Capítulo 7 UN PASO DE CONFIANZA

MAD

El más leve movimiento basta para despertarme.  

Eirin vuelve a acurrucarse entre las sábanas y abraza mi almohada con una expresión de absoluto alivio. Luego hunde la nariz en ella y sonríe apenas.

Mi corazón da un vuelco.  Durante un segundo deseo, con una intensidad ridícula, ser esa almohada.

Dow se ríe dentro de mí.

—Todo sería tan fácil si te decidieras a marcarla.

Tiene razón.  Pero no por eso está bien.  

Jamás imaginé que encontrar a mi compañera se sintiera así.  Siempre pensé que el vínculo era  solo una reacción química.  Nunca consideré realmente que hubiera una Diosa involucrada.  Ahora no estoy tan seguro.

La ciencia casi había eliminado esa creencia por completo.  Yo me decía que quería elegir.  Conocer.  Enamorarme por decisión propia.  Ahora entiendo que quizás nunca tuve opción de hacerlo.

No creo que me haya enamorado porque la Diosa lo ordenara. Tal vez ella solo une caminos. El resto... depende de nosotros..  Porque incluso dormida transmite una fuerza que jamás había visto en otra mujer.

La conocí tímida, confundida y aterrada. Y aun así encontró el valor para ponerse de pie y enfrentarme.

Siente el lazo.  Es evidente.  Y lucha contra el superponiendo su razón al instinto.  Eso...  Eso me desarma.  Por eso yo tampoco debo ceder a el.

Sí, deseo besarla.  Quiero perderme en el aroma de su piel y descubrir si sus labios son tan suaves como imagino.  Quiero abrazarla hasta convencerla de que nunca volverá a sentirse sola.

Pero hay algo que deseo todavía más.  Quiero que algún día sea ella quien cruce la distancia entre nosotros o que me pida que la cruce.

Porque así lo desea ella.

Los movimientos bajo las mantas se hacen más evidentes.

Se estira lentamente, arqueando la espalda con la elegancia despreocupada de un gato que despierta al sol.

Tengo que morderme el labio para contener la sonrisa.  Qué criatura tan hermosa.

Finalmente abre los ojos.

En cuanto me ve, todo el desconcierto vuelve a instalarse en su rostro.

Se cubre la cara con ambas manos.  

Suspira.  Permanece así varios segundos antes de sentarse despacio.

Cuando vuelve a mirarme, su voz apenas supera un susurro.

—¿Eres... real?

La pregunta me desconcierta.

Pero respondo con la misma seriedad con la que ella la formuló.

—Sí. Soy real.

Su mano se acerca lentamente hasta rozar mi mejilla.

Las chispas recorren mi piel en el mismo instante en que nuestros cuerpos vuelven a tocarse.

Ella también las siente.  Lo veo en sus ojos.

—No... —murmura—. Debes ser una alucinación.

Su expresión se vuelve pensativa.

Después se pellizca el brazo.

No puedo evitar sujetarle la mano.

—¿Qué haces?

—Intento comprobar que no estoy soñando.

Su voz se rompe.

—Y si no estoy soñando... creo que me volví loca.

Aquellas palabras me atraviesan.

No es miedo lo que veo.  Es desesperación.

—¿Por qué piensas eso?

Eirin deja escapar una risa sin alegría.

—Porque ayer tenía una vida normal.

Hoy despierto en un lugar sin autos, sin teléfonos... rodeada de personas que conviven con lobos gigantes como si fuera lo más natural del mundo.

Hace una pausa.  Sus ojos comienzan a humedecerse.

—Hoy era mi cumpleaños.  Mis padres debían estar esperándome.

La última frase apenas logra salir de sus labios.  Las lágrimas empiezan a deslizarse silenciosas.

—Y... cada vez que te toco siento cosas que no puedo explicar.

Baja la mirada hacia nuestras manos entrelazadas.

—Hay una vocecita en mi cabeza completamente fascinada contigo.

Levanta los ojos hacia mí.  Una sonrisa triste curva apenas sus labios.

—Como si yo sola no lo estuviera.

Mi pecho se encoge.  No quiero verla llorar.

Sin pensarlo, la atraigo hacia mí.  

Al principio su cuerpo se pone rígido.  Después, muy despacio, se relaja entre mis brazos.

Dejo que mis feromonas llenen el aire con suavidad.  No para influir en ella.  Solo para transmitirle calma.

—No entiendo del todo qué está pasando —susurro junto a su cabello—. Pero sí sé una cosa.

Acaricio lentamente su espalda.

—No estás sola.  Jamás volverás a estarlo.

Permanece inmóvil unos segundos.  Después responde al abrazo.

Mi corazón casi se detiene.  Dow da un aullido de felicidad.

—Nos aceptó.

—No.  Todavía no.  

Le respondo con el mayor aplomo del que soy capaz.  

Ella acaba de regalarme algo igual de valioso.  Confianza.

Cuando finalmente nos separamos, limpia sus mejillas con el dorso de la mano.

—Hay algo que no entiendo.

Asiento.

—¿Qué es exactamente un... mate y por qué hablas de lobos?

Sonrío incrédulo ante su pregunta.  Todos lo saben.  Hasta quienes no son lobos.  

—Eres nuestra compañera de vida.  Y pronto, cuando tu loba emerja.  Por fin estaremos completos.

Frunce ligeramente el ceño.  Permanece pensativa.

Luego niega despacio con la cabeza.

—Dices cosas sin sentido...  esto no es una película.  Yo no soy una mujer loba.

Dow resopla divertido.

—Lo eres. Puedo sentirlo.  —respondo aunque no sé lo que es una película— Tu loba despertará cuando cumplas veintiún años.

Ella guarda silencio durante un largo momento.

—Entonces... supongo que ya los cumplí.

El peso de aquellas palabras vuelve a oscurecer su mirada.

Durante más de una hora intercambiamos historias.  Ella me habló de la familia que la adoptó y de ciudades imposibles.

Escucho fascinado.  Jamás imaginé un lugar así.

Cuando termina, Yo le hablo de manadas.

Si no conoce este mundo, yo se lo enseñaré.  Le enseñaré todo lo que necesite. 

Tiene miedo.  El lazo me lo grita.

Al final vuelve a quedarse en silencio.   La observo.  Comprendo el torbellino que debe haber dentro de ella.

En un solo día descubrió muchas cosas. Nadie debería cargar con tanto de golpe.

—¿Quieres conocer mi forma de lobo?

Levanta la vista.

—Sí.

Sonrío.

Dow insiste en salir.  En presentarse.  Pero Eirin apenas está aceptando que los hombres lobo existen. Si ahora conoce a Dow, con toda la intensidad de su presencia, solo conseguiré asustarla.

Quiero que primero acepte la idea de que sigue siendo ella. Que comprenda que este mundo es real y que su naturaleza también lo es.

Habrá tiempo para que conozca a mi lobo.  Cuando ocurra, quiero que esté lista.

—¿Vamos? —pregunto con una sonrisa tranquila.

Ella tarda un instante en responder.

Sus dedos se entrelazan nerviosos delante de su cuerpo mientras toma una bocanada de aire.

—Creo que sí.

Sé que está mintiendo.  El vínculo me transmite su ansiedad con absoluta claridad. Su corazón late más rápido de lo normal y el miedo continúa aferrado a ella, aunque ya no es el mismo de hace unas horas.

Ahora está mezclado con curiosidad.  Y eso me da esperanza.

Comenzamos a bajar la escalera despacio.  Procuro caminar a su ritmo.  No quiero que sienta que la arrastro hacia una realidad que le cuesta aceptar.

Mientras descendemos, la observo de reojo.  Sus ojos recorren cada rincón de la casa con atención, como si intentara memorizarlo todo.

Es valiente.

Sigue haciendo preguntas.  Sigue buscando respuestas.  Sigue avanzando.

Mi admiración por esa mujer crece con cada minuto que pasa.

Al llegar al último escalón me detengo en seco.  No había percibido sus presencias.  Había estado demasiado concentrado en Eirin.

Toda mi familia está reunida en la sala.

Mi padre permanece de pie junto a la ventana.  Mi madre no consigue ocultar la emoción que ilumina su rostro.  Justin intenta disimular su curiosidad sin demasiado éxito.  Y Mason... bueno, Mason nos observa con esa sonrisa de quien sabe que más tarde encontrará la manera de burlarse de mí.

Siento cómo el vínculo se agita.  Eirin también los ha visto.

Su respiración vacila apenas un instante.  Sin pensarlo, acerco mi mano a la suya. No la tomo.  Solo dejo que el dorso de nuestros dedos se roce.  Un pequeño recordatorio de que no está sola.

Ella gira apenas la cabeza hacia mí.  Me gustaría poder leer su mente y saber que piensa.

Y, por primera vez, tengo la sensación de que empieza a creer que no permitiré que nada malo le ocurra.

Le dedico una sonrisa que espero consiga transmitirle la calma que yo mismo intento conservar.

Después vuelvo la vista hacia mi familia.

—Eirin... te presento a mi familia.

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