Capítulo 5 UNA NUEVA REALIDAD
EIRIN
No siento miedo de James. Es una conclusión absurda, considerando que desperté en casa de un desconocido, pero es la verdad.
No me ha amenazado. No ha intentado detenerme. Ni una sola vez me ha hecho sentir en peligro. Aun así, necesito salir.
Necesito encontrar a alguien que me preste un teléfono, llamar a mis padres y descubrir dónde estoy. Eso es lo racional. Eso es lo correcto.
Con esa idea en la cabeza camino hasta la puerta y giro el picaporte.
La luz del exterior me obliga a entrecerrar los ojos.
Doy un paso. Y mi mundo deja de tener sentido.
Me quedo inmóvil. No porque quiera. Porque mi cuerpo simplemente olvida cómo moverse.
Hay personas caminando por la calle. Eso sería completamente normal... si no fuera porque algunas van acompañadas por enormes lobos que avanzan a su lado con absoluta tranquilidad.
No llevan correas. No parecen mascotas. Nadie les presta atención.
Una mujer conversa con un anciano mientras un lobo gris se estira perezosamente bajo un árbol. Dos niños corren detrás de un cachorro negro que mueve la cola con entusiasmo. Más adelante, un enorme lobo manchado camina junto a un hombre como si fueran viejos amigos.
Parpadeo varias veces. No puede ser. Tiene que haber una explicación.
¿Un refugio? ¿Una reserva natural? ¿Una filmación?
Mi mirada sigue recorriendo el lugar.
Las casas son bajas, de madera y piedra, rodeadas por jardines perfectamente cuidados.
No hay edificios. No hay postes de electricidad. No escucho motores. Ni una sola bocina. Ni el zumbido lejano de una ciudad.
Solo el viento. Las hojas. Las voces.
Y... los lobos.
Mi respiración empieza a acelerarse.
No. Esto no puede estar pasando.
Mi cabeza busca desesperadamente una explicación lógica.
¿Me drogaron? ¿Estoy soñando? ¿Sigo inconsciente en algún hospital?
Entonces un enorme lobo de pelaje marrón levanta la cabeza.
Sus ojos se encuentran con los míos y se detiene frente a la casa. Inclina ligeramente la cabeza, como si también me estuviera observando.
Como si... Me reconociera.
El aire desaparece de mis pulmones. Mi corazón empieza a golpear con tanta fuerza que me duele el pecho. Todo da vueltas.
Escucho la voz de Mad llamándome a lo lejos.
Quiero responder. Quiero moverme. Pero mis piernas ya no me pertenecen.
Lo último que veo antes de que la oscuridad me envuelva son aquellos enormes ojos fijos en mí.
Entonces la oscuridad me envuelve en una sensación reconfortante, tibia. Como si ahí debiera estar.
—Estamos en casa —susurra una voz al fondo de mi cabeza.
MAD
El miedo me golpea en cuanto la veo abrir la puerta. Durante una fracción de segundo creo que realmente se marchará.
Salgo tras ella sin pensar.
Estaba por llamarla, decir su nombre. Pero entonces su cuerpo pierde toda la fuerza.
Alcanzo a sostenerla antes de que toque el suelo. Su peso descansa entre mis brazos y una punzada de angustia me atraviesa el pecho.
—Eirin... mírame.
No responde. Parece dormir entre mis brazos. La observo unos segundos mientras intento entender qué ocurrió. No lo consigo.
Cierro los ojos con frustración.
Hay algo que debo estar omitiendo. Aunque debo admitir que su reacción fue muy distinta a las que imaginé.
En mi mente solo habían dos alternativas: Se alegra y me acepta como su mate o me rechaza y fragmenta mi alma. Pero ninguna de esas opciones se dio. Fue como si ella hubiera ignorado deliberadamente una revelación tan importante... o incluso fue como si no hubiera entendido lo que dije.
La levanto con cuidado y camino hasta mi habitación.
¿Qué lobo no sabe lo que es un mate? Es imposible que no lo sepa. Ese conocimiento es básico.
La deposito sobre la cama con la misma delicadeza con la que sostendría algo irremplazable y me ubico a su lado.
Dow no deja de caminar de un lado a otro dentro de mi cabeza.
—Está asustada. Necesita sentirnos.
Lo sé. El vínculo me grita que está aterrada. No tengo más remedio que estrecharla contra mí y dejar que mis feromonas la envuelvan. No es una marca. Solo una forma instintiva de transmitirle calma. Encuentro satisfactorio que su cuerpo se relaje cuando lo hago.
—Márcala —exige Dow —lo que estás haciendo no es permantente.
Lo sé. Pero no tengo su autorización.
—No.
La respuesta escapa con menos convicción que la vez pasada de mis labios.
Mi lobo guarda silencio apenas un instante antes de volver al ataque.
—Podría irse cuando despierte otra vez.
Lo sé. Y ese pensamiento me aterra. Pero no voy a obligarla a quedarse. No quiero que permanezca aquí porque no tenga alternativa. Quiero que decida hacerlo. Porque confía en mí. Porque me eligió. No solo porque la Diosa Luna lo hizo primero.
Respiro hondo. Hace apenas unas horas ni siquiera conocía su existencia. Ahora siento que cada fibra de mi cuerpo gira a su alrededor.
Es absurdo. Abrumador. Maravilloso. Y aterrador al mismo tiempo.
¿Acaso no siente nada? Sé que aún no tiene a su loba, pero el vínculo debería despertar algo en ella. Al menos una intuición. Un impulso.
Siempre me consideré un hombre paciente, dueño de mí mismo. Bastaron unas horas junto a ella para descubrir lo equivocado que estaba.
Y ahora debo negociar cada minuto con un lobo posesivo que cree que cualquier distancia entre nosotros es demasiado grande.
Dejo escapar una risa cansada.
—Vas a volverme loco, pequeña.
La puerta de mi habitación permanece abierta. Levanto la vista y encuentro a Mason detenido frente a ella. Está inmóvil. Observando a Eirin con una intensidad que no me gusta en absoluto. Juraría que su lobo se asomó.
Dow reacciona antes que yo.
—Aléjalo.
Un gruñido grave vibra en mi pecho y por primera vez en la vida dejo que mi hermano sienta lo que es mi aura hostíl. Mi aura beta.
Es mi hermano. Jamás le haría daño. Pero cada vez tengo menos control. Dow está ganando terreno, puedo sentirlo.
Y, si soy sincero creo que una parte de mi desea actuar también como mi lobo. Aquella parte primitiva de mí quiere cubrir a Eirin con mi cuerpo para impedir que cualquier otro macho vuelva siquiera a mirarla.
Resoplo con frustración.
Necesito trabajar urgentemente en esta posesividad. Porque, si hasta la mirada curiosa de mi propio hermano despierta este lado de mí...
No quiero imaginar qué ocurrirá cuando deba presentarla y el resto de la manada la conozca. Cuando una mirada realmente indebida se pose en ella.
Dow, lejos de tranquilizarse, responde con una satisfacción casi ofensiva.
—Entonces nos conocerán de verdad.
