Capítulo 3 PRIMER ENCUENTRO
Charlotte
Estoy durmiendo plácidamente cuando de pronto Eleanor abre las cortinas de un tirón y toda la luz da en mi cara. Arrugo los ojos, aunque todavía los tengo cerrados y me doy vuelta en la cama; no tengo deseos de levantarme tan temprano.
—Vamos mi lady, tiene que levantarse —dice mi dama con voz dulce.
—¿Es necesario?
—Sí, a menos que quieras dejar a Lord Cristhian plantado.
Me siento en el borde de la cama y contemplo la hermosa mañana que se mira desde la ventana. No tengo deseos de atender a Lord Cristhian, pero es el mejor amigo de mi hermano Holden, y al parecer tiene un interés en mí. Tal vez deje de cortejarme cuando sepa que mi padre ha escogido un esposo para mí.
—Prepara mi baño, Eleanor.
—Sí mi lady.
Eleanor corre al baño y yo aprovecho para pararme y poder estirar mi cuerpo de forma perezosa. Si mi padre me viera en esas fachas me regañaría.
De mis cuatro hermanos mayores, Holden y Dominick son los únicos que no se han ido de casa aún. Landon se enlistó en el ejército y se fue hace muchos años, y Charly; quien es el menor de los varones; ya se ha casado con una condesa y vive en Eflaria. Solo sabemos de él por medio de la correspondencia, pero demora mucho en llegar.
Lo extraño bastante, a pesar de que me lleva bastantes años de edad; diez para ser exactos; él era el único con el que jugaba a toda hora en los jardines de la mansión. Cuando se fue, todo se tornó muy aburrido.
Eleanor vuelve y me avisa que el baño está listo. Me apresuro a entrar a la gran tina antes de que el agua se enfríe. Los pétalos de rosas que ha dejado en el agua me darán un aroma delicioso. Ella me ayuda a bañarme y cuando estoy lista, salgo y me pongo presentable para recibir a Lord Cristhian .
Salgo a la sala y mis dos hermanos mayores ya están ahí.
—¡Vaya! Charlotte, estás muy guapa —alaga Dominick.
—Parece que esta vez, nuestra hermanita si está dispuesta a conseguir marido —bromea Holden. Giro los ojos y suelto un resoplido.
—¿Padre no te ha dado la buena noticia?
—No ha pasado por el despacho ni por mis aposentos —explica.
—Ya ha prometido mi mano en matrimonio —digo con orgullo.
—¿Qué? —Su cuestionamiento me hace parecer que está molesto. ¿De verdad pensaba emparejarme con su amigo? Lord Cristhian no era un mal hombre, pero jamás lo vería como mi esposo, para mí, es como otro hermano más.
—Su excelencia, Lord Cristhian se encuentra afuera —avisa uno de los sirvientes.
—Hágalo pasar —ordena Holden. No dice nada más respecto al tema de mi compromiso. Me pregunto por qué mi padre no le dijo nada.
Lord Cristhian entra solemne por la puerta. Va muy bien vestido con su traje. Luce unos colores tranquilos, pero al mismo tiempo, revelan lo consistente que es. Lo miro de arriba abajo intentando detallar algo en él que me parezca atractivo, sin embargo, no lo consigo.
—Mi lady —saluda cuando me ve. Toma mi mano enguantada y deposita un ligero beso con el roce de sus labios en el dorso de mi mano. Me inclino haciendo una venia y contesto:
—Mi lord, un gusto volver a verlo.
—El gusto es totalmente mío. Es siempre un regocijo iluminar mis ojos con su belleza. Verla es lo más esplendoroso de venir a visitar a los Edevane.
No puedo evitar sonreír por lo que ha dicho. Mis mejillas se sonrojan e intento ahogar una risita.
—Lord Cristhian, como siempre usted con sus palabras tan elocuentes.
—Mi querido amigo —interrumpe Holden. Dominick también se acerca y le da un apretón de manos—. Supongo que tienes mucho que contarme sobre tu viaje.
—Por supuesto, pero antes de eso, me muero por tomar algo refrescante. Oh y también —añade haciéndole una seña a un hombre que está detrás de él. No lo había notado, pero parece ser su acompañante. El hombre se acerca y extiende un cofre pequeño en las manos. Cristhian lo abre y saca otra cajita más pequeña, se da la vuelta y me la entrega—. Esto es para ti, mi querida Charlotte.
Tomo la cajita y la abro. Un gran collar con piedras preciosas ilumina mi rostro cuando lo miro.
—Mi lord, no hacía falta. —Le hago una venia y vuelvo a mirar el collar.
—Sé que palidece ante tu belleza, pero creo que será adecuado para ti. Resaltará más tus bellos ojos azules.
Debo decirle a este hombre que sus cortejos no surtirán efecto alguno. No solo porque nunca podré verlo como un interés romántico, sino también porque, aunque quisiera, mi padre ya me ha prometido a alguien más. No sé cómo rechazarlo, no quiero hacerlo sentir mal frente a mis hermanos. Acepto el collar y él se apresura a ponerlo en mi cuello.
—Te queda muy bien —dice con una gran sonrisa.
Mis hermanos se miran entre ellos y parece que quieren soltar una risa. No me parece justo.
—Lord Cristhian, ¿por qué no vamos afuera y así le cuenta a mi hermano Holden su experiencia de viaje? Loretta nos traerá las bebidas.
Todos asienten aceptando mi ofrecimiento. Llamo a Eleonor con la mano y hago que se cuelgue de mi brazo. Sostiene una sombrilla para las dos mientras paseamos por los jardines con flores.
Los tres hombres van adelante y conversan cosas que no me interesan. Los oigo murmurar sobre política y negocios, pero esas cosas no son temas permitidos para mí.
Necesito apartar a Lord Cristhian un momento para aclararle mis sentimientos, y por supuesto, mi compromiso.
Cuando llegamos a las sillas del jardín tomamos asiento. Dominick invita a Cristhian y a Holden a jugar criquet, y ellos aceptan gustosos. En lo que los sirvientes traen los palos de juego, Lord Cristhian se sienta a mi lado.
—¿Está usted bien? La noto un poco contrariada.
—Sí, lo siento, es que tengo que comunicarle algo y no sé cómo decírselo.
—Solo dígalo mi lady, yo sabré escucharla.
—Lo que sucede es que, mi padre ayer vino con la noticia de que me ha comprometido al duque de Dankworth.
Cristhian abre los ojos un poco, pero trata de reprimir su sorpresa.
—¡Oh! Vaya. —Es todo lo que puede decir. Procedo a quitarme el collar que me ha entregado hace poco.
—Mil disculpas Lord Cristhian, no debí aceptar este presente. —Extiendo el collar en la mesa hacia él. Lo mira por unos segundos y luego dirige su vista a mí con una sonrisa.
—No hace falta que me lo devuelvas, mi lady.
—Claro que sí. Podría usted dárselo a otra mujer que lo aprecie mucho más. Alguien merecedora de su afecto.
—Estoy seguro de que no habrá otra mujer merecedora de mi afecto más que usted.
Volteo la mirada hacia otro lado. Eleanor está a mi lado, pero finge que no escucha nada. Quiero salir corriendo. Odio tener que romperle el corazón, pero es necesario. Por fortuna los sirvientes vuelven con los palos y mis hermanos llaman al Lord para comenzar el juego. Él se levanta con desánimo y avanza hasta ellos. Dejo el collar sobre la mesa y me dispongo a irme, no me importa que crean que soy una grosera.
—¿A dónde va mi lady?
—No me sigas Eleanor, quiero estar sola un momento.
Sujeto la falda de mi vestido para poder avanzar más rápido. Cuando estoy segura de que nadie me ve, corro, atravesando el pasillo de matorrales altos que me llevará hasta la otra entrada de la mansión. De repente choco con algo duro y macizo frente a mí. El hombre lleva un par de bebidas en la bandeja de plata y derrama todo el contenido sobre mi vestido.
—¡Por Dios! Mil disculpas —comienza a decir. Intenta darme la mano para levantarme, pero lo rechazo.
—¡Es usted un completo inútil! —bramo.
—Perdone mi Lady... —hace una pausa intentando buscar que le diga mi nombre. ¿Acaso no sabe quién soy?
—Soy Charlotte, para ti, la Marquesa de Edevane. ¿Tú quién eres?
—Mi nombre es John.
—Bueno John, este será el último día que trabajes aquí.
