Capítulo 6 MASON Y UN DESTINO EN MARCHA
MASON
El entrenamiento termina cerca del mediodía y, por primera vez en toda la mañana, puedo pensar en algo distinto a recibir golpes.
Comida. Una ducha. Y, con un poco de suerte, conocer a la famosa compañera de Mad.
Sonrío para mis adentros.
Jamás pensé que vería el día en que mi hermano perdiera el control por una mujer. Si alguien hubiera apostado por cuál de los dos iba a encontrar primero a su mate y volverse un desastre emocional, todos habrían señalado mi nombre.
Yo soy el impulsivo. Él, el responsable.
Yo busco problemas. Él los resuelve.
Físicamente nos parecemos, pero ahí terminan las similitudes. Desde pequeños todos supieron que Mad sería el próximo Beta.
Nunca me molestó. Ser Beta significa vivir cargando responsabilidades ajenas. Yo prefiero cargar una mochila e irme de pesca con mis amigos.
Algún día sentaré cabeza. Eso dice mi madre. Yo digo que todavía tengo tiempo. Mientras tanto, no veo ningún delito en entrenar, salir a divertirme y coquetear con Melany... o con Nat.
Todavía no encuentro a mi compañera. Y, siendo sincero, tampoco tengo prisa.
Mamá suele decir que soy el hijo que más canas le ha sacado. Yo prefiero pensar que le doy buenas historias para contar.
Desde que Mad encontró a su mate, la casa entera gira alrededor de ellos. Nunca lo había visto tan... territorial.
Le gruñó al sanador por tocarle el brazo. Se negó a que mamá le prestara una de sus batas porque, según él, olía demasiado a papá.
Tuve que salir de la cocina para que no me escuchara reír.
Mi hermano siempre fue serio. Verlo comportarse como un cachorro celoso está siendo el mejor espectáculo del año.
Cuando llego a la casa, la puerta está abierta. Entonces la veo.
Permanece inmóvil sobre el umbral, contemplando la calle como si hubiera olvidado respirar. Es hermosa, aunque no de esa forma que hace girar cabezas en una taberna. Es distinta. Tiene una presencia que obliga a bajar la voz y medir las palabras incluso antes de conocerla.
Entonces levanta la vista. Sus ojos verdes encuentran los míos.
Y durante un segundo el tiempo parece detenerse. Nunca había visto unos ojos así.
Mi lobo también se queda en silencio. Tiene algo que atrae. Genera una extraña sensación de... reverencia. Como si estuviera frente a alguien importante.
Antes de que pueda entender qué significa, ella pierde el color del rostro. Mi hermano aparece detrás de ella y alcanza a sujetarla antes de que golpee el suelo.
En dos zancadas de mi lobo estoy junto a ellos y establezco conexión mental.
—¿Qué pasó?
Mad niega con la cabeza mientras la toma entre sus brazos.
—No lo sé.
Su voz suena confusa. Lo sigo hasta la habitación. La acomoda sobre la cama con un cuidado que jamás le había visto tener con nadie.
Permanezco unos minutos observándolos. Él no le aparta la vista de encima. Y para mi mala suerte cuando lo hace, se encuentra con la mirada de mi lobo. Y sé que eso no es bueno.
La expresión en su rostro se endureció y sus ojos brillaron de forma amenazante. El gruñido que generó no fue contenido y aunque solo con eso habría entendido la indirecta, fue mucho más lejos. Ahora entiendo porqué mi lobo nunca intentó retarlo. Su aura beta es impresionante.
Salgo de la habitación sin hacer ruido y con la cabeza baja. Siento vergüenza por haberla mirado, porque durante un instante mi lobo y yo olvidamos que es la pareja de mi hermano. Lo peor de todo es que no es lo único que siento.
Necesito una ducha. Y que esa loba deje de dar vueltas mi cabeza. Por mi bienestar mental y físico. Pero sobre todo por la paz familiar.
Mientras el agua cae sobre mí, mi lobo rompe el silencio.
—Es diferente.
Lo sé. Su aroma cambió desde ayer. No es más intenso, pero si atrayente. Es... imposible de ignorar.
Y esos ojos... Maldita sea.
No porque los desee. Sino porque hacen sentir que detrás de ellos se esconde una historia mucho más grande de lo que cualquiera de nosotros imagina.
Tengo la sospecha de que la llegada de esa chica no solo cambiará la vida de Mad. De alguna manera que todavía no entiendo... también cambiará la mía.
Si Mad no la marca pronto, su aroma podría generar muchos problemas. Ella no tardará en llamar la atención de toda la manada.
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EN ALGUNA PARTE...
El agua permanecía inmóvil.
Su superficie del viejo pozo era un espejo perfecto, tan silencioso que el tiempo parecía haber olvidado transcurrir en aquel lugar.
Entonces... Un círculo de ondas rompió la quietud. Desde las profundidades emergió una figura envuelta en sombras.
No era especialmente alta. Tampoco imponía por su fuerza física. Y, sin embargo, Muchos habrían inclinado la cabeza sin comprender por qué.
El agua resbaló lentamente por su túnica oscura mientras avanzaba sin prisa. Cada paso despertaba ecos que llevaban siglos sin retumbar por las paredes de aquella caverna.
Subió las antiguas escaleras de piedra y lo condujeron hasta una inmensa biblioteca excavada en el corazón del bosque. Justo debajo de aquel templo que cuya grandeza había sido olvidada por la historia.
Miles de pergaminos y libros cubiertos por el polvo del olvido aguardaban pacientemente el regreso de quien alguna vez fue su principal lector. Sus dedos recorrieron los estantes con una precisión inquietante.
Buscaba sin afán hasta detenerse sobre un viejo volumen encuadernado en cuero oscuro. Al tomarlo, una fina capa de polvo se elevó en el aire, como si el propio tiempo protestara por haber sido interrumpido.
El desconocido abrió el libro. Las páginas pasaron solas. Una tras otra hasta detenerse en un símbolo que había desaparecido del mundo siglos atrás.
Una sonrisa apenas perceptible cruzó su rostro.
—Ahora que por fin regresaste... lo inevitable tendrá un propósito.
Su voz fue poco más que un susurro.
Cerró el libro con lentitud. Muy por encima de aquella biblioteca olvidada, una joven acababa de abrir los ojos en un mundo que ya no recordaba.
