Capítulo 9 Mejor sola que mal acompañada
Sábado.
Día de la fiesta en casa de Kayler que, por supuesto, no voy a ir. No iré porque es obvio que estarán todos los chicos populares del colegio, y las populares obviamente. No encajo allí. Prefiero estar sola en mi casa viendo un maratón de algo, comiendo palomitas. Quizá pida una pizza.
El día de hoy la pase organizando las cosas que faltaban por ordenar. Colgué algunos cuadros restantes, limpié la casa, saqué la basura y esperé a mamá. Que hoy vino en la tarde, como a eso de las tres.
Yo ya me siento bien. Me tomé dos pastillas que me dio ayer la enfermera y creo que han hecho efecto. Mas al rato me tomaré dos más. Estaba mirando la televisión en pijama. Eran mas o menos las siete y media. La música se escuchaba algo fuerte, y eso que no estamos tan cerca. Nos separa un gran lago. Desde la ventana de la sala que está a la par del televisor puedo observar la casa. Desde aquí se mira algo pequeña. Las luces de todos colores la iluminan. Puedo observar a varios coches estacionandos y a varias personas afuera tanto como adentro. En el balcón.
Pero en donde ya debe de estar lleno es en la sala de su casa.
Ayer se fue sin decir nada más. ¿Qué es lo que me oculta Kayler? ¿será algo grave?. Él y su manada de patanes—porque son patanes y mujeriegos—de seguro que esconden algo. Tal vez sean unos asesinos en serie, o unos secuestradores de chicas. Hay muchas opciones.
La luna estaba más brillante que nunca, se reflejaba en el agua. Pero no me gustaría salir de noche, otra vez, no vaya a ser que los lobos anden rondando por aquí de nuevo. Me recorrió un escalofrío apenas pensé en eso.
Lobos.
Cómo pude permitir que mamá viniera a esta ciudad tan... Desconocida para nosotras. Y pensar que en esta misma casa vivía el chico a quién mataron en este mismo bosque. Quizá él se sentaba en este mismo sillón a contemplar la luna, sin saber que un día esos animales lo iban a despedazar. Porque estoy segura de que fueron los mismos lobos que me quisieron matar.
El timbre de entrada me saca de mis pensamientos y me hace ponerme en alerta. Me quedo quieta. ¿Y si quieren hacer lo mismo de la vez pasada? No, esta vez no caeré. Pero hay algo que me inqueta, ¿quién tocó a mi puerta el día en que casi me matan? Era una persona obviamente y, además, yo la miré correr en el bosque y esconderse, ¡hasta gritó!.
Otra vez vuelve a sonar el timbre. Mamá se acostó temprano porque estaba cansada. ¿Y si abro? ¿y si es el lobo?. Descarté eso último definitivamente porque el lobo no va a venir a tocar a mi puerta para decirme que me va a matar.... ¿o si?.
Me levanté del sofá y caminé despacio a la puerta.
—¿Quién es? —pregunté, sintiendo mi voz temerosa.
Si esta vez no responden no abriré.
—Soy Connor.
Pude respirar con tranquilidad al escuchar la voz de Connor. Me apresuré a abrir la puerta. Allí estaba él, vestido super bien. Admito que Connor está bueno.
—Vengo por ti. —sonrió de lado.
Fruncí el ceño.
—¿Por mí? —inquirí, señalándome.
Asiente como si fuera lo más obvio.
—Para que vayamos juntos a la fiesta. No me digas que no pensabas ir. —se cruzó de brazos.
¿Ir con Connor a la fiesta de Kayler?
—Connor, yo... —comencé diciendo, pero él me interrumpió.
—No acepto un no como respuesta. Ahora, ve a vestirte. —pidió. —¿Puedo pasar?
Qué tonta. Lo tenía afuera con este frío. ¿Dónde están mis modales?
Creo que se los comió el lobo.
—Claro, pasa.
Connor pasó y cerré la puerta. Le hice una seña para que se sentara y lo hizo. Ahora, hablando de la fiesta, obvio no iré. Aunque con Connor creo que estoy protegida. Él tiene auto.
—Te espero aquí. Ve. —sonrió.
Me mordí el labio inferior. ¿Cómo decirle que no quiero ir si se tomó la molestia de venir a buscarme?. Admito que me gustaría mucho ir a esa fiesta, pero no quiero ver a Kayler; sin embargo sería bueno divertirme un rato, beber. No se diga más.
—Vuelvo en unos minutos.
Sonreí y subí directo a mi habitación. Me puse un vestido no tan corto pero ni tan largo que se adhería bien a mi cuerpo. Me puse unos botines negros. Solté mi cabello, lo peiné un poco. Delineé mis ojos y por último un poco de pintura en mis labios. Creo que así estoy bien. Cogí mi teléfono y una chaqueta porque hace mucho frío.
Bajé y allí estaba Connor mirando animadamente un programa. Carraspeé llamando su atención. En cuanto sus ojos dieron con los míos se levantó de inmediato y solo se dedicó a mirarme.
—¿Nos vamos? —pregunté, alzando una ceja.
—Oh, sí claro.
Apagué el televsior y salimos en dirección a su coche. Me siento insegura al salir al patio de noche, así que me apresuro a sentarme en el asiento co-piloto. Connor alza las cejas.
—¿Porqué la prisa? —quiso saber en tono de broma, subiéndose al volante. Encendió el auto y emprendímos camino hacia la casa de Kayler.
—No me gusta salir de noche al... Bosque. —le hice saber insegura. —Me da cierto temor.
Me dedicó una mirada llena de preguntas. Sé lo que quiere saber. Pero no le diré nada, suficiente tengo con que Kayler se haya reído en mi cara.
—El bosque no es malo. —murmuró.
—No es por el bosque. —confesé. —Sino lo que hay en él.
Y me arrepiento de haber dicho eso.
Noté que Connor frunció el ceño y me miró por un segundo antes de volver su vista a la carretera. Entramos por el camino que iba directo a la casa de Kayler y por alguna razón me estaba poniendo nerviosa.
—¿Has visto algo? —me pregunta, pude notar algo de nerviosismo en su voz— ¿en el bosque?.
Me mordí la lengua para no decirle. ¡Por Dios! Él y Kayler han vivido toda su vida aquí y no creo que no hayan visto ni a un maldito lobo. ¿Acaso soy yo la que se está volviendo loca?.
—No, nada.
El resto del camino la pasamos en silencio hasta que por fín llegamos a la casa de Kayler. Habían muchos coches, mucha gente también. Connor se estacionó algo lejos de la casa y bajamos. Se siente raro estar por primera vez en la casa de Kayler Brown, y su casa es enorme, desde la mía la veo pequeña. Nos adentramos en la casa. La música sonaba muy alto, habían bastantes personas bailando, otras estaban sentadas en los sillones bebiendo o jugando algún juego raro.
—¡¿Quieres algo de beber?! —me pregunta Connor por encima de la música.
—¡Sí!
Él me hizo una seña para que lo esperara y yo asentí. Lo que menos quería era quedarme sola aquí. Me puse mi chaqueta y me obligué a sentarme en un sillón que estaba solitario como yo. Kayler ni se mira por ningún lado, seguro está con Paige.
—Sabía que ibas a venir. —susurró alguien en mi oído. Un susurro que hizo que mi piel se estremeciera. No me hizo falta darme la vuelta para saber de quién se trataba.
Kayler.
—¿Necesitas compañía? —cuestionó, sentándose frente a mí con una cervera en la mano.
Su cabello estaba despeinado como de costumbre. Podía ver sus ojos café oscuros a pesar de la poca luz.
—No. —respondí cortante—. Estoy mejor sola que mal acompañada. —espeté.
No pienso ser amable con él. Ayer no me dijo nada y no me tiene muy contenta que digamos.
Rió.
—Tan grosera como siempre.
No le respondí.
Necesito que venga Connor ya. Y como si mis suplicas fueron escuchadas Connor aparece con dos cervezas. Sonreí para mis adentros.
—Aquí tienes. —dice, entregándome la cerveza.
La tomé, dándole un sorbo después.
Connor se percata de Kayler y de inmediato todo su cuerpo se pone rígido.
—Vaya, vaya, así que vienes con él. —reprochó Kayler, poniéndose de pie.
—Sí, ¿algún problema? —bramó Connor.
Kayler asiente con la cabeza. Al parecer tiene un buen rato tomando.
—Sí, hay un problema. —comienza. —No te le puedes acercar, Connor, ¿sabes porqué? —cuestiona— Porque Carolina Lane... —me señala—. Es mía.
