunto.

—Lo que sea está bien.

—Perfecto, de todos modos, yo hubiera elegido que ver, vamos a ver algo de comedia, así que te aguantaras mis carcajadas. —dice mientras se detiene en una película, al parecer esta “Que paso ayer” ya la vi, pero la veré solo porque ella quiere.

No me voy a aguantar mucho tiempo sin preguntarle.

—Agarra[LGCP1] palomitas si quieres hombre afortunado.

—¿Por qué hombre afortunado?

—Porque estás conmigo, y oye vamos no a cualquiera le ofrezco palomitas, así que considérate un santo, si es que cabe. —dice mientras mueve la mano con gracia en círculos.

Creo que Homero tiene razón y haya alguien que supere mi ego. Pero no todavía.

Se acomoda mejor en el sofá se recarga en un reposabrazos y las piernas en el otro ocasionado que la camisa se le suba hasta los muslos.

—¡Por dios!

Suelta una carcajada y agita las piernas bronceadas. Creo que se ahoga un poco con las palomitas.

—¡Cristo!

—¡Mierda mujer, cálmate, toma agua! —le digo, mientras empieza a escupir algunas palomitas y después toma el agua.

—Se me fue por el camino viejo. —dice mientras se vuelve a meter otro puñado de palomitas a la boca.

—Casi mueres, creo. —le digo al verla embutir palomitas.

—Si, demandas a esos hombres que me hacen reír si muero, digo. —dice muy como si nada.

Pone sus brazos tras su cabeza y cruza las piernas de una manera elegante, dejando ver más de sus piernas.

—¡Jesús, maría y José y todos los santos!

Ahora o nunca.

—¿Qué traes debajo de la camisa? —pregunto, sale de mi boca.

Al parecer ella se queda sin respiración unos minutos y luego sonríe es una sonrisa coqueta como la que le dio a Tirso Molina, cuando le dijo que lo que quisiera. Voltea y me mira.

—¿Quieres ver?

—¡Cristo, ella me quiere dejar ver que trae bajo esa camisa!

—Estas desnuda. —le digo sin más, mi cerebro no piensa.

—Tal vez—dice mientras me sigue mirando con esa sonrisa coqueta y desafiante.

—Me gustaría averiguarlo. —le contesto.

Ella suelta una carcajada.

—No seas listillo Aquiles Capa, el hecho que seas un hombre afortunado, no quiere decir que quieras comerte al mundo de un jalón. —dice mientras niega con la cabeza y regresa a ver la película.

—Come palomitas que te vas a quedar con las ganas muchacho. —con eso agarro palomitas y las cómo, es mejor así, me pregunto si lo quiso decir en doble sentido eso que dijo.

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