Capítulo 2 Escuela nueva

Caminé a paso rápido hacia dónde se encontraba mamá, sólo le hacía falta meter una maleta.

—¿Escuchaste eso? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

Mamá frunció el ceño.

—¿Qué cosa? —preguntó, caminando a la puerta principal.

Estar dentro de la casa no es mala idea. La seguí y cerré la puerta tras de mí, asegurándome de que no quedara nada afuera.

—Un aullido... —murmuré a lo bajo.

Mi mamá se volteó a verme con su ceño fruncido. Al parecer no lo escuchó.

—¿Aullido? Yo no escuché nada—respondió.

¿Será que lo imaginé?

No puede ser, se escuchó muy real.

—Yo lo escuché... Mamá, —la llamé, ella volteó a verme—Hay lobos aquí.

Me quedó mirando por unos segundos para después ponerse a reír.

—Por favor, Carolina, no lo dije tan literal cuando veníamos en el auto. Aquí no hay lobos, quizá lo que escuchaste fue un... perro. —subió las escaleras. —Prepárate para mañana, tienes escuela.

Maldita sea. Algo me dice que mañana será un día muy largo. Mamá y yo habíamos dejado las cosas en las habitaciones, mañana por la tarde las tendría que organizar, ésta semana sería de mucho trabajo para nosotras. La casa por dentro no estaba nada mal. Tenía un sofá grande color café y dos pequeños; en el centro había una mesita vacía. Había un televisor un poco grande que, al verlo a él, también mirabas el lago por la ventana que estaba justo a la par.


KAYLER BROWN:

Cuando se hizo media noche quise caminar un poco por el bosque. Llegué hasta la casa donde estaban las nuevas vecinas y me quedé allí un rato en el muelle fumándome un cigarro mientras veía la ventana de la habitación de la chica. La luz estaba medio encendida. Tenía una necesidad muy grande de subirme por ahí y verla.

¿Debería hacerlo? Conocía bien la casa y sabía cómo entrar y salir sin ser visto. Avancé hasta la puerta trasera y tomé la llave de repuesto. Entré, subí las escaleras y llegué a su habitación. La chica dormía plácidamente, usaba una pijama de hello kitty y eso me hizo reír. Que infantil es.

Su respiración era tranquila, su boca estaba entreabierta y abrazaba una almohada. Había solo una pequeña luz tenue alumbrando la habitación.

Me acerqué a ella, mirándola muy de cerca. Tragué grueso al sentir de nuevo esa sensación, todavía no podía creer que ella sea lo que siempre estuve buscando.

Elevé mi mano para tocarle la mejilla, pero cuando iba a hacerlo ella se removió y se dio vuelta, dándome la espalda. Murmuró algo dormida que no pude entender bien, me senté en el borde de la cama y me quedé un buen rato observándola dormir.

CAROLINA:

A la mañana siguiente no quería levantarme pero de malas lo hice. Mamá llamó muy temprano a un mecánico para que revisara el auto que habíamos dejado en medio de la nada, afortunadamente lo hizo y ahora estaba como nuevo.

Estaba terminando de desayunar, dejé el plato en el fregadero y subí a mi habitación para cepillarme los dientes, cogí mi mochila y bajé las escaleras. Mamá me estaba esperando en el auto, hoy era su primer día de trabajo.

Salí y el olor a bosque se sentía. Lo único que se escuchaba por aquí cerca era el sonido de los pajaritos y uno que otro animal. Es allí cuando me acuerdo del aullido que escuché, y sí fue real.

—¡Carolina, llegarás tarde! —me apuró mamá.

Salí de mis pensamientos y subí al asiento co-piloto. Mi nueva escuela me esperaba. Mamá puso en marcha el auto, teníamos que recorrer unos cuantos kilómetros.

Íbamos por la mitad del camino, en eso los mismos coches de ayer salieron del desvío que miré. Mamá frenó un poco para dejarlos ir adelante.

—De seguro alguno de ellos será tu compañero. —susurró ella, acelerando.

Solo espero que no.

Después de un rato ya habíamos llegado al centro del pueblo, las personas empezaban a abrir sus tienas. Mamá se detuvo frente al enorme edificio llamado escuela. Admito que estoy un poco nerviosa.

Los coches que venían frente a nosotras se estacionaron en el parqueadero de ésta. Pero aún no salieron.

—Nos vemos luego... —me despedí de ella, bajando del auto y cerrando la puerta.

—¡Haz muchos amigos! —exclamó a mi espalda.

Por Dios, no estoy en la primaria. Le di una mirada de advertencia, ella sólo sonrió y se fue.

Los alumnos empezaban a llegar, los coches de lujo no se hacían esperar. Antes de entrar por la puerta principal observé al chico que iba bajando del coche que ayer venía atrás de nosotras. Vestía unos vaqueros negros, camiseta blanca y traía su cabello despeinado. Dios, me vine a meter a una agencia de modelaje. Ese chico era perfecto.

Su mirada se encontró con la mía. Era profunda, cautivadora. Él tenía una chaqueta negra en la mano y, sin quitar la vista de mí, se la empezó a poner. Desvié la vista para que no crea que me quedé admirada por su belleza. Apuesto a que debe de ser el típico chico popular aquí. Me adentré al colegio. Sentía mi corazón latir a mil por hora. Lo que sí no me pasó por alto fue la rara sensación que sentí dentro de mí cuando nos miramos.

Me olvidé de lo que pasó y fui en busca de la dirección. Necesitaba buscar mi horario. Doblé a un pasillo y allí estaba.

Toqué la puerta.

—Adelante —se escuchó decir al otro lado.

Abrí la puerta encontrándome con una señora de unos cuarenta años, usaba lentes y su cabello en un moño apretado.

—Buenos días, soy Carolina Lane, vengo por mi horario.

Elevó su vista.

—Sí, dijeron que vendrías hoy—buscó en una carpeta los papeles y me los entregó.

Rápidamente los tomé.

—Suerte en tu primer día. —sonrió y luego volvió a lo suyo.

—Pues... Gracias. —titubeé. Salí de la dirección mientras leía mi horario: tenía español a primera hora y después historia. Clases aburridas.

Los pasillos estaban llenos de estudiantes, todos platicando animadamente con sus amigos o amigas. Yo no sé si haré algún amigo por aquí. Busqué con la mirada al chico del auto pero no lo encontré.

Subí las escaleras al segundo piso y busqué mi salón.

5B. 5B. 5B. Lo encontré. No había ningún estudiante, en parte lo agradezco, me senté en la silla que estaba al final en una esquina, allí había  estaba una enorme ventana que daba al parqueadero. Entonces lo miré. Allí estaba él con sus amigos apoyado en su carro. Había chicas alrededor de ellos. Él tenía una a la par.

¿Qué creía? si deben de ser los más populares de este colegio, y los más mujeriegos me imagino. Pero él estaba como ido, pensando en otra cosa.

—Hola... —dijeron a mis espaldas.

Me di la vuelta inmediatamente, llevándome la mano a mi pecho. Me había asustado.

—Me asustaste—le dije a la chica que se sentó a la par mía.

—Lo siento... —susurró ella. —Eres nueva, ¿verdad? —preguntó.

—No, he estudiado toda mi vida aquí pero al parecer soy invisible porque nadie, hasta hoy, me habían visto—respondí sarcástica.

Ella rió.

—Me gusta tu sarcasmo. Por cierto, soy Anne. —se presentó.

Anne era delgada, cabello café y muy bonita. Me pareció que era la típica chica estudiosa que se la pasaba metida en la biblioteca. Creo que ella y yo nos vamos a llevar muy bien. Anne me daba buena vibra. Aunque también pude percibir algo de temor en ella. Insegura.

—Carolina—sonreí—llegué hoy.

—Si necesitas algo me puedes preguntar a mi, estoy para lo que necesites —me dijo sonriente.

—Gracias... ¿te envió alguien? —quise saber, si interés me hacía sentir extraña.

—No, es solo que entiendo lo que se siente ser la nueva y no hablar con nadie —respondió, acomodando sus cuadernos en el pupitre.

—¿También fuiste nueva?

—No, pero es como si lo fuera. No tengo muchos amigos por aquí. Te vi entrar hace rato, solo quise saludar... pero si te molesta...

—No, no, está bien.

—Podemos ir juntas a almorzar hoy. Sirve para que te cuenta todo sobre el lugar.

—Me parece buena idea, Anne —sonreí, sintiéndome un poco menos sola. Anne me caía bien, habíamos hecho "click" rápido y eso me gustó.

   La campana sonó anunciando la entrada a clases. Los alumnos empezaban a llegar, algunos me miraban ceñudos, otros me sonreían, otras ni me volteaban a ver.


Era hora de ir a la cafetería, Anne y yo íbamos en el pasillo cuando una chica empujó a Anne haciendo que se tambaleara.

—Ey, fíjate por donde caminas —espeté.

La chica se volvió a mí, lo suponía, es una de esas malditas plásticas que se creían superior a las demás. Como las odio. Ella vestía un short de tela fina color rosa pastel y una camisa que lleva por dentro color blanca, su saco también era del mismo color del short y su cabellera rubia estaba suelta. Su cabello era largo y liso, sus aires obviamente eran de grandeza y tenía esa típica sonrisa que hacía inferior a las demás. No me pasó desapercibido su collar de perlas.

—¿Disculpa? —se cruzó de brazos.

Sonreí.

—Te disculpamos, sólo no lo vuelvas a hacer. Adiós.

Al girarnos nos encontramos con tres chicas más impidiéndonos el paso. Una era morena alta, la otra era cabello negro y un poco mas baja que la otra. Y la última chica era algo mas mayor y hasta parecía que era la centrada del grupo. Era peliroja y de mi estatura.

—Carolina, no le hubieras dicho nada. Éstas chicas son peligrosas. —susurró Anne a lo bajo. La pobre estaba con miedo.

Pero yo no. No les tengo miedo. Los pasillos estaban solitarios debido a que todos estaban en la cafetería.

Me giré hacia la plástica mayor.

—¿No puedes sola conmigo que tienes que llamar a tus guardaespaldas? —inquirí.

Ella abrió la boca del asombro. Al parecer no esperaba esa reacción.

—No te había visto por aquí, supongo que eres nueva —se acercó un poco.

Enarqué una ceja y aplaudí.

—Que inteligente eres... —me burlé.

La chica se enfureció más.

—Veo que no te han contado. Aquí la que manda soy yo y mi novio, claro, somos los más respetados y tú... Vas a aprender a respetarnos.

Elevó su mano y la estampó en mi mejilla haciendo que mi rostro se girara.

La miré con la sangre hirviendo. Ésta me las paga.

Elevé mi mano y también se la estampé en su mejilla. Mierda, dolió. Ella no aguantó y se abalanzó sobre mí, cayendo las dos al suelo.

KAYLER BROWN:

   Estaba aquí. La chica rubia de ayer estaba en el colegio. Cuando la vi salir del coche de su madre no pude evitar mantener la vista con ella. Fue tan extraño pero me gustó.

—Cariño —Paige se acerca, me quiere dar un beso en la boca pero la evado. —Llegaste, estaba preguntándome por qué habías tardado hoy.

—Tenía cosas que hacer —respondí seco. Quería ir adentro y ver a esa chica de nuevo. ¿Cómo se llamará?

—Ven, vamos a hablar sobre la fiesta —ella me toma de la mano y me lleva hacia el grupo de chicos que están hablando de cosas que no me interesan. Paige estaba pegada a mi, me molestaba que siempre quisiera estar cerca.

Cuando fuimos a la cafetería esperé por la rubia pero no llegaba.

—¿Has visto a la chica nueva? —pregunta Apolo—todos hablan de ella.

Sentí algo de celos cuando dijo eso.

—Uf, está guapísima —dijo Seth—es la sensación del lugar.

—Mejor cállate, Seth.

—¿Por qué, Kayler? No me digas que tú la quieres para ti...

—¡La chica nueva y Paige están peleando en el pasillo! —gritó alguien. No lo pensé dos veces y corrí hacia donde estaba el alboroto. Aparté gente hasta llegar donde estaban ellas dos. La rubia estaba encima de Paige, esta la estaba golpeando.

Sí que tiene carácter. Sonreí al escuchar los gritos de Paige pero sabía que las tenía que separar rápido antes de que la rubia se metiera en problemas.

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