Capítulo 5 Confesión
Cuando terminamos una hora después me puse mi ropa, me sentía relajada en ese momento. Ricardo se sentó a la par mía y puso su mano en mi rodilla.
—Aún tenemos una conversación pendiente —me dice.
Lo miré.
—Es mejor dejar las cosas así.
—No puedo —confesó. Le acomodé su corbata lentamente. —No puedo dejar que alguien te golpee, ¿no entiendes?
—Cuando estes preparado para contarme tus cosas yo lo estaré para contarte las mías.
Se quedó callado.
—Está bien. —esta vez me volvió a besar. Si, esta vez no actuó tan frío después de terminar sino todo lo contrario. Fue como si en realidad fuéramos algo más.
—Iré a trabajar.
—Esta bien, no te esfuerces mucho.
Me puse en pie pero antes de irme Ricardo hizo que me sentara de nuevo en sus piernas y me besó.
—¿Por qué no puedo estar separado de ti? —murmura entre el beso—¿Que me hiciste, Roberta?
—Te hago la misma pregunta.
Me besó con más y más pasión.
Hicimos de nuevo el amor.
•
Salí de la oficina de Ricardo sintiéndome feliz. Me senté en mi escritorio y actué estar trabajando cuando solo podía pensar en todo lo que hicimos en esa oficina. Media hora después Leticia me pasó a un lado y se metió en la oficina de Ricardo. Odié que eso pasara, no quería que ellos dos estuvieran allí y menos solos.
¿Para que lo querrá? Las imágenes de lo que hicimos vienen a mi, pero esta vez en vez de estar yo estaba ella, Leticia. Parpadeé varias veces porque no me quería torturar de esa forma. Escuché gritos, luego Leticia salió echando humos de la oficina y se fue por ese pasillo.
Vaya, parece que los novios han tenido una discusión muy fuerte. ¿Por qué habrá sido?
A la hora del almuerzo moría de hambre, hasta me sentía medio mareada. Tomé mis cosas y avancé por el pasillo para llegar al ascensor, cuando entré, alguien más entró conmigo.
Ricardo.
—No te escuché venir —le dije, apretando el botón para bajar.
—¿Vas a almorzar?
—Si, no desayuné y tengo hambre.
—¿Y... a donde irás?
Lo miré.
—Hmm no lo sé, por ahí.
—Si quieres... te invito a almorzar.
—Hmm no es necesario.
—Roberta, ¿por qué eres tan difícil? —me miró.
—Yo no soy difícil, si lo fuera no haríamos nada de nada —me acomodé el pelo.
—No me recuerdes eso que me dan ganas de detener este ascensor y hacértelo aquí mismo. —murmuró.
Sentí cosquillas en mi panza cuando dijo eso.
—Está bien, vamos a almorzar.
Salimos de la empresa y nos montamos en su carro.
—¿Leticia no tendrá problemas con eso?
—quise saber—de seguro nos ve salir juntos siempre.
—Por Leticia no te preocupes —arrancó el auto.
—¿Por qué?
—Rompí mi compromiso con ella —confesó.
—¿Que? ¿Por qué hiciste eso? —lo miré de inmediato.
—Porque si.
Intenté procesar lo que me había dicho, Ricardo rompió su compromiso con Leticia y ni siquiera sé por qué. ¿Fue por mi? Una pizca de ilusión creció dentro de mi. Llegamos al restaurante y nos bajamos.
Caminamos dentro y nos sentamos en una mesa alejada.
Me asombré cuando miré los precios.
—Te dije que yo invito —me recordó.
Me urge que me paguen. Faltan como cinco días para que llegue el día de pago.
—Está bien.
Pedimos nuestras ordenes.
—¿Me vas a decir por qué terminaste con Leticia?
—¿Me vas a decir quien te golpeó?
Auch, golpe bajo.
—Quizás.
—Entonces no esperes una respuesta de mi parte —me pinchó la nariz. Ricardo estaba actuando mucho más relajado conmigo. Ya no era ese tipo serio y firme, ahora parecía como si... como si... nada, no me quiero hace ilusiones.
—Ricardo. Es complicado.
—Mi historia también es complicada.
Rodé los ojos.
Ricardo se tensó al ver a algo o a alguien. Seguí su mirada hacia la calle, afuera había un reportero y nos estaba sacando fotos. Miré a Ricardo, se miraba molesto.
—Parece que la bomba estallará más rápido de lo que espere. —murmuró, tomando agua.
—¿De que hablas?
—Bueno, de seguro saldrá en primera plana que salgo con otra mujer.
—¿Y eso no es lo que haces?
Me miró.
—No.
Mi corazón se rompió a pedacitos.
—Tienes razón —admití— Tienes a tu prototipo de chica y yo tengo al mío. Anoche Max se me declaró y le dije que sí.
—¿Que diablos estás diciendo?
—Lo que escuchaste. Max y yo somos novios. Te lo iba a decir hace un rato pero no me dio tiempo, toma lo que hicimos en tu oficina como una despedida, si, porque jamás volverá a pasar. Ahora solo tengo ojos para Max y todo lo que soy le pertenece.
Ricardo dio un golpe fuerte en la mesa, me tomó de la mano y me arrastró hacia un pasillo, parece ser que íbamos a los baños. Nos metimos allí y cerró la puerta con seguro.
—Repite lo que acabas de decirme. No puedes estar con Max y menos ser su novia —me tomó de la cara y me acercó más a él.
—Ricardo, suéltame —intenté zafarme.
—Repítelo. Dime qué no volverás a ser mía.
—Ricardo —lo empujé, zafándome y por instinto le di una cachetada. Me arrepentí de inmediato. A veces se me olvida que es mi jefe y que no puedo hablarle así. Y menos tratarlo así.
Ricardo me miró y me tomó de la cintura.
—Roberta, que te quede una cosa. Fui el primer hombre en tu vida y seré el último. —me besó, al inicio no le quería corresponder el beso pero luego me fue convenciendo poco a poco hasta que cedí por completo. También lo bese como si mi vida dependiera de ello, me bajó las medias y me sentó encima de la mesa de mármol que había en el baño.
—No podemos estar haciendo esto cada que nos da la gana.
—Yo te demostraré que si.
En ese baño volvimos a hacer el amor.
Media hora después salimos del baño y nos sentamos en la misma mesa, segundos después nos trajeron los platos de comida, como si nos estuvieran esperando.
—Espero que se te haya quitado la idea de ser novia de ese chico Max.
No dije nada solo me limité a comer porque tenía mucha hambre. Demasiada.
—Gracias por la invitación —le dije—cuando me pagues te invitaré yo.
—Roberta, no digas esas cosas. A partir de ahora todo será diferente entre nosotros. Hay algunas cosas que no resuelvo todavía pero que pronto lo haré. Mis padres vienen la otra semana y no les gustará la idea de que haya terminado con Leticia. Habrá caos, Roberta.
—¿Por qué me dices todo esto?
—Porque quiero que estes conmigo.
—¿De que forma?
—Como mi novia —acarició mi mejilla.
Novia.
¿¡Qué?!
—¿Por qué?
—Roberta, ¿no es obvio? Me gustas. Me encantas. Me haces sentir vivo. Soy otro cuando estoy contigo y me da rabia que un hombre se te acerque. Solo quiero que seas mía.
