Capítulo 6 Justo a tiempo
—Entonces... ¿somos novios?
—Por ahora mantengámoslo en secreto, quiero arreglar unas cosas primero para poder darlo a conocer ante todo el país. —me sonrió.
No. Puede. Ser.
Si era real, ¿por qué sentía que no?
•
Al llegar a la oficina trabajamos toda la tarde. Llegó la noche y me sentía estresada de tanto trabajar, moría de sueño. Tomé mis cosas al mismo tiempo en que Ricardo salía de la oficina.
—¿Te llevo?
—Ricardo, tenemos que hablar —Leticia se apareció por el pasillo.
—Ahora no, Leticia.
—Es importante y te conviene. —le dice.
—Nos vemos mañana, señor —le dije, sonriéndole. Avance por el pasillo dejando solo a Ricardo con la piraña de Leticia. Daniela estaba saliendo también.
—¿Que te pasó? —me preguntó con asombro. Había olvidado cubrirme mis moretones.
—Me caí en el baño —le mentí.
—Auch, tienes que tener más cuidado.
—Jaja, si.
•
No quería llegar a mi casa así que le pregunté a Tara si podía quedarme con ella, su respuesta fue si obviamente. Cuando llegué Tara se enojo al verme golpeada, ella sabía perfectamente quien lo había hecho.
—¿Entonces le dijiste que Max y tú eran novios?
Estábamos en su habitación platicando y viendo una serie.
—Si, pero no lo aceptó. Aunque era mentira. Me llevó al baño y ya sabes.
—Ese tu jefe es un salvaje —me guiñó un ojo.
—pero yo pienso que deberías de contarle lo que pasa en tu casa, quizás Ricardo pueda hacer algo en contra de ese tipo.
—No. Aunque no lo creas yo siento que Ricardo está fuera de mi alcance —le confesé—Aunque me diga todas esas cosas bonitas, me haga sentir especial. Siento que hay algo más.
—Hmm por Leticia me imagino.
—Y su familia también, no aceptarán a alguien como yo como nuera.
—Roberta, ¿Que dices? Si eres guapísima. Mejor que esa tal Leticia.
—Da igual.
Me puse en pie pero me mareé horrible y me volví a sentar.
—¿Que te pasa? —Tara se apresuró a llegar donde mi.
—No se, me mareé. Así me he sentido en todo el día. Quizás los golpes de ayer me afectaron mucho.
—¿Hmm tú crees? No me parece que sea producto de los golpes. Dime, ¿te proteges cuando estás con Ricardo?
Lo pensé.
—No.
Tara negó con su cabeza.
—Estas mal. ¿Desde cuando te sientes así?
—Creo que hoy en la mañana, no se.
—Deberías de hacerte una prueba de embarazo —me dice ella. La miré con horror.
—No es eso, Tara. Solo tengo ansiedad es todo.
—Ansiedad, si como no. —se puso sus zapatos.
—¿A dónde vas? —quise saber.
—A la farmacia de la esquina. Vamos a salir de dudas de una vez por todas.
—Estas loca.
—Ya vuelvo.
Rodé los ojos y la vi irse. Mientras tanto me puse a pensar, ¿y si en realidad estoy embarazada? ¿Que pasará conmigo? ¿Que pasará en mi casa? Me van a matar esta vez. Ni siquiera tengo dinero y estoy segura de que sería madre soltera porque Ricardo jamás aceptaría a este bebé.
Pero me estoy adelantado.
No estoy embarazada.
Tengo ansiedad nada más.
•
Minutos después Tara apareció con una bolsa de la farmacia.
—Vamos al bajo. Traje dos para estar seguras.
Rodé los ojos pero le hice caso. Nos fuimos al baño y oriné en las dos pruebas. Solo quedaba esperar. Las puse en la mesita, me sentía nerviosa. Lo sé.
—Si salen dos rayas es que estás embarazada y si sale una es porque no.
—Tara, eso ya lo sé —me acoste de nuevo. La verdad estaba muy confiada en que no estaba embarazada. ¿Que voy a hacer con un hijo a estas alturas? Si apenas puedo con mi vida. No, no lo estoy.
—¡El resultado! —exclamó Tara. Me puse en pie de inmediato y miré el resultado con miedo.
No.
Puede.
Ser.
—Roberta... —mi amiga se compadeció de mi—... ¡seré tía!
Aun no me podía creer que las dos pruebas haya dado positivo. Aun no me puedo creer que esté esperando un bebé de Ricardo. ¿Todo por qué? Por no protegerme, por no tomar las medidas necesarias.
¿Que voy a hacer ahora?
—No, tiene que haber algún error.
—No hay ninguno, Roberta. Acéptalo. Tendrás un Ricardito. Que suerte tienes, es el hombre más codiciado del país y vas a tener un hijo suyo. Estarán ligados por siempre.
¿Un Ricardito? ¿Que se supone que haga con eso?
—No, Ricardo no lo aceptará.
—Claro que si. Tienes que decírselo, de seguro se pondrá feliz con la noticia.
—No creo.
—Piénsalo. Es su padre y tiene derecho a saberlo.
Suspiré profundo.
—Lo que me daba miedo es cómo reaccionarían en mi casa. Me matarían a golpes.
—No puedo decirle a mi familia que estoy embarazada —confesé—sabes lo que me pasaría.
—Por eso tienes que contarle a Ricardo, es el único que te puede sacar de ese lugar. Y si no pues aquí tienes una casa, amiga, no te dejaré sola.
—Gracias, Tara.
•
A la mañana siguiente me duché y me puse ropa de Tara porque no quería ir a mi casa. Lo pensé toda la noche y por fin tomé una decisión. Le contaría la verdad a Ricardo, le diría que estoy embarazada y haber qué pasa.
—Nos vemos después —le dije a Tara, saliendo de su casa y tomando un taxi para la oficina. Cuando llegué subí el elevador hasta llegar al piso. Daniela estaba llegando también.
—Buenos días, Robertas —me sonrió.
—Buenos días, Daniela, ¿mi jefe ya llegó?
—Si, pero esta... —no la escuché, me apresuré a llegar hasta la oficina de Ricardo y abrí, con una sonrisa en mis labios. Pero mi sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco cuando miré algo.
Estaba lleno de personas. Celebraban algo. Aun no me habían visto. Habían globos azules y blancos en la oficina. Pude notar a Ricardo sosteniendo la mano de Leticia. Mi corazón latió a mil por hora cuando miré eso.
—Felicidades, Leticia, ya era hora que nos dieras un Nieto—le dijo un señor.
¿Nieto?
Ricardo se encontró conmigo y de inmediato se puso serio.
—Lo se, suegro —habla Leticia—apenas anoche supe que estaba embarazada y de inmediato se lo conté a Ricardo. Se puso feliz.
¿Leticia está embarazada? Esto tiene que ser una maldita broma.
Veía todo borroso, negro, puntos negros. Yo... no sabía que hacer en ese momento o a dónde ir. No podía ser que eso me estuviera pasando a mi. Ricardo vino hacia mi y me tomó de la mano para salir al pasillo.
—Roberta, yo...
—No me dirijas la palabra, Ricardo —lo miré con ojos de odio. —serás padre —le recordé—ve con la futura madre de tus hijos.
—Roberta, déjame que te explique algo.
—No me expliques nada. Aquí solo somos el jefe y la secretaria. Nada mas. —le dejé muy en claro—¿que creías? ¿Que podríamos tener algo? Por supuesto que no. Nos divertimos si, fue rico y todo pero toca cambiar. Lo mismo siempre aburre —espeté—si me disculpa, señor Ricardo, tengo que trabajar que para eso me pagas. —me zafé de su agarre y me senté en mi escritorio. Ricardo se quedó allí como procesando mis palabras. Quizás le había dolido o quizás no. O quizás le hice un favor de darme explicaciones falsas que no sirven para nada.
Ricardo se acomodó el saco y entró de nuevo a la oficina. Me contuve las ganas de llorar. Eso me pasa por ser tan estupida y por creer en que alguien como Ricardo, el mujeriego del condado, se fijaría en alguien como yo.
Que ridicula me siento.
Mientras ellos festejaban el embarazo de Leticia yo estaba sentada tratando de concentrarme. Si supieran que yo estaba esperando a un Ricardito también. Pero eso jamás, jamás se lo diré. Perdió todos los derechos. La familia salió horas después de la oficina, todos iban festejando la noticia. Todos se miraban emocionados. Leticia se fue para su oficina mientras que los padres de Ricardo se fueron al elevador.
Solo él quedó adentro.
Tengo que dejarle estos informes y no quiero verlo.
Vamos, Roberta, tu puedes.
Me acomodé la ropa y tomé las papeles, poniéndome de pie. Toque la puerta dos veces.
—Adelante.
—Señor, aquí están los papeles que me pidió ayer. Están listos ya —dejé los papeles en la mesa—¿Se le ofrece algo más?
Ricardo estaba anotando cosas en su computadora.
—Hmm no —me miró—Simplemente haz el resto de tu trabajo. Me iré temprano hoy.
—Claro.
Me giré sintiéndome tan mal. Salí de la oficina maldiciendo a Ricardo y me senté toda frustrada en la silla giratoria.
—¿Roberta?
Daniela apareció en mi campo de visión.
La miré.
—¿Qué?
—Oye, mañana pagan. ¿Vamos de compras?
—Ahorita no me puedo dar el lujo de ir de compras, Dani, tengo deudas que pagar.
—Esas deudas te esperan. Además, tengo uf que no voy a una fiesta. ¿Vamos el sábado? El señor Ricardo tiene un club y es pase gratis para los empleados de la empresa.
La miré.
—¿Tiene un club?
—Si, se sentó junto a mi. ¿No conoces la historia del señor Ricardo?
Negué.
—¿No lees las revistas?
—Para ser sincera no.
—Te cuento, hace dos años el señor Ricardo salió de la universidad y pensaba hacerse cargo de clubes y esa vida nocturna. Su hermano, el señor Trevor, quien es un año mayor que Ricardo, se pensaba hacer cargo de la empresa porque su padre quería irse a descansar y viajar. Sin embargo no se sabe qué disputa hubo entre la familia porque de un día para otro nos dijeron que quien se haría cargo de la empresa sería el señor Ricardo y no el señor Trevor. A todos nos sorprendió, no volvimos a saber nada del señor Trevor. Creo que se fue a Europa o algo así, pero quizás hubo una pelea entre ambos que los hizo cambiar de opinión. A mi parece siempre hubo rivalidad entre ellos, desde que les guste la misma mujer hasta ser el mejor en los negocios.
Me quedé muda con todo lo que me contaba Daniela, no sabía nada sobre la vida de Ricardo. Quise saber más.
—¿Peleaban por mujeres?
—Bueno, hubo una chica por la cual siempre discutían. Se llama Grace, fue amiga de los dos pero a los dos los enamoraba. Eso hizo que los hermanos se pelearan a cada rato. Grace se fue también y jamás volvimos a saber de ella. El señor Ricardo a veces va por las noches a su club y bueno, Leticia apareció un año después y ambas familias decidieron que los dos serían buenos esposos. Son de buena familia, ambos tienes acciones y si se casan serán los dueños completos de la empresa.
—Con que Grace, ¿he?
—Si, estuvieron muy enamorados.
—Sabes mucho, Daniela.
—Uf, más de lo que te puedes imaginar.
—Creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien. Me convenciste, mañana nos vamos de compras después del pago —le sonreí.
—¡Perfecto! —chilló—Me voy a mi puesto porque sino la señora Leticia me fusila. ¡Nos vemos!
Lo que me había contado Daniela me dejó pensando. Así que Ricardo tuvo un gran amor con esa tal Grace. Me puse a investigar en el computador sobre la historia de la familia de Ricardo. Me leí varios artículos y me quedé de piedra al leer los rumores y las fotografías.
Según decían Ricardo hubo un tiempo en que estaba metido en cosas de mafia y eso pero nunca se confirmó. Que por eso prefería pasar las noches en su club que estar metido todo el día en una empresa. También leí que un día hubo un tiroteo en su club, creo que la disputa fue ajuste de cuentas. Ricardo salió herido pero no fue nada grave. Grace siempre estaba en esas fotografías. Lo sé porque en el pie de foto salía Grace Coleman y Ricardo.
Grace Coleman.
Creo que el mafioso que los atacó tenía celos por Grace, como Ricardo andaba con ella. Después de que Grace se fue ya no se reportaban más estos casos. Ricardo asumió la presidencia y se puso de novio con Leticia.
Todo esto me parece tan raro.
Hay algo que no me cuadra.
Tecleé Grace Coleman.
Aparecieron fotos de ella: es una chica rubia, bonita, se ve su estilo punk. Parece que le gusta la mala vida. Se ha visto fotografiada con un hombre y con Ricardo y con Trevor también. Trevor es el hermano mayor de Ricardo y no está nada mal.
Según dice el mafioso tiene por nombre Leon, simplemente así. No hay apellido ni nada. La ultima foto de Grace en las redes fue hace dos años, después de eso se esfumó, nadie volvió a saber nada de ella.
Vaya, la vida de Ricardo no ha sido nada buena que se diga. Sufrió por ella, ¿será que aún la quiere? ¿Solo esta con Leticia por apariencias? ¿Que pasó con Trevor? ¿No piensa volver? Son tantas preguntas que solo Ricardo me puede contestar pero sé muy bien que no lo hará.
Horas más tarde tomé mi bolso y salí junto con Daniela, estábamos empezando a ser amigas. Cada quien tomó su taxi para su casa. Odiaba llegar a esa casa. En cuanto pueda alquilaré un lugar y me iré a vivir sola. Eso haré.
Llegué a casa, estaba vacía. Casi todos estaban fuera, lo agradecí. ¿Que haré con este embarazo? ¿Voy a ser mamá? Me puse mi pijama y sobé mi vientre, no podía creer que dentro de mi estuviera creciendo un bebé. Espero que para cuando se vaya notando mi panza ya esté fuera de esta casa. Bajé a la cocina aprovechando que no había nadie y me hice una cena nutritiva, ahora que estaba embarazada, tenía que cuidar mi alimentación. Cene en mi cuarto mientras veía consejos de como cuidarme en los meses de embarazo, miré un video de una mujer dando a luz que me dejó en shock.
Cerré el computador y no quise ver más.
Pensé en Ricardo, pensé en que sería padre de dos bebes pero solo uno llevara su cariño y apellido.
•
A la mañana siguiente desperté temprano, bostecé y me estiré. Me fui a bañar, me puse un vestido pegado al cuerpo, una chaqueta negra y unos zapatos bajo. Sin tacón. Me peine el pelo y lo hice una coleta. El moretón iba desapareciendo poco a poco.
Salí de casa sin saludar a nadie. Por la calle caminé esperando algún taxi pero ninguno se aparecía. Ningún carro pasaba. Saqué las monedas y las conté. Creo que el pago de hoy queda como guante porque me estoy quedando sin dinero. En eso un auto negro y de vidrios oscuros se detuvo frente a mi. Me puse un poco nerviosa y miré a mis alrededores, ¿que le pasa? Seguí caminando por la acera hasta dar con un taxi por fin, le hice parada en el momento en que el auto negro se acercaba de nuevo y me monté.
Ese auto estaba muy sospechoso.
•
Cuando llegué a la empresa le pagué al señor del taxi y me bajé.
—Justo a tiempo —Daniela venía por la acera.
Le sonreí.
—Así parece.
Mi vista pasó a del otro lado de la calle. El mismo auto negro estaba estacionado allí. Eso ya me empezó a dar miedo. ¿Me estará siguiendo?
—¿Que pasa? —me pregunta.
—No, me pareció ver ese auto por mi casa. Es raro —comenté.
—Tienes que tener cuidado con ese tipo de carros por aquí. Según dicen la mafia no se ha ido solo ha dejado de salir al ojo público. Pero ellos siguen allí.
—¿Y yo que tendría que ver con ellos? —le pregunté cuando íbamos entrando.
