Capítulo 8 El Patriarca

Los días después de la visita de Elara fueron una montaña rusa.

Alexander no se separaba de mí. Dormía con una mano en mi vientre. Desayunaba mirándome como si fuera a desaparecer. Llamaba a Máximo cada dos horas para confirmar que la seguridad del ático seguía intacta.

—Estás obsesionado —le dije...

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