
Enamorando al Duque
Aurora Jimenez Escritora · Completado · 105.6k Palabras
Introducción
Garrett Dankworth, un hombre carismático y amante de la libertad, ve el matrimonio como una cadena que amenaza con sofocar su estilo de vida. Obligado por su padre a contraer nupcias para mantener el título y los bienes familiares, Garrett idea un plan audaz: acercarse a Charlotte disfrazado de mozo de cuadra. Su objetivo es sencillo: sabotear el compromiso y convencerla de rechazarlo como Duque.
Con solo treinta días para ejecutar su estrategia, Garrett se encuentra con un obstáculo inesperado: Charlotte no es la mujer superficial que él imaginaba. Su inteligencia, bondad y encanto desarman todas sus defensas, y lo que comienza como un engaño se convierte en un amor que nunca esperó.
Ahora, Garrett enfrenta el mayor desafío de su vida: confesarle la verdad antes de que ella descubra su traición por otros medios. Pero ¿podrá Charlotte perdonarlo cuando todo salga a la luz? ¿Será capaz el Duque de reconquistar su corazón después de haberla engañado?
Capítulo 1
La primavera en Eridand es la época más especial de todas. Las flores están en su mejor momento de esplendor y hay aves que revolotean de aquí para allá endulzando mis oídos con su canto. Por eso me encanta salir a tomar el sol en las tardes. Sentada sobre el césped recién cortado por los sirvientes, aspiro el aroma de una margarita. Mi hermano mayor dice que soy cruel por arrancarla de su apacible vida en la tierra, pero yo creo que le he dado una oportunidad de ser útil para algo más que solo verse bonita en una pradera, llena de otras flores iguales a ella.
Giro la flor entre mis dedos enguantados de encaje y seda blanca. Mi padre va a sorprenderme con una noticia hoy, y aunque no me ha dicho de qué se trata, puedo imaginarlo. Después de todo, ya soy una señorita que está en la edad del matrimonio. Empiezo a arrancar los pétalos de la flor mientras pienso si me va a querer o no el hombre que papá ha escogido para mí.
Fantaseo con la idea de que sea un hombre guapo y encantador, que cuide de mí, y por sobre todas las cosas, que me ame con toda la fuerza de su corazón.
—¡Señorita Charlotte! —llama mi dama. Giro mi torso para verla y el viento sopla con fuerza, arrancándome de la mano la flor antes de que saque los últimos pétalos. ¿Será esa una señal de que nunca lo sabré?
—¿Qué sucede, Eleanor?
—Su padre ya ha vuelto, demanda que regrese a la casa —informa. Esta agitada y se agarra fuerte el pecho. Sonrío y me pongo de píe. Eleanor sujeta una sombrilla por encima de mi cabeza para que no me dé el sol directamente. Sacudo mi vestido de la suciedad del campo y me dirijo junto a ella hasta la mansión del Marqués de Edevane.
La mansión de los Edevane ha pertenecido a mi familia por generaciones. Sus pasillos y habitaciones esconden más de un secreto, pero eso es algo que mi padre se ha asegurado de mantener bien escondido. Admiro desde afuera la casa antes de entrar. Tengo que arrugar la vista porque el sol da de lleno en mi cara cuando miro hacia arriba.
No olvido que más de una vez quise escalar hasta el techo verde de la casa; cuando fingía que era como uno de mis hermanos mayores. Muchas veces mi padre me regañó por querer comportarme como un muchacho. Así que dejé de ponerme los pantalones de Dominick y empecé a usar los vestidos bordados que me hacía la modista. Complací a mi padre en todos sus mandatos; aprendí piano, aprendí a tejer y bordar, y estudié todos los libros que se me permitieron en la biblioteca de la mansión para poder ser lo que él deseaba para mí. Una marquesa con todos los dotes perfectos para conseguir un buen marido.
Eleanor sacude mi hombro y me jala para que avance. Los dos guardias en la entrada con sus pelucas blancas y su uniforme color beige con plata nos abren las puertas. Mi padre está sentado en la mesa con la cabeza gacha, seguramente ensimismado en sus propios pensamientos. Voltea en cuando nos ve entrar y su semblante serio le cambia a una gran sonrisa.
—¡Hija mía! —saluda efusivo y se levanta a abrazarme. Lo estrecho entre mis brazos y le doy una gran sonrisa.
—Padre, te he extrañado —le digo. Él me toma una mano y me hace girar.
—Estás bellísima.
—Gracias. —Le hago una venia agachándome, sujeto mi vestido de ambos lados y me inclino levemente.
—Espero que hayas estado estudiando en mi ausencia —dice con mirada acusatoria, pero la vuelve a relajar de inmediato.
—Claro que sí. ¿Cómo te fue en tu viaje, padre?
Me invita a pasar a la sala de descanso. Eleanor se retira por orden mía. Mi padre y yo caminamos hasta una habitación de la casa destinada únicamente para sentarnos, relajarnos y recibir visitas. Es uno de mis lugares favoritos de la casa porque puedo tocar el piano todo lo que quiera. Y los grandes muebles de terciopelo azul me hacen sentir en paz.
Una de las mucamas se encuentra allí puliendo uno de los jarrones. Nos saluda con una reverencia y continúa en lo suyo.
—No vas a creer lo que te he traído.
Me arrimo al borde del asiento en cuanto dice eso.
Siempre que mi padre sale de viaje me trae algún presente. Mi habitación está llena de ellos.
—¿Qué me has traído? —indago con curiosidad.
Padre acerca la gran maleta que ya había dejado ahí con anterioridad, la recuesta sobre el suelo y la abre. Me mira con ojos expectantes, sabe que estoy muy emocionada, aunque no lo quiero demostrar demasiado, no es propio de una dama como yo.
Saca de la maleta un paquete envuelto en papel de seda color rojo. Abro los ojos hasta el límite. Debe ser algo muy costoso si está envuelto en un papel de ese color. Me lo entrega y lo abro sin pensarlo demasiado.
Extiendo la tela ante mí y el vestido se abre. Un gran y hermoso vestido color rosa, con bordados dorados y un encaje hermoso en la parte de arriba.
—¡Por el rey Elric! ¡Es bellísimo! —exclamo.
—Sé que se te verá espectacular, hija mía.
—Padre, me encanta. —Me pongo de pie y pruebo el vestido por encima de la ropa que traigo puesta. Desearía poder verlo en el espejo, pero para eso debo correr a mi habitación.
—Eso no es todo —añade.
—¿Hay más? —giro con emoción.
—Te he traído esto —extiende la mano y veo que tiene un pequeño peine plateado en las manos. Lo tomo y me doy cuenta de que es pesado y frío al tacto. Tiene una flor incrustada con pétalos de cristales color azul.
—¡Oh, padre! ¡Gracias! —Lo abrazo con fuerza y él se echa a reír.
—Lo mejor, para mi hija favorita —declara.
—Papá, soy tu única hija —le recuerdo.
Mi madre había dado a luz a cinco hijos. Yo era la última, pues ella murió después de que yo naciera. De los cinco hijos, cuatro habían sido todos hombres, y yo fui la última, una mujer.
—Sigues siendo mi favorita, pero no les digas a tus hermanos —susurra.
Nos echamos a reír y vuelvo a darle un abrazo.
—¿Viajaste hasta Dankworth solo para traerme esto?
—No. No quise decirte el motivo porque todavía no era nada concreto, pero ahora ya puedes saberlo.
—¿Y bien? —pregunto. Me tiene ansiosa con tanto misterio.
—He conseguido un esposo para ti.
—¿Quién es?
—El duque de Dankworth.
Intento con todas mis fuerzas no ponerme a brincar de la felicidad. ¡Un duque! Eso está muy por encima del estatus en el que estoy ahora.
—¿De verdad?
—Claro que sí, ya te dije, siempre te conseguiré lo mejor.
La mucama que pule el jarrón sonríe cuando lo escucha. Es una chismosa, pero no me importa, por mí, que corra a decirle a todo el mundo.
Las manos me sudan, así que me quito los guantes y los dejo a un lado.
—Loretta, por favor, tráenos algo de tomar —pide a la mujer. Ella asiente y deja lo que está haciendo para ir a la cocina.
—No lo puedo creer, ¿cuándo vendrá? —pregunto.
—Aún no. Desafortunadamente el duque no se encontraba allí cuando fui. Al parecer viajó a Eflaria para estudiar escritura, pero su padre me aseguró que volvería pronto.
—Justo para la temporada. Espero que pueda llegar para esa fecha o quedaré en ridículo.
—No te preocupes, aún falta un mes para eso —me tranquiliza.
Mi corazón se acelera solo de pensar cómo podrá ser el duque. Su posición social es muy atractiva, pero me pregunto cómo será él en realidad. No puedo ni preguntarle a mi padre, deberé conformarme con fantasear que será un hombre guapo y bueno. Si al menos es un cuarto como mi padre, me sentiré tranquila.
—Gracias, padre.
—Pronto te irás, como tus hermanos.
—No todos ellos se han ido, padre.
—Espero que aprendan algo de ti, y se busquen una buena mujer. —Menea la cabeza de un lado a otro y suelta un suspiro—. Debo retirarme. Pronto debo volver a salir de viaje.
—¿Tan pronto de nuevo? —Él nota el tono de decepción en mi voz. Se levanta y me da un beso en la frente.
—Sabes que tengo muchos negocios por fuera, debo viajar si queremos continuar con la comodidad de la que gozamos ahora.
Asiento y lo miro a los ojos desde el sillón.
—Es que cuando no estás, Holden se pone muy mandón.
—No te preocupes, ya iré a hablar con él.
Mi padre sale de la habitación y me deja allí. Loretta vuelve con las bebidas y las deja sobre la pequeña mesita. Tomo una de las tasas y ella me sirve el té que preparó. El humo sale de la pequeña taza de porcelana, está demasiado caliente. Tomo una de las cucharitas de la bandeja y le coloco azúcar mientras meneo el líquido para enfriarlo un poco.
El duque de Dankworth sería mi prometido en poco menos de un mes. Sonrío y dejo volar mi imaginación. ¿cómo serás? Padre ni siquiera me dijo su nombre. Deberé preguntarle cuando me lo vuelva a encontrar.
Tomo a sorbos el té, que está delicioso. Cuando termino, me levanto y me llevo el vestido y la peineta de plata que me ha regalado mi padre.
Eleanor vuelve y me ayuda a subir las cosas hasta mi habitación. La tarde ha caído y ya está empezando a oscurecer. Mi dama enciende varias velas para alumbrar el lugar.
—Cierra la ventana, o se apagarán las velas —ordeno.
—Sí, mi marquesa —contesta, y se apresura a cerrar las dos grandes ventanas que dejaban pasar el viento.
—Te dije que mi padre me conseguiría un marido en ese viaje —suelto cuando se acerca. Ella se asombra y corre a mi encuentro.
—Cuéntemelo todo.
—Me va a casar con el duque de Dankworth.
—¡No puede ser!
—Pero sí es —afirmo. Le hago una seña para que me ayude a quitarme el vestido que traigo, quiero probarme el nuevo que me ha regalado mi padre.
—Qué emoción, me alegro mucho por usted señorita Charlotte.
—Mi padre dice que tendré que mudarme, pero no te preocupes, vendrás conmigo a donde sea que vaya.
—Gracias, señorita Charlotte. —Eleanor desata el apretado corsé y me da un respiro. Debajo de mi vestido llevo el camisón habitual que cubre todo mi cuerpo.
—Rápido, pásame el otro.
Eleanor me alcanza el vestido nuevo y me ayuda a colocarlo sobre mi cabeza, luego ajusta las cuerdas en la parte de atrás para ceñirlo a mi cuerpo. Todavía hay suficiente luz para verme en el espejo.
—Se ve usted preciosa —alaga mi dama.
—No mientas por complacerme.
—Lo digo de verdad señorita Charlotte. Se ve muy bien.
Sea sincera o no, no puedo negar que el vestido rosa realza mucho mis atributos. Aprieta mis pechos hacia arriba, así que da la sensación de ser más grandes y redondos. Mi cabello rubio en rizos cae a cada lado de mi cuello y estiliza mi figura. Solo espero parecerle atractiva al duque.
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Última actualización: 6/30/2026
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—¿Y si el mundo arde?
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—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
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