Capítulo 40 SOMBRAS QUE APRIETAN

Saqué a Mariana del carro destrozado con manos temblorosas, su cuerpo inerte en mis brazos, el humo del motor envolviéndonos como una niebla maligna.

Ella respiraba débilmente, un corte superficial en la frente pero nada que pareciera fatal, aunque el miedo me apretaba el estómago como un puño i...

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