Capítulo 30: El demonio desatado

—¡NO!

Astasha ni siquiera notó la palabra escapando de sus labios, pero ya era demasiado tarde.

La sangre brotaba del cuello de Bryn mientras su cuerpo sin vida se desplomaba en el suelo. Para su horror, Cordelia se agachó y extendió la mano, el espeso rojo corriendo sobre sus manos. Estaba cantan...

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