Capítulo 3 Dos veces
Me abroché los botones de la camisa y me alise mi pelo. Ricardo también se puso su camisa y su saco. No puedo creer que lo hayamos vuelto a hacer. Mi yo interno estaba brincando de la felicidad, es que era increíble. Eso quiere decir que Ricardo me desea tanto como yo a él a pesar de sus desplantes y su malhumor. Mordí mi labio inferior porque no se que pasará ahora. Ricardo puede ser un poco bipolar, un día bien y otro mal.
—Iré a mi escritorio si no necesitas nada más —le dije, girándome, pero antes me tomó de la mano.
—No se por que lo hice —me dijo—Roberta, ¿que demonios me haces?
—Yo nada —lo quedé viendo.
—Discúlpame, no volverá a pasar —me dice. Eso me dolió, sabía que le saldría con algo como esto.
—Estoy de acuerdo —elevé una ceja seria. No sería la chica dolida. Me zafé de su agarre y salí por esa puerta conteniendo las ganas de llorar. Era horrible y me sentí usada. Me senté en el escritorio, sintiéndome el ser más miserable. Ricardo seguro pensaba que era fácil y por eso venía y se acostaba conmigo las veces que le daba la gana y yo estaba allí de tonta aceptando como siempre. Pero eso cambiará.
Tenía varios mensajes en mi celular e incluso de Max, el chico eterno enamorado de mi. De seguro Max no me utilizaría para el momento. Sería bueno empezar a salir con alguien para olvidar y enamorarme. Le respondí su mensaje de hace dos semana.
Max: cómo estás?
Roberta: bien y tu? :)
Solo espero que no me deje en visto. El resto de la tarde fue aburrido para mi, llegó la hora de mi salida y no dude en irme. En el pasillo miré a Leticia, pasándome a la par con aires de grandeza, ni siquiera me mira. Seguro piensa que soy poca cosa comparado con ella. Fui al elevador y me adentré.
Max me respondió:
Muy bien ahora que me respondes. :) me da gusto saber que estás bien.
Sonreí un poco. Al menos a alguien le importo.
Roberta: ¿que harás esta noche? Pensé que podríamos salir por ahí.
De seguro el Max no se lo podía creer. Tengo que olvidar al monstruo de mi jefe. Aunque no puedo negar que tener sexo con el es... increíble, no hay palabras para explicarlo.
Max: No haré nada esta noche, ¿a donde tienes planeado ir?
Roberta: Podríamos ir a patinar sobre hielo. Hace mucho que no voy.
Max: perfecto! Pasaré por ti a las ocho. <3
Roberta: Ok. :3
Salí de la empresa y busqué un taxi. Odiaba llegar a casa porque siempre era la misma situación. Minutos después le pagué al taxista y llegué a mi casa. El televisor estaba encendido, mis abuelos veían el noticiero, mi primo estaba cenando y el hombre que más odiaba estaba en la cocina. No pensaba poner un pie allí mientras el estuviera. Subí a mi cuarto y me quité la ropa. ¿Hace cuánto no como aquí? Tengo días, siempre prefiero hacerlo en la calle o pasar hambres. No se, mi mamá debe de andar por la calle hablando con una de sus amigas del barrio. Eran las siete y media. Me bañé, busqué algo lindo para ponerme: escogí una licra negra, suéter blanco y unas botas de lana en negras. Hacia mucho frío allá afuera, la navidad estaba cerca. Me puse un gorro de lana también. Me maquillé y alisé el cabello. Pero en el momento Justo cuando estaba echándome perfume me fijé que en mi cuello tenía un chupete bastante visible.
Ricardo me lo hizo.
—Ricardo —suspiré—¿por qué tienes que ser así?
Acaricé el chupete mientras me lamentaba internamente. Abrí mi laptop y lo busqué en Instagram, hmm parece que no tenía. Pero su empresa si, allí había fotos de Ricardo. Las guardé todas. Dios, me estoy obsesionando con mi jefe. Antes de que dieran las ocho bajé de mi habitación y salí de esa casa para esperar a Max en una esquina. Minutos después apareció en su coche y se estacionó frente a mi.
—Hola —le dije, abriendo rápidamente la puerta del copiloto y montándome. —¿como estas?
—Muy bien, Roberta, me da gusto que por fin aceptaras salir conmigo —me sonrió. Max no era feo, era rubio, ojos grises y un poco tímido. Me caía bien, era sabido que este chico estaba enamorado de mi desde que éramos unos niños pero yo nunca lo miré con ojos de amor.
—Créeme que no será la última vez que salgamos. —le dije. Max arrancó.
—¿En serio? Por mi está bien. Pero no entiendo, ¿por qué ahora quieres salir conmigo? No es que me moleste sino que me parece extraño.
—Max, las cosas cambian y las personas también —le guiñé un ojo.
Max me sonrió de lado. Era tan tierno este chico. Se veía que estaba nervioso.
Cuando llegamos al parque nos bajamos. Había algo de nieve ya. El lugar estaba algo lleno de personas que andaban patinando sobre hielo, había una música a lo lejos algo romántica.
—¿Sabes andar? —me preguntó.
—Si, ¿tu? —lo miré.
—Hmm no —negó nervioso—lo siento, no quiero arruinar la cita... digo, no quiero decir que sea una cita, solo es una salida de amigos, ¿verdad?
Me acerqué a Max y lo tomé de las manos.
—Yo te enseño —nos dirigimos a la barra donde daban los patines y pedimos dos pares. Max se puso los suyos y me ayudó a ponerme los míos. Lo ayude a entrar al hielo de una vez, estaba cayéndose a cada rato. Lo sujete de las manos hasta que estuvimos de pie, rectos—Y si, Max, es una cita —de fondo sonaba una música romántica y no podía evitar pensar en mi jefe.
¡Mi jefe!
Miré detrás de Max al hombre que se acercaba al lugar con una niña pequeña de la mano. Ricardo estaba aquí, la mirada de Ricardo se posó en mi, me vio, sabía que estaba aquí. ¿Y ahora que?
—¿Roberta, quien está ahí? —antes de que Max girara su cabeza lo tomé de la cara y le di un beso intenso Justo frente a Ricardo, mi querido y odioso jefe.
